domingo, 15 de mayo de 2011

El periodismo fujimorista en acción: el caso de Raúl Tola



José Ramos Bosmediano

 

No hay ninguna duda: casi todos los periódicos, radios y la TV del Perú se han enrolado en la gran campaña para favorecer la candidatura fujimontesinista de Keiko Fujimori.  Sobresalen, en el periodismo escrito, El Comercio, Expreso y Correo, más sus acompañantes chicheros creados para ese público que no puede pagar más de cincuenta céntimos ni puede leer más que basura informativa (noticias sobre sexo, horóscopos, chismes, imágenes pornográficas), pero que les reportan ganancias por la cantidad de consumidores de estos periódicos.


En el periodismo radial cobra mayor importancia RPP por su amplia sintonía, con una indudable tendencia a la defensa irrestricta del sistema establecido, la gran empresa privada, el individualismo, el asistencialismo promoviendo la mendicidad de quienes buscan "apoyo" a sus problemas a través de las donaciones de la empresa privada, política muy cara al fujimorismo de ayer y de hoy.  No mencionaremos otras emisoras donde operan los mismos conductores de la TV y columnistas de los diarios más importantes.  Un periódico con cierto pluralismo es La República, mucho menos progresista luego de la muerte de don Gustavo Mohome Llona.  El único periódico de izquierda es La Primera, dirigida por uno de los más veteranos y consecuentes periodistas del Perú: César Lévano, en la mira de los fujimontesinistas por su abierto apoyo a la candidatura de Ollanta Humala.


En la TV en general, no hay otra dirección que la de los neoliberales que están invirtiendo mucho dinero para arrinconar a Ollanta Humala y hacer posible la elección de la candidata de los ricos, ladrones y criminales.  El caso más repugnante para el periodismo peruano es la contratación del bufón Jaime Bayly, que se jugó entero contra sus enemigos ocasionales del PPC y hoy se ha puesto al servicio del fujimontesinismo, cuya ideología ha profesado por su identificación con el neoliberalismo. 


Tales son, en el Perú de hoy, las expresiones más importantes de la denominada "libertad de prensa" que, dígase de paso, no puede existir en un sistema económico social que ha convertido a la gran prensa en una empresa capitalista dirigida a defender los intereses de los dueños.  Los conductores de programas, con rarísimas excepciones, son los periodistas mejor pagados, con ingresos muy superiores a los de los simples reporteros, representantes de los patrones en la relación diaria con el público, por tanto, responsables de hacer valer las orientaciones de los dueños de las empresas periodísticas.  Esto mismo vale para ciertos columnistas identificados con el sistema neoliberal imperante.  Solo en La República escriben también historiadores y científicos sociales de izquierda o progresistas en las columnas de opinión.  Como se sabe, La Primera también publica artículos de periodistas e intelectuales que no son, necesariamente, de izquierda, pero que no se identifican con el actual orden de cosas.


El fujimontesinismo de Raúl Tola


Este joven periodista tiene dos medios para expresar sus adhesiones políticas: la TV y una columna semanal en La República.  Es también un principiante en la escritura literaria de cuentos, es decir, un aspirante a escritor. 

En una de las entrevistas a Humala, Raúl Tola espetó al candidato de Gana Perú: "Diga usted si Chávez es dictador o no".  Pero nunca le pidió a Keiko que dijera si su padre fue ladrón y criminal o no.  No puede pedir eso a quien representa los intereses que defiende este periodista que funge de pulcro e independiente.  Las diferencias entre ambos candidatos, desde el punto de vista de los intereses del país, son claras, pero para Tola no.  Humala es el cuco que se debe espantar.  Keiko es la posibilidad esperada para que ciertos periodistas sigan manteniendo sus privilegiados ingresos, pues estos dependen de la publicidad que contratan las grandes empresas en cada uno de los grandes medios y más sintonizados programas de radio y TV.  Como Keiko Fujimori seguirá defendiendo el mismo programa económico, su apoyo está cantado por los dueños de los medios, pues su triunfo mejorará los ingresos de los empresarios, por tanto, habrá más dinero para la publicidad y un porcentaje mayor de ganancias para los productores y conductores de programas.   Este es el contenido real de la libertad de prensa que defienden los periodistas fujimontesinistas.


Lo que nos lleva a ocuparnos de Raúl tola es su columna del día de hoy en La República (¿Caso Cerrado?, 14/05/2011, p. 12), cuyo texto defiende la irreversibilidad de la supuesta tendencia decreciente de apoyo electoral a Ollanta Humala y, por ende, la ineludible victoria de Keiko Fujimori.  Al final de su artículo, tomando cierta afirmación de otro columnista del mismo diario y que defiende el programa neoliberal, Augusto Álvarez Rodrich, trata de burlarse de Humala al decir que "tarde o temprano" llegará a ser presidente porque tiene tiempo y "ganas no le faltan", como si el tiempo de la historia dependería de las ganas de un individuo y no de la evolución de los fenómenos sociales y de la necesidad de una sociedad de transformarse en el momento oportuno.  En esta oportunidad, de lo que se trata es de derrotar a lo más podrido que ha surgido en la sociedad peruana de fines del siglo XX: el fujimontesinismo.  Hasta el escritor liberal Mario Vargas Llosa, cuya defensa del programa neoliberal es indudable, ha elaborado un razonamiento político correcto.  Para Raúl Tola, Ollanta podrá ser presidente cuando haya abjurado a sus ideas políticas y económicas y asuma aquellas que Keiko Fujimori representa, defiende y de las cuales se ha beneficiado con creces. Para Raúl Tola y afines, Ollanta Humala ya fue derrotado por el fujimontesinismo.

El razonamiento de Raúl Tola aparenta ser correcto cuando se refiere a las circunstancias de la derrota de Vargas Llosa el año 1990, del mismo Humala el 2006 y de Lourdes Flores en las elecciones municipales del 2010 frente a Susana Villarán (Alcaldía de Lima). ¿Los fenómenos sociales tienen el mismo proceso de desarrollo que los fenómenos físicos, de tal manera que dados las incidencias iguales a, b, c, etc., pueden tener un desenlace igual en todas las circunstancias? No es necesariamente así, pues en las luchas sociales o lucha de clases, como es el caso de la lucha electoral, hay factores que pueden intervenir para revertir las tendencias.  Para Raúl Tola y todos los que apoyan a Keiko Fujimori las cosas ya están decididas y no hay nada que hacer para impedir el triunfo de su candidata. Este mismo anhelo abrigaban los neoliberales más conservadores cuando PPK despuntaba y amenazaba encabezar las encuestas.  En esos momentos, este lobista era el candidato de lo más graneado de la derecha neoliberal, incluidos sus periodistas.  Toledo y Castañeda fueron abandonados porque Kuczynski era el candidato ideal para dar mejor continuidad al neoliberalismo en el Perú. Hoy ha sido sustituido por el fujimontesinismo.


¿Y los errores de Humala como factor principal de su  supuesto decrecimiento electoral de  que Tola sitúa como el principal?  ¡Qué buena manera de negar la insidiosa campaña de los neoliberales para arrinconar y destruir a Ollanta Humala!  Si, como dice Tola, los periodistas y los medios carecen de importancia para orientar la inclinación de la gente hacia un determinado candidato, entonces, ¿por qué no demuestran su independencia y dejan de apoyar a la candidata que favorece los intereses de los más ricos de nuestro país y del extranjero?  Tola y los neoliberales fujimontesinistas saben que la orientación que dan todos los días y en  todos los programas tiene mucha importancia para generar tendencia de opinión. Y eso ha sido muy bien aplicado por los nazifascistas en Europa ("miente, miente, que algo queda") La pregunta casi policíaca de Raúl Tola a Humala en la TV tiene ese contenido de incidir en aquello que crea miedo y desconfianza ante una persona. Igual ocurre cuando repiten como estribillo que la Bolsa de Valores cierra en positivo y el dólar americano se devalúa porque Humala bajó y Keiko subió, según la sospechosa encuesta de DATUM.  El mismo valor de tergiversación de hechos se da cuando se exagera el incidente de algunos manifestantes frente al reaccionario periodista Jaime de Althaus y el casi ocultamiento de la agresión contra el periodista César Lévano.  Para el primero, un gran pronunciamiento.  Para el segundo, casi nada.  Que diga Raúl Tola si este comportamiento de la "gran prensa" carece de insignificancia para una campaña electoral donde Keiko Fujimori se juega su libertad o su condena, al lado de decenas de personajes impresentables, unos ya presos, otros fugados y muchos encubiertos por los pasos de tortuga del Poder Judicial y del sistema policial. 


Pero los medios no son solamente opiniones, sino mentiras, insidias, todas unilaterales, porque la candidata Keiko es tratada, por esos mismos medios, con suma "prudencia", mejor  dicho, ocultando sibilinamente la impronta política y moral real de la hija del criminal y ladrón. Esos mismos medios y periodistas levantan el grito al cielo cuando Hugo Chávez o Evo Morales emiten opiniones relacionadas con los candidatos presidenciales en el Perú, pero se callan o limitan sus comentarios cuando el ex Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, tergiversa hechos que se refieren al Presidente Chávez y Humala.


Periodistas como Tola deberían de escribir en El Comercio, en Caretas, en Expreso y afines.  Nos parece que la derecha ha planificado hasta la infiltración de ciertos medios con sus periodistas para contribuir con la victoria de Keiko Fujimori.


A la pregunta de Raúl Tola "¿Caso Cerrado?", hay que responderle que la lucha por la transformación de nuestro país no está cerrada.  Continúa y continuará más allá del cinco de junio.  En cuanto a la tendencia electoral para estas elecciones, tampoco está cerrada, pese a la gran inversión que están haciendo los neoliberales para comprar periodistas y repartir baratijas a los necesitados, que son millones, inversión ponderada por el empresario Clímper, ex Ministro fujimontesinista. 


La lucha contra el neoliberalismo, el latrocinio y el crimen continúa. 

Lima, mayo 14 del 2011

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viernes, 13 de mayo de 2011

El fujimorismo y la educación peruana





José Ramos Bosmediano (educador).

 

Cuando falta menos de un mes para la segunda vuelta electoral (5 de junio), la derecha peruana neoliberal, de la más recalcitrante y de ideología fascista en lo político y fundamentalista (Opus Dei) en lo religioso, está desplegando la más sucia campaña electoral para asegurar la victoria del fujimorismo con Keiko Fujimori Higushi, y desbaratar la campaña del nacionalismo (Gana Perú) con Ollanta Humala Tasso.  Tan sucia es la campaña contra Humala que el propio Mario Vargas Llosa se ha visto obligado a escribir una carta de respuesta al fujimorista cardenal Luis Cipriani Thorne, propagandista abierto de la candidatura de la hija del criminal y ladrón Alberto Fujimori. 


Por factores que deben ser señalados y analizados, la candidatura del fujimorismo tiene un increíble apoyo en las clases oprimidas del país que, por su situación, deberían de apoyar a Ollanta Humala.  Que el apoyo venga de la burguesía y la pequeña burguesía acomodada (sectores medios altos), es comprensible y explicable, pero en el conjunto son una minoría  beneficiada del ingreso per cápita en un país de profundas desigualdades, que no llevaría a la candidata fujimorista ni al 20% de apoyo electoral. Este mismo sector minoritario apoyó a Vargas Llosa, mas hoy lo ataca con todos los insultos posibles, lo que significa que los privilegiados del Perú no tienen más intereses que el estómago y los bolsillos, así sea enriqueciéndose a través del latrocinio.


Por supuesto que en esta campaña electoral la educación debiera de ser uno de los asuntos más importantes, señalando lo que nos depararía un nuevo gobierno fujimorista.  Por lo que es necesario conocer, aunque sea en gruesas líneas, lo que fue la educación durante los 10 años de la dictadura de la mafia fujimorista.


La crisis de la educación peruana de fin de siglo (XX)


Desde los años 60 del siglo pasado la educación peruana necesitaba una nueva reforma, que los gobernantes de aquella década no podían ofrecer más allá de repetir lo que venía fracasando durante toda la vida republicana.  El gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado trató de imponer una reforma de tipo desarrollista, modernizadora, pero atada a una suerte de capitalismo de Estado, inviable en un país dominado por el capital internacional, que no cesó pese a las nacionalizaciones del aparato productivo. La reforma educativa "velasquista" repitió las mismas taras de anteriores reformas: trasplantar ideas, métodos y contenidos de realidades ajenas al Perú, como fueron la Tecnología Educativa Sistémica y el neoconductismo.  Personalidades de gran relieve pedagógico como Augusto Salazar Bondy, Wálter Peñaloza Ramella y Emilio Barrantes creyeron que estaban trazando una nueva educación en el Perú. Su esfuerzo se estrelló contra la realidad.


Lugo de aquel fracaso, la crisis educativa se hizo irreversible al no mediar una reforma integral dentro de un nuevo contexto económico y social, que hasta hoy no llega.  Esa crisis histórica fue ocultada por el Banco Mundial al plantear, como lo hizo y lo viene haciendo en casi todos los países latinoamericanos, el reacomodo del aparato educativo a las condiciones del neoliberalismo económico, tanto en el financiamiento de la educación como en el contenido profundamente tecnocrático que viene del pragmatismo y sus esquemas de gestión empresarial para aplicarlas a la educación, llegando a las aulas con el aprendizaje por competencias para formar habilidades y destrezas (¡adiós al pensamiento crítico, a la visión humanista del mundo, etc.!)


El fujimorismo tomó (¿qué más podía hacer ese oscuro profesor de matemáticas que con muchas dificultades expresaba lo que pensaba?) el modelo del Banco Mundial que primero fue aplicado en Inglaterra, Estados Unidos y Chile.  No fue la respuesta adecuada a una crisis histórica y estructural de la educación peruana, sino a requerimientos coyunturales para los objetivos de largo plazo de la economía política neoliberal.  Si la educación en crisis ya no daba más, no era necesario resolverla, sino paliarla para convertirla en formadora de mano de obra barata para la nueva acumulación del capital en una economía primario-exportadora, que hoy tenemos bien diseñada y aprovechada por las transnacionales y sus socios internos. Resultado: la elitización de la educación como una de las expresiones de  las desigualdades sociales que han aumentado en el Perú con el programa neoliberal, desde el shock del 8 de agosto de 1990 y que se profundizó en los últimos 10 años de este siglo XXI.


Las políticas educativas del fujimorismo


La prioridad educativa número uno del fujimorismo fue la disminución del gasto estatal en educación, pues el programa económico neoliberal exigía ahorrar recursos para resolver los desequilibrios macroeconómicos, pagar la cuantiosa deuda externa y otorgar a los grandes empresarios mayor capacidad financiera para sus intereses privados.  Para reducir el gasto en educación, impuso las siguientes políticas:

·         Recortar los derechos económicos de los maestros, incluso congelando sus salarios y estableciendo "aumentos" que no pasan al monto de las pensiones, desde marzo de 1991;

·         Municipalización de la educación, intentada a través del decreto 699 (1991) y los decretos 26011, 26012 y 26013 (1992), que no pudieron ser aplicados por la lucha del SUTEP y la oposición de la mayoría de alcaldes;

·         La reducción de los gastos del Estado en el mantenimiento de los centros educativos, obligando a los padres de familia solventar esos requerimientos, aplicando la tesis del Banco Mundial del "financiamiento compartido" del gasto en educación;

·         Imposición del Proyecto Educativo Institucional que contempla el autofinanciamiento del centro educativo a través de los "recursos propios", aumentando los gastos de los padres de familia para los trámites en cada escuela;

·         Privatización de la educación en su conjunto, abriendo el mercado educativo a las personas jurídicas e individuales, convirtiendo a la educación en una mercancía, lo que ha producido, como se observa, una proliferación de escuelas privadas, desde la inicial hasta la superior universitaria y tecnológica, agravando más la crisis de la educación peruana;

·         Reducción de las atribuciones del Ministerio de Educación, encargando a terceros privados los procesos administrativos y hasta académicos (capacitación de maestros, elaboración de material didáctico, etc.);

·         Conversión de la administración educativa en gestión empresarial, cuyo objetivo esencial es buscar "recursos propios" para complementar el magro presupuesto educativo, que cayó del 4% del PBI promedio a fines de los 70 (ya muy insuficiente) al 2.8% en el año 2000, gestión empresarial que dio paso a un manejo corrupto de gran parte de los centros educativos;

·         Desconocimiento de la Ley del Profesorado en cuanto a los derechos de los maestros e inicio de una política magisterial agresiva, difundiendo la tesis de la incapacidad de los maestros, con la consiguiente implantación de evaluaciones estandarizadas para contratos y nombramientos, desconociendo el desempeño docente en el aula, bajo la lógica de que el maestro es el causal exclusivo de la crisis educativa, por tanto, carece de capacidad de reclamar sus derechos y, especialmente, una mejor remuneración, idea falaz que prendió en gran parte de la población y que el periodismo venal e ignorante ayudó a difundir;

·         Para capacitar a los maestros, el fujimorismo impuso su PLANCAD, una verdadera caricatura de capacitación que no pasaba de ser una medida demagógica para ocultar las políticas privatizadoras del régimen;

·         Política antisindical contra el SUTEP y los maestros, lo que se expresó con la calificación  de "subversivos" y "terrucos", llegando a dar una ley de "apología del terrorismo" para impedir toda actitud crítica de los docentes frente al régimen;

·         En la educación superior, el fujimorismo invadió militarmente las universidades públicas más importantes, persiguiendo a maestros y estudiantes, imponiendo rectores incapaces y corruptos y una evaluación estandarizada para reprimir a los docentes universitarios en el plano académico, amén de disminuir drásticamente el presupuesto de las universidades, obligando a éstas aumentar los costos de la matrícula y del uso de servicios en cada universidad;

·         Desde un punto de vista económico-presupuestario, con el fujimorismo el gasto educativo de los padres de familia pasó del 20% al 50% del gasto total, lo que hoy sigue manteniéndose.

Una segunda prioridad del fujimorismo fue la adecuación pedagógica de la educación al modelo económico neoliberal, en el sentido de poner a la educación al servicio de las grandes empresas privadas: trabajadores sin derechos laborales y sociales pero competentes para la productividad en una economía primario-exportadora y de servicios en manos de la empresa privada.  Así tenemos:

·         El currículo llamado de "nuevo enfoque", con la filosofía pragmatista del aprendizaje por competencias" y la metodología constructivista u operativa;

·         La reducción curricular a ciertas áreas "integradoras" pero que limitan y hasta suprimen aquellos conocimientos y capacidades para comprender críticamente la realidad, como la economía política, la filosofía, la psicología, concentrando el aprendizaje en el manejo de la comunicación básica y de las matemáticas básicas,  currículo que está produciendo egresados con serias limitaciones culturales y científicas, como se acaba de demostrar con estudiantes de estudiantes de universidades privadas, tan ponderadas por los neoliberales.


La crisis educativa continúa


¿Ha mejorado la educación peruana en los últimos 20 años de aplicación de la reforma neoliberal?  Los actuales funcionarios del Ministerio de Educación del actual gobierno vienen levantando hasta las alturas de la victoria los últimos puntajes obtenidos por los estudiantes a quienes se aplican las evaluaciones estandarizadas en lenguaje y matemáticas, ocultando que los pequeños aumentos en el puntaje dependen más de las circunstancias de la evaluación y del tipo de prueba, más que de la supuesta capacitación de los maestros y de la imposición de la nueva Carrera Pública Magisterial.  En realidad, la reforma educativa neoliberal sigue siendo aplicada por el gobierno aprista y lo fue durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006).  Los parámetros son los mismos.  El presupuesto educativo no llega al 6% como lo prometieron.  Se ha quedado alrededor  del 3%.


El fujimorismo ha demostrado que más allá de las recomendaciones (en realidad, imposiciones) del Banco Mundial, carece de un proyecto diferente al que aplicó en aquella década infame de su gobierno.   Su regreso  al gobierno significaría la continuación de la reforma neoliberal privatizadora, por tanto, antidemocrática.  Los mismos aplicadores de esa reforma están hoy listos para volver, como el ex Ministro de Educación Jorge Trelles Montero, que confundió la educación nacional con su academia preuniversitaria; como el Ministro Chang del gobernó aprista que confundió la educación peruana con su universidad privada San Martín de Porres. 


Con la inauguración de locales escolares con dinero donado, el fujimorismo quiso engañar al pueblo.  En eso, Odría fue superior.


Maestros y estudiantes, pues, debemos de rechazar la candidatura del fujimorismo representada hoy por Keiko Fujimori, quien, dígase de paso, sigue debiendo al Estado peruano por los gastos de su educación y la de sus hermanos.  Si la reforma educativa del fujimorismo hubiese sido buena, los hijos de Alberto Fujimori no hubiesen tenido la necesidad de ir a estudiar en otro país.  En realidad, su educación fundamental se dio en los refugios del SIN y del Pentagonito.  Todo lo demás es superficial.


Lima, mayo 10 del 2011
Fuente:
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lunes, 25 de abril de 2011

Perú 2011: derrotar a la derecha neoliberal, al autoritarismo, al entreguismo y al pillaje



José Ramos Bosmediano

 

Se ha iniciado la campaña electoral de segunda vuelta que concluirá con las elecciones del 5 de junio entre dos candidaturas: la de "Gana Perú" con Ollanta Humala y la de "Fuerza 2011" con Keiko Fujimori. Todas las expresiones políticas organizadas más algunas personalidades han definido ya su posición frente a las dos alternativas.  Casi toda la prensa escrita, radial y televisiva se ha convertido en la herramienta de campaña electoral a favor de la candidatura de Keiko Fujimori.  Hay más de un 20% de la ciudadanía que aún no ha definido su opción de voto.


En un artículo anterior, durante la campaña de primera vuelta, señalamos que las cinco primeras candidaturas con mayores posibilidades de pasar a la segunda vuelta representaban dos alternativas distintas: por un lado, la de "Gana Perú" con Ollanta Humala, la alternativa democrática progresista, con un programa de ciertas reformas al neoliberalismo en curso, que no el "radicalismo" señalado insistentemente por la derecha para generar el miedo a ciertos sectores de la población; y la de los partidos "Fuerza 2011" con Keiko Fujimori, "Alianza por el Gran Cambio" con Pedro Pablo Kuczynski, "Solidaridad Nacional" con Luis Castañeda Lossio y "Perú Posible" con el ex Presidente Alejando Toledo; todos, con algunas diferencias adjetivas, posiciones neoliberales iniciadas en la década del 90 del siglo XX bajo la orientación del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y el denominado "Consenso de Washington".  Votar por Ollanta Humala era la única posibilidad de enfrentar, a través de las elecciones, la continuidad del dominio absoluto de los intereses más oscuros del capitalismo en el Perú. Con todas las limitaciones del programa de Ollanta Humala, no había otra alternativa que la suya.


El neoliberalismo fujimontesinista en la segunda vuelta


Así como las circunstancias de la crisis generalizada de la sociedad peruana y la mediocridad de las principales fuerzas políticas al finalizar la década de los 80 del siglo pasado determinaron el triunfo del más ruin de los gobernantes peruanos, Alberto Fujimori, hoy, con los mismos problemas no resueltos en el Perú y ante la creciente crisis de la democracia burguesa bajo dominio neoliberal, la hija del ex gobernante ladrón y criminal se ha impuesto sobre sus similares programáticos Kuczynski, Toledo, y Castañeda: la más mediocre de la mediocridad sobre los preferidos por los empresarios que pretenden eternizarse en el dominio de la economía peruana.  En última instancia, para estos, acostumbrados a valerse de las dictaduras militares o de los autoritarismos formalmente "democráticos", no importa que sea Keiko Fujimori la nueva cabeza de sus negocios en esta oportunidad.  Se jugaron por Kuczynski en la primera vuelta, pues, como viejo truhán de las finanzas, les aseguraba un fácil manejo de los negocios desde palacio de gobierno, igual o mejor que lo hecho hasta hoy por Toledo y García Pérez, y mucho mejor que Castañeda Lossio, cuyas limitaciones han quedado demostradas durante sus ocho años en la Municipalidad de Lima Metropolitana.


Nuevamente las circunstancias políticas y sociales del Perú han puesto a una candidata de la calaña de Keiko Fujimori.  Esta ha cosechado, qué duda cabe, los votos de una población anestesiada ideológicamente por el asistencialismo ("populismo" le llaman) que ha desarrollado el gobierno de su padre y del que ella formó parte hasta el día de su huida del país en el año 2000.  Su campaña electoral ha consistido en la distribución de regalos a esa población condicionada por las migajas que entregan los explotadores y gobernantes de turno, "política social" "a favor de los más pobres".  El otro sector social de su alta votación  es parte de la pequeña burguesía acomodada que ve en la continuación del neoliberalismo la seguridad de que no sufrirán ningún altibajo en sus ingresos, sin tener en cuenta lo que viene ocurriendo en Estados Unidos a partir de la crisis del programa neoliberal que fue llevado por George W. Bush a su máxima expresión de la especulación financiera que estalló como burbuja inmobiliaria en el 2008.  Otra parte de este mismo segmento de clase dio su apoyo a Kuczynski.


Que Keiko y la derecha neoliberal hayan obtenido más del 60 por ciento de la votación en la primera vuelta, es la manifestación de una situación de derechización de la sociedad peruana, de un conservadurismo político, social e ideológico, la hegemonía de una cultura pragmatista, individualista y adecuada al uso casi natural de los recursos del Estado en provecho de la corrupción generalizada que recorre el país de arriba hacia abajo.  El "roba pero hace obra" se ha arraigado en la conciencia social de una parte mayoritaria de la población.  Y Keiko Fujimori, como gobernante de los 90 del siglo XX, es la expresión quintaesenciada de esta ideología del pragmatismo más vulgar.  He aquí su ventaja sobre los demás neoliberales: lo que ha hecho el "chino", haría ella en esta nueva oportunidad.  Si los neoliberales no fueran hipócritas, podrían haber renunciado a su candidatura para apoyar la de Keiko Fujimori.  Para la segunda vuelta, con algunas excepciones, se han unido contra Ollanta Humala.


La candidatura de Keiko Fujimori defiende el programa neoliberal, que   resumimos en los siguientes planteamientos:

a) mantener el dominio del capital transnacional en todos los renglones de una economía primario-exportadora, especialmente minera y energética;

b) hegemonía de la economía financiera especulativa, ajena a la necesaria industrialización del país;

c) concentración y centralización de la gran propiedad y del comercio, conservando y consolidando los monopolios extranjeros y de un pequeño grupo de  empresarios peruanos;

d) consolidación de una burguesía agraria agro-exportadora y el mayor debilitamiento de la pequeña y media agricultura para el mercado interno;

e) la consolidación de la privatización de los recursos naturales, puertos, aeropuertos, vías de comunicación terrestres, educación y salud y la apertura a la privatización del agua para consumo humano;

f) destrucción de lo que quedan de los derechos laborales y permanencia del sistema laboral desregularizado con service, contratos personales sin derechos para los trabajadores;

g) más privatización de la seguridad social de pensiones y de salud;

h) mayor debilitamiento del Estado frente al poder de los grandes negocios y ausencia de toda capacidad estatal para, por lo menos, regular los procesos económicos privados. 


Este programa neoliberal es incompatible con una manejo honesto de la economía y de la administración del Estado, como ha quedado demostrado en estos últimos 20 años, de manera que la corrupción existente no solo se mantendrá, sino que se profundizará.


Tal es lo que espera al Perú si la derechizada población peruana, acicateada por numerosos y bien pagados periodistas, optan votar por la hija y cogobernante del más corrupto gobernante que ha tenido el Perú.  Que hoy haya declarado, desesperada como está, que el gobierno de su padre ha sido autoritario, no es más que una pose de "blanqueamiento político" para engañar a quienes han sido sometidos a un proceso histórico de alienación ideológica, sean o no conscientes de su situación.


                                                       Ollanta Humala o la tendencia progresista en el Perú


La candidatura de Ollanta Humala se ha venido perfilando como una alternativa política de tendencia antineoliberal al haber planteado, desde el 2006, recuperar el rol del Estado en el dominio de la economía, especialmente de los sectores estratégicos y los servicios sociales, usando la terminología "blanda" de la "inclusión social" que el Banco Mundial y el PNUD han generalizado para alejarse de la lucha por la igualdad social, término ligado a las luchas revolucionarias del mundo contemporáneo, incluso de la propia Revolución Francesa, el momento más importante de las revoluciones burguesas del mundo moderno.  Este planteamiento es parte de la tendencia latinoamericana hacia el enfrentamiento a las políticas neoliberales, tanto desde posturas socialdemócratas, como las de Lula (Brasil), Funes (El Salvador), Lugo(Paraguay), Mujica (Frente Amplio del Uruguay), Zelaya (Honduras), Correa(Ecuador), Ortega (Nicaragua), como desde posiciones más cercanas al socialismo, como las de Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia.  Es lo que se denomina como tendencia al cambio, a la transformación económica y social en los países no solamente de América Latina, sino de todos los países dominados por el capitalismo actual.  El surgimiento de líderes como los mencionados, proclives a la lucha por un nuevo orden social, se explica por la inexistencia de fuerzas políticas revolucionarias que en otros tiempos encabezaban esa tendencia transformadora.  Frente a una derecha neoliberal dominante y la inexistencia de masas revolucionarias organizadas, los liderazgos progresistas y de izquierda representan los anhelos emancipadores de los oprimidos, sus aspiraciones democráticas y de cambio social, sus intereses de reivindicación en sociedades donde se han acentuado las desigualdades entre pobres y ricos, cada vez más profundas bajo la hegemonía neoliberal. 


Tal es la representación política de Ollanta Humala en el Perú.  Pero tal es también su debilidad al no sustentarse en masas organizadas para algo que no sean solamente la participación electoral, ya que, como ocurrió en Chile de los 70 del siglo pasado, la derecha empresarial y política, más allá de su derrota electoral, complotará para impedir que le quiten siquiera un milímetro de sus privilegios de clase explotadora.  Allende fue agredido en todos los terrenos, hasta la destrucción de su gobierno y de su propia vida y la implantación del neoliberalismo que hoy tiene a más de un millón de mapuches expulsados de su territorio ancestral, y a cientos de miles de trabajadores en condiciones de sobrexplotados, con la persona más rica del país (más de 2000 millones de dólares de riqueza personal) como Presidente, cuyas ingentes inversiones también están en el Perú.


La derecha neoliberal, al perder la primera vuelta con su candidato "estrella" Pedro Pablo Kuczynski, siente que su derrota en la segunda vuelta estaría asegurada, pues su eventual candidata Keiko Fujimori, por la hediondez política que representa, carece de suficientes posibilidades para derrotar a Ollanta Humala. Por de pronto, Mario Vargas Llosa, otrora ídolo intelectual y político de los nuevos dueños del Perú, se les presenta díscolo negando su apoyo a la hija del ladrón y criminal Fujimori, posición sentada en las páginas de El País, acaso el periódico español más leído del mundo. 


La derecha neoliberal y sus medios de comunicación se han propuesto profundizar la campaña de desprestigio contra Ollanta Humala, apelando a todo tipo de mentiras. Esta campaña debe ser tenida en cuenta para prever lo que esa derecha haría contra el eventual gobierno  del nacionalismo. 


No es verdad, como han dicho ciertos analistas políticos y hasta científicos sociales en sus columnas de opinión, que la lucha electoral actual se realiza al margen de las ideologías.  Hay una ideología neoliberal hegemónica que, a través de distintos mecanismos publicitarios, viene proclamando las bondades del libre mercado y la inutilidad de la participación del Estado en la economía, amén de toda idea contraria al liberalismo del siglo XVIII que hoy se ha trasmutado en neoliberalismo.  ¿Socialismo?, nada; ¿capitalismo?, todo.  ¿Reivindicaciones proletarias?, nada; ¿Ganancias capitalistas?, todo.  Así están planteadas las cosas, pese a que Ollanta Humala no plantea ningún programa radical.


Votar por Ollanta Humala es una necesidad política ineludible, incluso para quienes, desde posiciones liberales como las de Mario Vargas Llosa, sienten asco de la alternativa corrupta y delincuencial que representa Keiko Fujimori y su pandilla de malandrines políticos que están apareciendo con mayor desparpajo.  Votar por Ollanta Humala significa la posibilidad de recuperar los derechos laborales de los trabajadores tanto públicos como privados, frenar y revertir la privatización de la educación, la salud y demás servicios sociales, avanzar en la recuperación moral de las instituciones públicas y de la administración pública, seguir juzgando a los delincuentes que se han enriquecido asaltando los recursos del Estado, ejercer una política internacional digna e independiente del dominio imperialista, desarrollar una verdadera reforma de la educación y de la salud que reivindique los derechos de la población y de los maestros y trabajadores de la salud, defender nuestros recursos naturales y frenar la acción se saqueo por las transnacionales.


Quienes formamos parte del pueblo y hemos luchado desde nuestra juventud por los ideales de justicia social, incluyendo la transformación revolucionaria del Perú, enfrentando también a la dictadura fujimontesinista que nos reprimió de la peor manera, no podemos menos que apoyar la candidatura nacionalista de Ollanta Humala.  Hay una creciente tendencia a este apoyo incluso en quienes, durante la primera vuelta, se mantuvieron en posiciones eclécticas.


No es una definición por la revolución que el Perú necesita.  Es, sí, un paso político de lucha contra el depredador neoliberalismo.  Es una decisión democrática, patriótica, ética, cuyo desenlace exitoso abrirá mejores posibilidades para que nuestro pueblo, nuestros trabajadores y nuestros campesinos e indígenas logren avanzar en la conquista de sus reivindicaciones y en la organización de su lucha por un nuevo orden social.


Derrotemos el entreguismo, el autoritarismo, el saqueo neoliberal y la corrupción fujimontesinista.


Desarrollar la campaña casa por casa, barrio por barrio.  Realizar el trabajo de personeros en todas las mesas de sufragio. 

Hacer públicos los actos de entreguismo y corrupción de la dictadura fujimontesinista.


Demostrar ante la población la calidad de cogobernante de Keiko Fujimori durante la dictadura de su padre y exigirle que dé cuenta de los 6 mil millones de dólares robados al Estado, incluyendo el dinero entregado por Vladimiro Montesinos para que ella y sus hermanos estudien en Estados Unidos.


Organizar grupos o comités contra el fujimontesinismo y su candidata Keiko Fujimori, editando volantes a favor de Ollanta Humala, explicando a la población la razón del voto.

Lima, abril 25 del 2011

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Elecciones en el Perú: otra farsa neoliberal

 

José Ramos Bosmediano

 

De los once candidatos presidenciales y sus correspondientes listas parlamentarias, han quedado diez para las presidenciales,   pues el candidato de Fuerza Social, el Dr. Manuel Rodríguez Cuadros, renunció, sin que sea invalidada su lista parlamentaria.  De las diez candidaturas presidenciales que continúan en la contienda, solo cinco son consideradas como las  posibles de ser elegidas en la primera vuelta electoral del diez de abril, día en que se definirán las dos primeras para la segunda vuelta en el mes de junio.  Las seis restantes, consideradas "pequeñas" por su escaso número de posibles electores, no han sido tenidas en cuenta para el debate final el día domingo 3 de abril.

 

Al mencionado debate asistieron cuatro candidatos de las fuerzas abiertamente neoliberales: Fuerza 2011, de la fujimorista Keyko Fujimori Higuchi, la más incapaz e impresentable de las candidatas por representar a la dictadura Fujimori-Montesinos de la negra década de los 90 del siglo XX, plena de inmensos actos de corrupción y de crímenes de lesa humanidad por los que ambos personajes están en prisión, cuya libertad es el único objetivo real de la candidatura de la hija del dictador, la que también viene siendo juzgada por usar dineros públicos para sus estudios y los de sus tres hermanos; Perú Posible, del ex Presidente Alejandro Toledo, un neoliberal educado en Harvart y que no hizo más que continuar con el programa heredado del gobierno de Fujimori-Montesinos, lo que constituye más de lo mismo; Alianza para el Gran Cambio, del empresario y lobbysta Pedro Pablo Kuczynsky, partícipe de las responsabilidades gubernamentales de casi todos los regímenes, desde el primer gobierno del Sr. Fernando Belaúnde Terry de 1963-1968, asesor y consultor lobbysta de las transnacionales que han sido favorecidas por la venta de las empresas públicas y los contratos de explotación de los recursos naturales del Perú, amén de dueño de un grupo de empresas en los Estados Unidos, incluyendo una finca en el país del Norte, cuya nacionalidad le define muy bien como un peruano de nacimiento con espíritu estadounidense, que se expresa hasta en su deteriorado manejo del idioma español; Solidaridad Nacional, con su candidato Luis Castañeda Lossio, ex funcionario de la dictadura de Fujimori-Montesinos que dirigió el proceso de privatización de los servicios del Seguro Social y Alcalde de Lima Metropolitana por 8 años, cuya gestión viene siendo investigada por serios indicios de irregularidades en el manejo de los fondos públicos y en la construcción de obras sin ningún control estatal; Gana Perú, del Comandante del Ejército en retiro Ollanta Humala Tasso, que como candidato presidencial en el 2006, había planteado un programa antineoliberal que hoy ha definido como "economía nacional de mercado".   

 

Un debate insulso

 

El del 3 de abril, no fue un debate que revelara planteamientos importantes y novedosos como para que sea considerado como definitorio de grandes opciones para el Perú. El mismo esquema y los tiempos para las intervenciones, establecidos por los organizadores, no presentaron condiciones que exigieran a los candidatos algún esfuerzo para plantear sus alternativas.  Mucho menos cuando los candidatos carecen de una visión integral del país, a tal punto que los temas se redujeron a porciones de algunos problemas y, por lo tanto, les llevaron a establecer alternativas también parciales, repitiendo las mismas limitaciones de toda la vida republicana del Perú, con excepción del gobierno del General Juan Velasco Alvarado (1968-1975), que pretendió establecer en el Perú un sistema económico y social de desarrollo capitalista moderno con elementos del "Estado del Bienestar" de la Europa Occidental, propuesta que para la obtusa oligarquía peruana significó, simple y llanamente, "el comunismo".

 

Pero, en el debate se han expresado dos propuestas dentro del marco del neoliberalismo actual: la de los partidos abiertamente neoliberales (Fuerza 2011, Alianza para el Gran Cambio, Solidaridad Nacional y Perú Posible), que defienden el actual modelo sin modificaciones de ninguna índole, incluso sin afectar un mínimo las ingentes ganancias del gran capital internacional que se ha apropiado de las finanzas, la explotación minera y de hidrocarburos y del gran comercio, principalmente; y la del Comandante Ollanta Humala (Gana Perú), que sin renunciar a los parámetros neoliberales, busca introducir ciertas modificaciones para eliminar los elementos más brutales del ajuste estructural que el 8 de agosto de 1990 empezara a imponer la dupla Fujimori-Montesinos, programa que corresponde a los dictados del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, a los que hoy se ha unido la Organización Mundial del Comercio y sus Tratados de Libre Comercio.

 

En resumen, los partidos abiertamente neoliberales buscan consolidar más el programa neoliberal tal como lo está dejando el régimen aprista de Alan García Pérez; mientras que Ollanta Humala pretende introducir lo que ciertos neoliberales definen como "economía con rostro humano". 

 

Para los neoliberales conscientes o auténticos, todo cambio, incluso pequeño, es atentatorio contra el "modelo" en curso.  Todos ellos, durante el debate, presionaron a Ollanta Humala para que definiera cada paso que daría si fuera elegido Presidente de la República.  De igual manera, los grandes medios de comunicación y sus principales agentes, disfrazados de "comunicadores imparciales", fustigaron al candidato nacionalista por su supuesta herejía antineoliberal, campaña de larga data que ha obligado a Humala recular hasta mimetizarse en el espectro neoliberal.

 

La representación de clase y sectores de clase

 

Aunque el programa de "economía nacional de mercado" levantado por Ollanta Humala carece de una propuesta integral enfrentado al neoliberalismo, el espíritu de su discurso, aun con definiciones limitadas, representa reivindicaciones que las masas oprimidas sienten como urgentes, cuando el programa neoliberal arrebató casi todos los derechos de los trabajadores y convirtió a las masas en simples receptoras de "ayudas" para que  sigan superviviendo, como los cien soles mensuales para las familias que se hunden en la indigencia más indigna.  También acoge las reivindicaciones más sentidas de los trabajadores asalariados del sector público, gran parte de los cuales está sometida a condiciones laborales de precariedad, sin los derechos más elementales que contempla la OIT.  Ollanta, pues, con todas sus limitaciones, representa los anhelos de las grandes masas oprimidas: he ahí la fortaleza de su candidatura y del porqué ha ganado el primer lugar en las intenciones de voto para la primera vuelta electoral.  Es el mismo fenómeno del Brasil de Lula, de Zelaya en Honduras, de los Krishner en Argentina, de Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, Chávez en Venezuela, Ortega en Nicaragua, Lugo en Paraguay, Mujica en Uruguay, aunque luego de asumir el gobierno, no hayan sido todos consecuentes con sus alternativas de campaña, o que las fuerzas reaccionarias hayan promovido campañas de boicot, cuando no de golpes de Estado, como en el caso de Honduras y de Venezuela, con resultados diferentes.   

 

Los demás candidatos representan los intereses del gran capital internacional en el Perú, esas transnacionales que han convertido al Perú en una fuente de enriquecimiento ilimitado, haciendo "chorrear" las ganancias hacia la burocracia ejecutiva de sus empresas y a los dueños y operadores mediáticos de la gran prensa, incluyendo los programas de la TV privada, cuyos productores y conductores temen perder los privilegios económicos de que gozan.  Los candidatos del capitalismo salvaje que hoy compiten para enfrentar a Ollanta en la segunda vuelta electoral, ni siquiera representan los intereses de la burguesía nacional, cuya situación endeble ha llevado a esta a convertirse en testaferra de los intereses transnacionales.

 

En esta pugna no podía dejar de participar el escritor Mario Vargas Llosa, quien, fiel a su vocación neoliberal, trata de equiparar a Ollanta Humala con Keyko Fujimori, solo para favorecer a cualquiera de los candidatos que defenderían mejor el programa que, precisamente, dejara el gobierno de Fujimori-Montesinos.  Esta actitud filistea de Vargas Llosa pretende camuflarse en la defensa de una supuesta "libertad" que, para él, no es más que la libertad de empresa, aunque que busque utilizar la teoría del compromiso de Jean-Paul Sastre, cuyo compromiso nunca tuvo que ver con el imperialismo ni con el capitalismo, como sí tiene definido el compromiso crematístico del reciente Premio Nobel de Literatura.

 

Un voto político contra los explotadores

 

La confrontación electoral del diez de abril y, posiblemente la del cinco de junio, será entre la representación orgánica de la derecha neoliberal y los intereses imperialistas en el Perú, por un lado; y la representación, con todas las limitaciones señaladas, de los anhelos de justicia social de las grandes masas oprimidas, de los intereses nacionales por los cuales hemos venido luchando en el Perú, que encarna, en este momento concreto, la candidatura presidencial de Ollanta Humala. 

 

No está en juego, por cierto, el camino al socialismo que los revolucionarios buscamos, pero sí el enfrentamiento a las fuerzas más antinacionales y antipopulares que buscan perpetuar el Estado capitalista neoliberal.  Contra estas fuerzas votemos en estas elecciones generales.

 

Lima, abril 4 del 2011

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