martes, 13 de marzo de 2012

La educación incendiada o la irresponsabilidad gubernamental en el Perú

José Ramos Bosmediano, miembro de la Red social para la Escuela Pública en las Américas (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP (Perú)
 
El viernes 9 de marzo se incendió uno de los almacenes del Ministerio de Educación y se perdieron 40 mil computadoras, decenas de miles de libros, mobiliario escolar y seguramente otros bienes que, a la fecha, deberían de estar ya en  las escuelas, pues este gobierno, como los dos últimos anteriores del presente siglo, vino anunciando el inevitableinicio de las clases el primer día de marzo, tratando de demostrar  su "honda preocupación" por la educación de nuestra niñez, pero ignorando las características de nuestra abrupta geografía física cuyo comportamiento, de diciembre a marzo, está bañado por las inundaciones, huaicos, torrenciales lluvias y otros eventos que obstaculizan la realización regular de las actividades en la mayor parte del territorio nacional. Ya en la misma inauguración oficial del año escolar por la mismísima pareja presidencial en una escuela de Lima, se observó que la ceremonia se hizo en una de las aulas especialmente acondicionadas para la ocasión, mientras las demás aulas de la misma escuela se encontraban en condiciones deplorables.  El incendio ha dejado, se calcula, una pérdida de casi  300 millones de soles.

¿Cuál es, en realidad, la verdadera preocupación de estos gobiernos neoliberales?

Desde el fujimorismo (1990-2000) la preocupación central de los gobiernos y su burocracia educativa se ha centrado en los maestros, pero no para dignificarlos y capacitarlos adecuadamente, sino para convertirlos en los chivos expiatorios de la profunda y hasta hoy irreversible crisis de nuestra educación.  Periodistas ignorantes en materia pedagógica, "expertos" y "consultores" consumieron mucha tinta, papel y voz para vilipendiar a los maestros peruanos.
Enumeremos sus preocupaciones reales: someter a los maestros  a eternos concursos para perennizar el sistema de contratos temporales; más concursos para nombrarlos; nuevos concursos para introducirlos, con señuelos de "bienestar" y "mejores remuneraciones" (que el Bando Mundial llama incentivos), a una denominada "carrera pública magisterial" competitiva, individualista y centrada en buscar más puntajes para ascender, ocasionando en el comportamiento de los docentes una tensión permanente para "ascender", en perjuicio de su dedicación consciente y permanente al trabajo docente en equipo.
Todo lo demás pasa a un segundo plano, solo llenado con programas efectistas como Cuna Más y Beca 18, en presente período gubernamental.
De enero a marzo observamos que aún no concluyen los procesos de concursos para los oprobiosos contratos, con los eventos afines y necesarios de las reasignaciones y "destaques"; por tanto, la demora en cubrir con antelación las plazas docentes en las más de 60 mil escuelas públicas de la Educación Básica.  Hay maestros que durante muchos años vienen concursando para el contrato de marzo a diciembre.
Estas acciones "educativas" ocupan casi todo el tiempo disponible de las autoridades regionales y de las locales en el sector educación.  Ni se diga de la alta dirección del Ministerio de Educación.  Durante el gobierno aprista del 2006 al 2011 sus tres primeras cabezas del Ministerio salían a declarar todos los días y durante todo el año sobre sus "proezas" evaluadoras, anunciando con alegría que los maestros peruanos adolecían de absoluta incompetencia profesional, práctica y teoría que se consideró iba a cambiar con la "revolución educativa" que ofreciera el hoy Presidente Ollanta Humala Tasso.
El incendio del 9 de marzo se ha encargado de demostrar que no hay "tanta belleza" en la administración actual de la educación.  Toda la incompetencia, la irresponsabilidad y el menosprecio por la educación pública acaban de reflejarse en las rojas expresiones del incendio y en las volutas de humo que se llevaron no sabemos qué secretos (ver caricatura de Carlín en La República del 11/03/2012, Lima, p. 6), además de los bienes que se dedicarían a la pedagogía del pueblo oprimido.
Las posibilidades de un incendio intencionalmente producido, como la quema y robo de documentos del Ministerio de Salud durante el último gobierno aprista, no disminuiría, sin embargo,  la responsabilidad del gobierno actual, cuya permanencia ya ha traspasado los 7 meses, tiempo suficiente para descubrir las carencias dejadas por los anteriores neoliberales, mucho más cuando, como ya lo señalé y lo han venido señalando otros, todos esos bienes debieron de ser enviados a las escuelas antes de marzo.
La educación incendiada

El incendio de un importante almacén de bienes no menos importantes pertenecientes al Ministerio de Educación es, en verdad, una metáfora de la situación de nuestra educación y del comportamiento de los gobiernos que pasan y dejan su  perversa huella de robos, obras mal hechas, licitaciones irregulares e improvisación permanente en el manejo del Estado.
Mientras la educación pública está incendiada, hay quienes, servidos en bandeja, lucran con la educación privada gracias a esa gran puerta de inversión que tiene el número 882, del año 1996, mecanismo jurídico para ir reduciendo, gradualmente, el papel del Estado en la educación nacional.
Es difícil encontrar un país pobre como el nuestro donde el incendio haya sido la metáfora de un mayor abandono de la escuela pública.  Ni el terremoto de Haití o de Chile, ni los huracanes que golpean a la Cuba socialista, pueden ser considerados como fenómenos que expresen irresponsabilidades gubernamentales, salvo en el caso de Haití donde los gobernantes son incapaces de resolver los resultados de los desastres naturales. 
El reciente incendio del Ministerio de Educación del Perú no solamente refleja irresponsabilidad gubernamental, sino la escasa importancia que se otorga a la educación en nuestro país, repetimos con insistencia.
¿Hasta cuándo estará incendiada la educación peruana?  No esperemos una respuesta seria de nuestros gobernantes.  Mucho menos de las clases dominantes. 
La respuesta al problema va más allá de apagar el incendio físico y reponer lo perdido.  Es una tarea de transformación radical de nuestras viejas y perversas estructuras económicas, sociales y culturales.  Quien la dará está en proceso de gestación como fuerza social nueva y transformadora.
Iquitos, marzo 13 del 2012
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Educación peruana: hacia una nueva Ley del Profesorado

José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP (Perú)
 
Una vez más  el  Sindicato Único de los Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP) viene proponiendo una nueva Ley Magisterial para recuperar sus derechos conculcados por la reforma educativa neoliberal impuesta en la década del 90 del siglo pasado, continuada  en estos años del siglo XXI.  La propuesta se basa, fundamentalmente, en el contenido de la Ley 24029 y la que la modificó, Ley 25212. La propuesta se encuentra en proceso de discusión y recojo de aportes desde las mismas bases del gremio.  Por su parte, el actual gobierno del Presidente Ollanta persiste en seguir manteniendo la denominada Ley de Carrera Pública Magisterial (No. 29062) promulgada por el gobierno aprista con el apoyo de todos los privatizadores de la educación, es decir, de toda la derecha, el apoyo implícito de algunos grupos que se autodefinen de izquierda.
Como ex Secretario General del glorioso sindicato, atacado desde todos los sectores de las clases dominantes y, evidentemente desde las trincheras de los propietarios de la educación privada, con algunas excepciones por cierto, he participado en las propuestas y luchas anteriores a lo largo de casi 40 años de existencia del SUTEP.  Por tanto, considero conveniente ofrecer algunas apreciaciones sobre el contenido del proyecto de Ley.

Una sumaria y pertinente introducción

Antes de abordar el contenido mismo de la propuesta actual, es conveniente, especialmente para los nuevos maestros, señalar los hechos ocurridos en largos años del SUTEP para conseguir las reivindicaciones de los maestros peruanos de la educación básica, pues hay quienes consideran que lo que hoy se plantea es algo nuevo y que el sindicato nunca hizo nada por los derechos docentes.
Uno de los problemas que la educación peruana y la del mundo han venido afrontando es, sin duda alguna, la de la situación laboral de los maestros, no solo de la escuela pública, sino de los que trabajan en los centros educativos privados. En la propia Europa desarrollada del siglo XIX, no obstante la avanzada conciencia del rol de los maestros y sus derechos como trabajadores de la educación, sobre todo luego de la Revolución Francesa que estableció la formación profesional de los educadores creando la Escuela Normal en 1784, las condiciones de trabajo de los maestros y su misma preparación, eran muy deficientes, casi calamitosas.  Algunos de esos problemas fueron abordados por la reforma educativa de la Unión Europea de 1984-1994). En Latinoamérica y demás países del tercer mundo eran aún mucho peores.
Uruguay, Argentina, Chile y México, desde la segunda década del siglo XX, marcaron un rumbo en la organización sindical de los maestros tanto para reclamar sus derechos cuanto para plantear la superación estructural de sus sistemas educativos para conquistar una educación democrática y científica, pues la herencia colonial supérstite impedía el derecho a la educación de la gran mayoría de sus ciudadanos, a la vez que los educadores estaban sometidos a condiciones laborales ignominiosas, pero a quienes, sin embargo, se les exigía un "apostolado"sin las condiciones adecuadas para ejercer la profesión docente.
Durante la década de los 60 del siglo XX la UNESCO puso un interés especial sobre la situación de los enseñantes, es decir, de los maestros de todo el mundo, tomando en consideración la función social de estos trabajadores y que, como tales, merecen también una consideración especial de parte de la sociedad, de los estados y de los gobiernos.  En tal sentido fue aprobada la Resolución Relativa a la Situación de los Maestros y firmada el día 5 de octubre de 1966 (fecha que ha quedado con la denominación de "Día Mundial de los Docentes"), documento firmado por todos los países del mundo pertenecientes a la ONU en ese tiempo. Hasta entonces, en la gran mayoría de países los maestros estaban ya organizados gremialmente, habiendo desarrollado luchas huelguísticas por sus derechos, como ocurrió, por ejemplo, en el Perú, con la huelga nacional de 1965 que obligó al primer gobierno del Arquitecto Fernando Belaúnde Terry a promulgar la Ley 15215 como Estatuto del docente peruano con un escalafón magisterial que jamás fue aplicado, salvo en las normas referidas a las sanciones a los docentes.
En esa misma década, en numerosos países europeos y latinoamericanos. los maestros empezaron a organizarse en sindicatos únicos para superar su división interna por niveles, a efecto de ganar fuerza para conquistar sus reivindicaciones, corriente que también llegó al Perú dando paso a la preparación y fundación del SUTEP en 1972.
Durante la década de los años 70 los maestros organizados en el SUTEP, frente la dictadura militar  impuesta por el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968 y que se prolongara hasta 1980, el SUTEP fue una de las pocas fuerzas sociales que se enfrentó en las calles no solamente para reclamar las reivindicaciones magisteriales, sino también una educación democrática y científica, a la vez que apuntalaba la constitución de los frentes de defensa de los intereses del pueblo. Hoy, quienes detentan el poder del Estado y dicen lo que quieren en los medios de comunicación, ocultan el papel del SUTEP y demás organizaciones populares en la lucha para obligar a esa dictadura, en su "segunda fase" con el hoy "demócrata" Francisco Morales Bermúdez, a convocar a una Constituyente y a un proceso electoral para traspasar el gobierno a los civiles.
No bien instalado el nuevo gobierno civil el 28 de julio de 1980, el SUTEP presentó un Proyecto de Ley del Profesorado para que sea discutido y aprobado en el Congreso Nacional de dos cámaras en aquellos años.  Culminaba ya la segunda legislatura de 1984 y el Congreso no discutía el Proyecto. Lo hizo, sin embargo, presionado por la huelga nacional de hambre y las grandes movilizaciones de los maestros del SUTEP en diciembre de aquel año, confrontación que culminó con la promulgación de la Ley del Profesorado No. 24029, una  Ley que plasmaba muchas reivindicaciones de los maestros peruanos, pese a los recortes realizados en ambas cámaras legislativas. Es risible que viejos dirigentes apristas hayan afirmado que esa Ley les pertenece, como si ellos hubiesen sido los autores de la iniciativa.
Como el proyecto original fue podado en determinados puntos, al iniciarse el primer gobierno aprista (1985) el SUTEP volvió a presentar otro Proyecto de Ley con carácter de Modificatoria de la Ley 24029.  Pero, como en el caso anterior, culminaba ya la última legislatura de 1989, y la mayoría parlamentaria, aprista y acciopepecista, se negaba a discutir la propuesta, razón por la cual el SUTEP desarrolló una nueva huelga de hambre nacional el 29 de noviembre de aquel año, con grandes movilizaciones en todas las ciudades del Perú,  medida de lucha que se suspendió el 14 de diciembre cuando el Parlamento empezó a discutir y aprobar el Proyecto.  Aprobada la Ley por el Parlamento, sin embargo el Presidente Alan García Pérez se negó a promulgarla, devolviéndola al Congreso.  El SUTEP debió de realizar, casi al culminar el primer mandato gubernamental del APRA, una huelga nacional indefinida para obligar al gobierno la promulgación   y la reglamentación de la Ley Modificatoria No. 25212 con su Reglamento correspondiente. Queda claro, entonces, que la Ley del Profesorado 24029, su Modificatoria y su Reglamento no fueron la voluntad de los gobernantes de turno, sino de la acción de lucha de los maestros con su  sindicato, el SUTEP. 
Cabe recordar también que, durante la lucha por las modificaciones favorables a los derechos de los maestros,  los senderistas y sus aliados anarquistas (refugiados hoy, muchos de ellos,  en el gobierno del Presidente Humala) llegaron a afirmar que "la Ley no se come", posición economicista que los maestros rechazaron masivamente. A su vez, los apristas empezaron a "adueñarse" de la nueva Ley sin ruborizarse por su marcada oposición a discutirla y promulgarla, con la excepción del parlamentario aprista Ponce, maestro honesto y consecuente, al lado del también maestro y parlamentario Carranza Piedra, quienes apoyaron a los parlamentarios de izquierda y a los dirigentes del SUTEP en el proceso de discusión del Proyecto.
La nueva versión de la Ley del Profesorado 24029 se aplicó parcialmente hasta marzo de 1991, pues al asumir el gobierno el fujimorismo desde el 28 de julio de 1990, este empezó a aplicar el programa neoliberal dictado por el "Consenso de Washington" que obligaba a privatizar bienes y servicios públicos, disminuir drásticamente los gastos del Estado y, en consecuencia, anular todos los derechos económicos y profesionales de los servidores del Estado.  Fue así que en marzo de 1991 el gobierno del criminal y ladrón Alberto Fujimori decretó la suspensión indefinida de los derechos económicos de los maestros peruanos establecidos en la Ley del Profesorado.  El SUTEP, en defensa de esos derechos y también de la educación pública gratuita y universal, cuya privatización constituía uno de los pilares de las políticas públicas del fujimorismo, realizó una huelga indefinida que duró 109 días (mayo – agosto de 1991): ¡primero son los niños, no la  deuda externa!, fue el eslogan principal en esa huelga.
Toda la década de los 90 y todos los 11 años del presente siglo, los maestros peruanos han venido luchando para recuperar sus derechos conculcados por el neoliberalismo y sus gobiernos (Alberto Fujimori, Alejandro Toledo, Alan García).  Los neoliberales, para justificar sus políticas contrarias a los derechos de los trabajadores, desarrollaron una campaña de desprestigio contra los maestros, a los cuales se les responsabiliza de la crisis educativa, imponiéndoles un sistema masivo de contratos temporales, concursos y evaluaciones estandarizadas para seleccionar "a los mejores", hasta que, finalmente, se les impuso la llamada Ley de Carrera Pública Magisterial, cuyo contenido legal e ideológico pertenece al Banco Mundial, cuyos expositores estuvieron en el Perú en seminarios y oros eventos organizados por el Ministerio de Educación durante el gobierno de transición del ex Presidente Valentín Paniagua (2000-2001), uno de los cuales se realizó a principios del siglo XXI bajo la dirección del extinto profesor de Filosofía de la Universidad Católica, Juan Abugatás.  Los textos de aquellas ponencias contienen los planteamientos básicos de la Ley 29062 (Carrera Pública Magisterial) promulgada por el segundo gobierno aprista que concluyó el 2011.  La nueva Ley, en realidad, promueve una compulsiva y antipedagógica competencia entre los maestros a cuenta de una supuesta "meritocracia", reduciendo la atención en los procesos de enseñanza-aprendizaje, pues el ideal supremo del docente se traduce enelevar su salario no como un derecho laboral de justicia, sino como consecuencia de resolver una prueba estandarizada y acumular diplomas, maestrías y hasta doctorados, de cuya idoneidad lo saben bien las variopintas universidades privadas que han proliferada bajo el manto del decreto 882, promulgado por el fujimorismo en 1966 y mantenido por los posteriores gobiernos "democráticos".
Hoy sabemos que los maestros incorporados a la nueva Ley no son mejores, pedagógicamente hablando, frente a la gran mayoría que ha  rechazado ese engendro neoliberal, como puede notarse en su propio desempeño; pues las deficiencias de todos los maestros deben ser explicadas dentro del contexto y  las condiciones en que ejercen su profesión, las que no han cambiado. Además siguen aplicando el mismo constructivismo fracasado, como parte de la también fracasada reforma educativa neoliberal.  En realidad, los maestros que han postulado a los concursos lo han hecho por una razón pragmática: elevar su remuneración, ya que la propaganda del gobierno aprista incidía en "mejores maestros, mejores salarios", más que en "mejores maestros, mejor alumnos", con spots televisivos tan ridículos como los argumentos del ex Ministro  José Antonio Chang para aplicar las pruebas estandarizadas.
En el momento actual nos encontramos con dos regímenes laborales para los maestros peruanos: el que rige para los maestros (la mayoría) sujetos a la Ley 24029, con salarios congelados y pensiones ridículas en el caso de los cesantes y jubilados, por un lado; y el que rige para los que han sido incorporados a la Ley 29062, con salarios que no van más allá del costo de la canasta básica familiar, que debiera de corresponder, en el peor de los casos, a todos los maestros de la educación básica.  Por supuesto que los neoliberales, aprista y no apristas, han logrado dividir a los maestros para debilitar su sindicato y, por ende, su lucha.
Entre recuperar la plena vigencia de la Ley del Profesorado 24029 o luchar por una nueva Ley Magisterial, el SUTEP, acertadamente, ha optado por esta segunda opción, lo que supone la derogatoria de la Ley 29062. 
Planeamientos centrales previos

Leyendo como un todo la propuesta de Ley del Profesorado como nueva propuesta del SUTEP, nos permite distinguir los planteamientos centrales y plausibles que ayudarían a recuperar los derechos de los maestros, actualizando, al mismo tiempo, conceptos que se relacionan con las nuevas exigencias para el ejercicio de la profesión docente.
Una primera cuestión es la necesidad de recuperar los derechos de los maestros que están considerados en la Ley 24029, siendo uno de ellos el de la estabilidad laboral en la misma plaza y escuela, pues el maestro no puede ser, como todo trabajador civil, sujeto a constantes desplazamientos "por motivos del servicio", como ya era una práctica durante la dictadura militar del General Francisco Morales Bermúdez; y que hoy se ha convertido en práctica permanente a través de los eternos concursos para contratos, a través de los cuales docentes de aula y hasta directores de escuelas no saben dónde trabajarán el próximo año lectivo, convirtiendo el trabajo docente en un desplazamiento continuo que no ayuda a consolidar el trabajo educativo en las escuelas.
Otro de los derechos es al de tener la garantía de una carrera pública y el ascenso correspondiente a través de una evaluación integral que tenga como centro, sin embargo, la práctica docente, es decir, su desempeño en el aula y en la escuela, considerando también la experiencia profesional traducido en tiempo de servicios; sus méritos en el proceso de su trabajo; el reconocimiento de la comunidad y de la sociedad frente a sus actividades en y fuera de la escuela; sus méritos intelectuales expresados en trabajos académicos y de creación cultural, si los hubiere; los diplomas o grados académicos que el maestros pueda obtener a lo largo de su carrera; y, claro, su actualización profesional que puede ser evaluada mediante una prueba de conocimientos y nuevas capacidades.
El derecho al ingreso a la carrera pública magisterial y al ascenso correspondiente a través de una evaluación permanente, integral, sistemática y formativa, dejando atrás la anticientífica evaluación estandarizada que el neoliberalismo ha venido imponiendo en estos años.
El derecho a una jornada laboral pedagógicamente adecuada que permita un desempeño eficiente del docente con el consiguiente beneficio académico para los  estudiantes, pues el trabajo docente no solamente exige un permanente ejercicio de estudio y planificación, sino un estado psicológico adecuado frente a grupos humanos en proceso de desarrollo y con personalidades diferenciadas desde todo punto de vista; realidad no comprendida por aquellos que ven en el maestro a un simple "facilitador" técnico a quien le basta tener conocimientos de la materia que va a enseñar y un poquito de técnicas didácticas.
El derecho a una remuneración que le permita dedicarse íntegramente a su profesión, sin dispersar su atención en otras actividades para buscar otros ingresos, sino también para tener mejores condiciones de superación cultural. La consideración del costo de vida es fundamental, pero no suficiente, pues el maestros tiene que estar también al día para superar la rutina que produce el ejercicio cotidiano de toda profesión ciento por ciento intelectual, como es la de enseñar.  ¿Cuántos libros de su especialidad o de cultura general debe adquirir el maestro,  mensual o anualmente, para mantenerse al día en el desarrollo de la cultura y de las ciencias correspondientes?  Si no tiene recursos para solventar estas necesidades profesionales, ¿con qué derecho los gobernantes le exigen un desempeño excelente?  Tampoco es suficiente: ¿puede el maestro, con sus remuneraciones, asistir a espectáculos de verdadero valor cultural y artístico?, ¿tiene acceso al periódico y a revistas de pedagogía y de investigación científica? Son preguntas necesarias para aquellos que juzgan a los maestros con la ignorancia más supina.
Estos derechos básicos de la profesión docente están incluidos en el proyecto que actualmente debate el SUTEP, con las especificaciones para entender su estructura interna y los elementos que los definen mejor.
Algunas observaciones y algunos aportes

Con una mirada más puntual en algunos conceptos y planteamientos, nos parece pertinente ofrecer observaciones y aportes para mejorar el texto. Seguiré el orden  del texto.
Debe establecerse con claridad el perfil conductor(lo subrayo) del maestro en el proceso enseñanza-aprendizaje para diferenciar ese papel del mero "facilitador", así como del concepto de "agente", palabra de pobre significado cuando se trata de formar a nuevos hombres.  Conducir es enseñar a aprender y también orientar, guiar, formar nuevas personalidades, en el caso de la educación.  Hasta en los orígenes griegos de esta profesión se trataba de "llevar de la mano" a los niños a la escuela, conducción que la pedagogía moderna tiene una traducción más completa.  En una de las tesis educativas que elaboramos en 1992 hay un texto breve sobre el perfil del maestro, cuyos conceptos considero deben ser tenidos en cuenta.
Es también importante diferenciar el peso profesional y pedagógico de lo que en el texto se denomina "formación inicial", término que viene de la UNESCO y su libro de 1996 "La educación encierra un tesoro", del que posee la "formación continua", de la misma fuente.  En realidad "formación inicial" da la idea de que los años de estudio para la consecución de un título profesional pedagógico tienen poco valor frente a la "formación continua".  Es al revés, en los estudios profesionales regulares se adquieren los fundamentos y capacidades fundamentales para ser maestro, como también para formarse en otras profesiones.  El autodidactismo, antesque una regla, es una excepción. La capacitación permanente posterior, práctica y teórica, no puede suplir a la primera.  Un profesional titulado con estudios mediocres no puede recuperar totalmente lo que no ha logrado aprender.  Los cinco años de formación profesional, si son de estudios serios y sistemáticos, no pueden ser iguales a cursos de capacitación permanente a distancia o en períodos cortos presenciales, etc.  Estos pueden ayudar a actualizarse y perfeccionarse en nuevas tecnologías, pero nada más.  Los neoliberales, para justificar la subvaluación de la profesión docente y del título profesional, pretenden otorgar a la "formación continua" el mayor peso académico para formar en los nuevos maestros la idea de que si no se "superan" no tienen derecho a una remuneración adecuada a su profesión.  Considero establecer que la formación profesional que otorga el título pedagógico en estudios universitarios (en adelante) es la principal, básica, fundamental, necesaria.  La capacitación permanente es complementaria.
Al hablar de democracia en educación debe establecerse la expresión"igualdad de oportunidades para todos", niños y jóvenes, sin necesidad de utilizar esa palabreja tan manida por los neoliberales, la "inclusión", con la cual pretenden reemplazar al término "igualdad".  El principio de justicia con el cual debe comprometerse el maestro se orienta a la igualdad como producto de una educación gratuita y universal, derecho humano que no está sujeto al deseo de "incluir" a los demás, pues es responsabilidad del Estado que debe dar las condiciones necesarias y suficientes para que la escuela  (y los maestros) desarrolle su trabajo.
Se debe establecer el derecho que tienen los maestros, a través de su gremio, de proponer alternativas en materia de políticas educativas, que sean escuchados y se promueva un diálogo serio para enriquecer esas políticas.  Otra cosa es que los gobernantes no incluyan los aportes de los maestros, lo que da lugar a la asunción de responsabilidades por quienes, desde el gobierno, imponen sus decisiones.
La formación de profesores debe realizarse, en adelante, en las universidades públicas, pues debe ser gratuita y sujeta a  una planificación en el tiempo y a una estructura curricular científica.  Dispersar la  formación de los maestros en establecimientos de distinta naturaleza y sujetos a intereses de personas y pequeños grupos es convertir a la formación docente en una suerte de fragmentación "formativa", consecuencia  que hoy vivimos luego de 20 años de negocios y mediocridades.
Las becas deben otorgarse exclusivamente para la formación de investigadores en el campo de la pedagogía y/o la administración de la educación.
No se debe dejar de precisar que entre los derechos de los maestros está la participación en actividades políticas y ciudadanas.  El maestro no es un ciudadano de segunda ni tercera categoría.
En el proceso de evaluación docente es necesario establecer que es una función del Ministerio de Educación con  sus instancias regionales, locales y escolares, mas no de terceros, incluidas las universidades, pues estas desarrollan su proceso de evaluación durante la formación de los maestros en sus aulas. Por lo demás, ya sabemos que con la tercerización de la evaluación docente hemos asistido a la mediocridad y al pillaje.
La Maestría y el Doctorado deben tener un peso específico en los puntajes para las evaluaciones, pero no como condiciones necesarias para postular a un determinado nivel de la escala profesional.  No es un requisito necesario tener un grado académico para el adecuado desempeño de la profesión docente en el aula.  Esos grados constituyen niveles superiores de investigación, también del ejercicio de la docencia en el nivel superior universitario.  Quienes han obtenido esos grados casi en ningún caso han permanecido como maestros de aula. Lo que han hecho los neoliberales es mistificar esos grados como sinónimos de "buenas prácticas" en la docencia, pero con el objetivo de llenar las universidades con profesionales convertidos en clientes del negocio de la educación superior.  Para menospreciar más un título profesional, vienen hoy generalizando los términos "pregrado" y "postgrado", haciendo este último un paso obligado para ejercer  con "eficiencia" la profesión.
Es muy objetable que en una nueva Ley Docente se mantenga el sistema de contratos.  Si hay que mantener los concursos para el ejercicio de la docencia, lo mucho que se debe aceptar es que los concursantes deben llegar al nombramiento.  Que los gobernantes no acepten este derecho a la estabilidad laboral es responsabilidad de ellos y no de los maestros y su gremio.
Debo concluir las sumarias observaciones anteriores señalando que se requiere una redacción adecuada desde el puntode vista de la lógica jurídica: orden en la estructura general del texto, mejor redacción para evitar redundancias de conceptos y preceptos (artículos e incisos).  Siendo formales, ayudarán a que el texto sea más coherente en sus planteamientos (coherencia interna).
Final

Finalmente, un llamado a todos los maestros a intervenir en la discusión, ofrecer sus aportes, sus  inquietudes, y tener en cuenta que esta propuesta, para que sea atendida, se requiere de la más grande unidad, pues sin ella no será posible dar la gran lucha para ser escuchados.  Los neoliberales difundirán la mentira de que los maestros están buscando privilegios.  Así fue en el pasado.  Así será en el presente.  Así será en el futuro hasta que un nuevo orden social nos dé la garantía de una nueva educación y de una nueva situación de los trabajadores en la educación.  Se requiere generar una correlación de fuerzas que haga posible la discusión de este proyecto  en el parlamento con el apoyo de los estudiantes y padres de familia, pero convocando también a los intelectuales interesados por una mejor alternativa educativa con la correspondiente política magisterial.
Iquitos, marzo 12 del 2012

 
 
 
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viernes, 9 de marzo de 2012

¿Becas de estudios o gratuidad de la enseñanza ?


(A propósito de "Beca 18" del gobierno del Presidente Ollanta Humala)

               José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP (Perú)

En la educación moderna las becas forman parte de las condiciones excepcionales de estudio para aquellos alumnos que tienen aptitudes para la investigación científica y tecnológica, dentro o fuera del país, con el fin de contribuir al desarrollo del conocimiento básico y aplicado.  Desde esta perspectiva, no es un instrumento al servicio de un grupo con el criterio de la selección de becarios por razones de pobreza, supuesto el hecho de que para toda la población de un país deben existir las mismas condiciones para el ejercicio del derecho a la educación gratuita.  Para profesionalizarse y ejercer la profesión elegida, basta estudiar en el sistema educativo regular, para lo cual el Estado debe dotar de todas las condiciones necesarias y suficientes, lo que obliga a establecer un sistema educativo democrático e integral, basado, fundamentalmente, en el principio de la justicia.

Cuando el Presidente Ollanta Humala  ofreció, durante su campaña electoral la "revolución educativa" para el Perú, consideró que "Beca 18" funcionaría dentro de un nuevo sistema educativo, diferente al que nos han dejado los gobiernos de Fujimori, Toledo y Alan García Pérez, que echa agua por todas partes porque ha fracasado no solamente por su insolvencia científica y académica, sino por su pobreza moral, como lo demuestran, entre otros, los casos de los negocios privados con los "textos escolares", la tramposa y discriminadora construcción de los llamados "colegios emblemáticos", la presencia de negociantes de la educación en el Ministerio de Educación, los concursos estandarizados e irregulares para plazas docentes, la proliferación de universidades privadas y públicas con criterios de lucro y de clientelismo político, respectivamente.  Pretender remendar este sistema fracasado con "Beca 18" o con "Cuna Más", es seguir con la misma engañifa de siempre: medidas demagógicas para que todo siga igual.

La demagogia y el empirismo del Viceministro Bolaños

Al anunciar que en el año 2012 habrá 200 becas para los universitarios de los distritos más pobres de Lima, Fernando Bolaños, Viceministro de Gestión Institucional del Ministerio de Educación, pretende entregar la idea de hacer justicia en materia de educación y que, gradualmente, toda la juventud peruana logrará  proseguir sus estudios superiores, ilusión que solamente pueden hacerse aquellos que tienen del derecho a la educación una concepción asistencialista, mas no integral ni universal (Véase entrevista en La República, domingo 26/02/2012, Lima, p. 32).

En lugar de apuntalar el rol directriz de las universidades públicas que existen en todo el país, potenciarlas económica y académicamente, han decidido distribuir el presupuesto para las becas también entre las universidades privadas, supuestamente elegidas por su "calidad".  Es decir, se pone el presupuesto de educación "Beca 18" al servicio del lucro de la educación privada.  Y no puede ser de otra manera por cuanto la plana mayor del Ministerio de Educación sigue siendo la representación neta de la empresa privada en educación, además de ser expresión fehaciente de la pedagogía confesional predominante en el Perú colonial y poscolonial, hecho que se manifiesta, en estos tiempos, en la pugna por la propiedad de la Universidad Católica, supuestamente disputada entre "pluralistas" y fundamentalistas.  

Al referirse a las profesiones que se ofrecerán a los becarios, Bolaños señala que la prioridad son las carreras "de ciencia y tecnología para favorecer el desarrollo científico y tecnológico del país"; pero, contradictoriamente, afirma a continuación que los egresados podrán tener trabajo por 3 años por lo menos en las regiones donde los necesiten.  ¿Cuál es, entonces, el rumbo del desarrollo científico y tecnológico del Perú con "Beca 18"? 

 Tampoco es verdad que en el Perú sobran los médicos y enfermeros, afirmación que solo puede provenir de quienes no conocen el abandono de centros de salud y de enfermos que se hacinan en los hospitales del Ministerio de Salud, además de la inexistencia de centros de salud en muchos pueblos del país. 

Pero el empirismo pedagógico es también otro de los componentes del actual Ministerio de Educación del Perú, herencia de la saga pragmatista que viene, por lo menos, desde la propia reforma educativa de la dictadura militar de fines de los 60 y todos los años 70 del siglo XX en el Perú. Privilegiar las profesiones técnicas y soslayar la formación humanista de nuestra juventud refleja la concepción dicotómica entre ciencia y humanismo, como si fueran excluyentes en el proceso de la formación humana integral.  Pero en el sentido de las profesiones que requerimos, especialmente en las áreas poblacionales de los distritos pobres de las ciudades y del medio rural andino-amazónico, requerimos profesionales de las ciencias sociales (antropólogos, sociólogos, psicólogos, lingüistas, investigadores sociales, etc.).

Por donde se lo mire, "Beca 18" no solamente está plagada de concepciones asistencialistas y  empiristas, sino que es, apenas, un programa más que carece de sustento programático para una nueva educación en el Perú. Con el viejo eslogan de "favorecer a los que más lo necesitan" (fujimoristas-neoliberales dixit), los actuales administradores de la educación peruana se han propuesto seguir manteniendo la crisis educativa y la privatización de la enseñanza.
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viernes, 17 de febrero de 2012

La definición del Proyecto Conga está clara




(Por el éxito de la Marcha Nacional por el Agua del 01-10 de febrero 2012)
José Ramos Bosmediano.

Sobre la defensa de la inviabilidad del Proyecto Conga hay tres tipos de argumentación: el que se basa en el valor intrínseco de una cabecera de cuenca por su importancia para la preservación del agua y del medio ambiente, derivando, al mismo tiempo, en la permanencia de las micro cuencas y vertientes de agua hacia las cuencas que van al Pacifico y a la Amazonía peruana, argumentación que es comprendida por toda persona con básicos conocimientos de la geografía física, orográfica e hidrográfica; el que viene de la práctica social, de la vida misma de los campesinos y sus actividades económicas sustentadas (desde los tiempos más remotos) en la presencia permanente de la humedad del suelo, el agua de las vertientes, la lluvia estacional y de los lagos, más la temperatura ambiente que se mantiene por la presencia de los elementos mencionados desde una altura superior a los 3 mil metros sobre el nivel del mar; y el argumento especializado de quienes, por su profesión y la seriedad que se espera de sus análisis, son requeridos para evacuar un estudio del impacto ambiental de determinada actividad (minera en este caso) en el espacio geográfico de las cabeceras de cuenca y otros ecosistemas vulnerables.
Ambas argumentaciones vienen siendo difundidas desde antes del estallido del conflicto y de las manifestaciones del pueblo de Cajamarca, frente a la arrogancia "doctoral" de los que se prestaron para la realización y aprobación de un denominado Estudio de Impacto Ambiental (EIA) promovido y pagado por la Newmont-Yanacocha, defendida hoy, increíblemente, por el gobierno del Presidente Ollanta Humala con una comparsa de algunos alcaldes y otras autoridades de Cajamarca, por la gran prensa capitalina y por un conjunto de "analistas políticos"  que defienden el programa neoliberal.  Increíblemente, decimos, porque el hoy Presidente presentó su discurso programático en Cajamarca con una posición contraria al Proyecto Conga de la minera cuyos intereses hoy defiende ya no solamente con la prepotencia fujimorista de su Primer Ministro Óscar Valdés Dancuart, sino con la ignorancia política más grande que la pirámides egipcias hasta decir que el moderado Presidente de la Región Cajamarca, Gregorio Santos, "es un polpoteano".
La defensa de lo indefendible
Lo que dice la Newmont-Yanacocha no merece discusión, dice el gobierno, pues basta "despejar las dudas" que siguen teniendo los pueblos de Cajamarca sobre "las bondades" del proyecto minero rechazado por los más amplios sectores de la población organizada en el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca (FDAC), sus bases y el propio Gobierno Regional.
Pretender "despejar dudas" sobre las pretendidas bondades de ese proyecto, uno de muchos otros que vendrán en la misma cabecera de cuenca, es defender lo indefendible y considerar que los que hoy luchan contra él no son sino cortos de entendimiento, "ignorantes", como en 2008-2009 dijera el entonces megalómano Presidente Alan García Pérez cuando los amazónicos, con su población indígena en particular, nos opusimos a sus decretos que ponían en bandeja de plata, para los grades inversionistas,   las  tierras de esa gran región de aguas dulces, extensos bosques, tierras firmes y de vaciantes ("barriales") y una portentosa biodiversidad.  Las matanzas de Bagua del 5 de junio del 2009 demostraron que don Alan García prefirió el enfrentamiento contra el pueblo para defender intereses subalternos.
El análisis que hiciera el Ministerio del Ambiente (MINAM) bajo la conducción del entonces Ministro Giesecke, en realidad, no se oponía tajantemente al Proyecto Conga.  Simplemente ponía en tela de juicio el EIA elaborado bajo la tutela de la minera, siendo necesaria una revisión de su estructura y conclusiones.  Nada más y fue echado del cargo para ser sustituido por al actual, Pulgar Vidal, inequívocamente favorable a llevar adelante el proyecto, previo un "peritaje internacional" que blanqueara el EIA de la minera, pues no otra cosa significa que el tal peritaje "despejaría las dudas" de los cajamarquinos, como señala el objetivo principal de dicho evento.
Dos posiciones, dos intereses frente a la cabecera de cuenca Conga
Aunque Giesecke, en reciente entrevista, dice que se puede explotar los yacimientos de oro y cobre que encierra el Conga sin afectar irreversiblemente el medio ambiente y las fuentes naturales de agua, en cuyo caso existen tecnologías que obligan a gastar más a la minera Newmont-Yanacocha,  su  propuesta, sin embargo, siendo favorable al Proyecto, tampoco es tenido en cuenta por los grandes intereses de los inversionistas, ni por las políticas de inversiones mineras del actual gobierno.
Ha quedado demostrado que el "diálogo" propuesto por el gobierno no admite otra salida que el criollo "sí o sí" a la explotación de la referida cabecera de cuenca, declaración expresa del Presidente Ollanta Humala Tasso, más convencido hoy del cumplimiento irrestricto de los contratos y las concesiones que vienen del fujimorismo y de los gobiernos que le sucedieron en los 10 primeros años del siglo que vivimos, luego de su "triunfal" asistencia a dos foros en Europa,  donde ofreció el Perú a quienes buscan mejores mercados de inversión para aumentar más sus ganancias en circunstancias adversas en los países centrales del capitalismo en crisis. 
La posición del gobierno coincide con los intereses de la  Newmont-Yanacocha y de la gran burguesía peruana enfeudada a los interese imperialistas.  Es una posición irreductible, inflexible, a  tal punto que ni la propuesta del ex Ministro Giesecke es tenida en cuenta por lo menos para discutirla.  Acusan a otros de "inflexibles" sin tener en cuenta su propia inflexibilidad. 
Por el lado del Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca y de todas las organizaciones que vienen luchando desde hace muchos meses para defender el Conga, el agua y la vida, la única salida es la preservación del Conga por ser un ecosistema decabecera de cuenca sumamente frágil frente a cualquier alteración artificial de su ciclo de existencia, que no se garantiza con mitigaciones que ofrecen, como se sabe, sustituir las fuentes naturales de agua por reservorios de  concreto armado, como si se tratara de un riachuelo del que se puede prescindir por su escaso impacto en una cuenca.
¿No es un absurdo, acaso, que los defensores del Proyecto Conga vengan diciendo que sin su explotación perderemos el futuro de nuestro desarrollo?  El absurdo ha sido siempre el argumento de los capitalistas y sus defensores desde el poder del Estado para traernos "grandes inversiones" y mantenernos como país pobre, profundamente desigual y subordinado a sus intereses. 
Esta verdad está en el fondo de la reacción de la población peruana frente a los actuales inversionistas protegidos por normas elaboradas por sus propios consultores y altos funcionarios del Estado peruano que luego pasan a formar parte de los grupos ejecutivos de las transnacionales.
Planteado así el conflicto, toda maniobra tendiente a ablandar a la población cajamarquina con el financiamiento de "obras" por la Newmont-Yanacocha o por los "proyectos de desarrollo" del gobierno central al margen del Gobierno Regional de Cajamarca, no pasan de ser un señuelo para obtener la denominada "licencia social" a favor de la minera, y justificar, si viene al caso, cualquier  intervención punitiva y violenta contra los dirigentes y el pueblo, también contra las autoridades regionales y locales (municipales).  Por de pronto, ya hay heridos, enjuiciados y denunciados.  Con el fujifascista Valdés Dancuart en la cabeza del Consejo de Ministros otro "baguazo" podría ser posible.
Deslindar responsabilidades
En la presente lucha del pueblo de Cajamarca, como los propios defensores de la minera vienen afirmando, se definirá el futuro de las inversiones mineras en el Perú y, consiguientemente, de la defensa de los intereses medioambientales y la dignidad del pueblo peruano.  La contradicción no desaparecerá, pues la lucha del pueblo no puede ser apagada por nadie.
Si  desde el poder del Estado el actual gobierno impone su "s{i o sí" al Proyecto Conga, todas las consecuencias, inmediatas y futuras  serán de su exclusiva responsabilidad.
El pueblo que lucha, a través de sus organizaciones, no puede menos que definir su posición adoptada, sea cual fuere el resultado final. 
Lo que haga el gobierno para favorecer a la transnacional, de ser adversa a los intereses nacionales y del pueblo, no invalidará la entereza de los que hoy defienden el agua y la vida en Cajamarca.
Lima, enero 31 del 2012




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La educación y el negocio de los textos escolares en el Perú

La educación y el negocio de los textos escolares en el Perú
José Ramos Bosmediano, miembro de la Red SEPA, ex Secretario General del SUTEP
 
La semana del 6 al 12 de febrero 2012 tres hechos han concitado la mayor atención de los peruanos: la gran Marcha por el Agua, con el trasfondo de la lucha en defensa de las cabeceras de cuenca y el símbolo de ellas hoy, Conga; la captura del jefe guerrillero senderista FlorindoFlores Hala o camarada "Artemio" en el Alto Huallaga; y el comercio de los libros de texto escolares por un grupo de empresas editoriales.
El caso de la edición y comercialización de los textos escolares, a diferencia de los otros que mencionamos, es parte de un contexto permanente que puede definirse como una suerte de endemia cultural-pedagógica, pero que, manejado por una prensa hipócrita, por políticos ignorantes del hecho educativo y por altos funcionarios del Ministerio de Educación que suelen amenazar a los comerciantes de la educación para "demostrar" su preocupación por la educación de la niñez y la juventud y de los padres de familia, se ha convertido en "cruzada" por la educación.
El gran negocio de la educación en el Perú
La elaboración, edición y comercialización de textos escolares en el Perú, con más profusión en los últimos 30 años, es, apenas, un trocito del gran negocio de la educación en el Perú.
La reforma de la educación actuada por el neoliberalismo reforzó ese negocio pero amplió la cobertura del lucro con la privatización del servicio hasta lograr que la gratuidad de la educación y su carácter de derecho social y humano, casi desaparezca.  El ladrón y criminal Alberto Fujimori solía responder al SUTEP, cada vez que este rechazaba sus decretos privatizadores desde 1991: "en el Perú nunca hubo educación gratuita", tratando de justificar los mandatos del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.  Sus sucesores, Toledo Manrique y García Pérez, asumieron el programa para reducir las responsabilidades del Estado en materia de educación, barnizado con programillas y cierta infraestructura "emblemática", más el reparto de computadoras, toda la reforma educativa de los años 90 del siglo pasado.
No menos del 50% de los gastos en la educación pública, especialmente en la superior, corre a cuenta de los padres de familia, un sobreimpuesto obligado por la sistemática reducción del presupuesto dedicado a la educación.  En la jerarquía de la educación privada se expresa también la diferencia entre los más ricos y una capa de ilusos pequeño-burgueses que "invierten" en la educación de sus hijos.  Como si fuera un gran descubrimiento, se "denuncia" los cobros en miles de dólares para que un niño se matricule en ciertas escuelas de "calidad".
El negocio del que hablamos comprende: la propiedad de las escuelas, los cobros por matrícula y otros  "derechos", la comercialización de uniformes y textos escolares por los mismos propietarios, la contratación de maestros por salarios miserables y exentos de derecho sociales, la prolongación de la jornada escolar y del propio año lectivo sin mejorar el salario magisterial. Estos mecanismos, sin embargo, que la privatización de la educación no ha generado la superación de la crisis de la educación en el Perú; más bien ha profundizado  el caos curricular y axiológico en nuestra educación, subsumida ya en ese pozo de la anomia moral en se desenvuelve la vida económica, comunicacional, social y política del país, sintetizada como corrupción.
El resultado de este proceso es la generación de empresarios "educativos" que en poco tiempo han ampliado sus actividades (negocios), especialmente en el campo de la educación superior.
Pero volviendo a los libros que se venden como textos escolares, el negocio involucra a directores y maestros, no porque estos tengan una concepción crematística de la educación, sino porque es la oportunidad de agregar a sus magros salarios unos ingresos anuales más que, en el mejor de los casos, no pasan de 1000 soles para quienes aceptan las ofertas de los propietarios de las editoriales dedicadas a este negocio.  Por supuesto que no todos los maestros ni directores suelen caer en el remolino del negocio educativo.
Entre la demagogia y la solución del problema de los textos escolares
Son tantas las ganancias que genera la producción y comercialización de textos escolares en el Perú que los propietarios del negocio, ante la bulla generada y el peligro de ser sancionados, están ofreciendo una rebajo de hasta 40% del precio de sus textos. Seguramente los que han levantado la polvareda de los libros de texto se pondrán contentos por el resultado de su faena "a favor de los padres de familia".
Los demagogos del Congreso creen que con la modificación de la ley correspondiente y las sanciones que establecen resolverán el problema. 
Los demagogos del Ministerio de Educación también han salido a explicar cómo seguir usando y reusando los textos escolares, lo que implica un nuevo formato de redacción, quitando de los textos las partes que el estudiante debe "llenar" con sus respuestas, conocida maña para volver a un texto en descartable. ¿Por qué no hicieron esta poda hace 5, 10 o 30 años, o por qué autorizaron la producción de textos escolares con ese formato?
Hasta un ejecutivo de la editorial Santillana ha salido a "enseñar" cómo debe ser un texto escolar, como si los suyos fueran excelentes libros, pretendiendo confundir negocios con pedagogía.  Y la Cámara Peruana del Libro también pretende sacar el cuerpo "denunciado" a las editoriales que no están afiladas a esa entidad, cuando no se trata aquí de afiliación o no, sino de la intromisión de un negocio en las aulas escolares, vengan de donde vengan los textos escolares. 
No podría extrañarnos que, en lo inmediato, gobierno y editoriales llegarán a un "consenso" para encontrar la solución, de tal manera que los textos escolares sigan en el mercado, seguramente con precios más bajos, con formatos determinados y bajo la "libertad" de los padres de familia para comprarlos o no.  ¿Y quién recomendará los padres de familia cuál es el mejor texto para su hijo? ¿El Director de escuela o el profesor de aula o de materia de estudios? ¿O el Ministerio de Educación? ¿O las técnicas del marketing? ¿O el Comité que se forme para ese menester?  En cualquier caso el negocio continuará en aras de la "libertad de elegir"  de los gurúes del neoliberalismo.
La necesidad de los textos escolares
Para los estudiantes los textos escolares son imprescindibles para reforzar los conocimientos que el maestro está obligado a ofrecer sistemática y dosificadamente, pero al mismo tiempo, para que ellos, individual y colectivamente, puedan descubrir dichos conocimiento de acuerdo con las recomendaciones del profesor.
Para que un texto escolar sea útil pedagógicamente debe estar sometido a ciertos requisitos: a) contenido científico, lo que solo será posible si ha sido elaborado por investigadores en la materia correspondiente y no por quienes simplemente copian y pegan de otros libros, como ocurre actualmente; b) redacción correcta, sin faltas ortográficas y sintácticas, diferente a lo que viene ocurriendo; c) presentación sobria del contenido principal y sus ilustraciones, de tal manera que lo colorido no opaque el significado; d) información suficiente para la edad de los estudiantes y el nivel y grado de estudios, ni muy limitado al programa ni muy ampuloso.
Al respecto, son memorables los textos preparados por el Dr. Puccinelli sobre literatura, Filosofía y Lógica por los Dres. Francismo Miró Quesada Cantuarias y Augusto Salazar Bondy, Filosofía y Psicología por el Dr. Wálter Peñaloza Ramella, Historia Universal por el Dr. Alfredo Rebaza Acosta, Historia del Perú por el Dr. Pablo Macera y por Gustavo Pons Musso, para mencionar solo algunos que más han sobresalido en el campo de las ciencias humanas y sociales.
Pero ningún texto escolar puede suplir a un profesor, su preparación académica y su permanente revisión de los conocimientos especializados y de la cultura en desarrollo permanente.  Para los profesores deben existir libros de consulta de suficiente solvencia científica.  En Costa Rica y en México los gobiernos entregan gratuitamente textos de consulta para que los maestros enriquezcan su información en el proceso de la preparación de sus clases.  En Cuba, bueno es decirlo, todos los estudiantes tienen material de consulta gratuitamente, pues nadie lucra, en ese país, con la educación.
El problema solo se solucionará cuando el Ministerio de Educación encomiende a personas idóneas, académicamente hablando, la preparación de los textos escolares para su distribución gratuita en todas las escuelas de Perú.  Pero no como lo vienen haciendo los últimos gobiernos, con redacciones lamentables y negocios de por medio.
Toda la "discusión" armada y las "soluciones" propuestas en estos días  son  medidas que nada tienen que ver con la pedagogía.
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