martes, 1 de mayo de 2012

Conga: problema fundamental y perspectivas

Conga: problema fundamental y perspectivas
José Ramos Bosmediano
 
Conga es una cabecera de cuenca, fuente de agua que permite la vida vegetal, animal y humana en gran parte de la región de Cajamarca en la sierra norte del Perú, o Andes del Norte.  Es territorio alto andino que provee de agua, a las cuencas de la Amazonía y del Pacífico.  Contiene, en su estructura interna y externa, aguas subterráneas, bofedales,  humedales, manantiales y numerosas lagunas que no solamente almacenan agua, sino que, por su función en el ciclo  medioambiental, le otorgan a este la temperatura del ecosistema correspondiente.  Cambiar su estructura, removerla y reemplazarla por estructuras de cemento, fierro, plástico y estancar las aguas en reservorios, es atentar contra su propia naturaleza original.  Es lo que pretende hacer la minera Newmont-Yanacocha, con quince años de desastrosa presencia  en esa región.
La región Cajamarca, con una población que ya se acerca a los dos millones de habitantes, tiene una riqueza natural que no solamente es minera, sino uno de los más variados ecosistemas del Perú, con grandes campiñas para el desarrollo de la agricultura, la ganadería, la actividad forestal.  Sus cabeceras de cuenca, a más de 3500 m.s.n.m., constituyen fuentes de los orígenes de las vertientes del Marañón y de algunos de los ríos que bañan las costas de La Libertad y Lambayeque.
En su insaciable explotación del oro que abunda en Cajamarca, la Newmont-Yanacocha ha elaborado y presentando el denominado "Proyecto Conga" para extraer el oro que se encuentra debajo de las lagunas más extensas y esenciales del cerro Conga, proyecto aprobado en el 2010 por el gobierno neoliberal del presidente Alan García Pérez (2006-2011).
La población de Cajamarca, consciente del peligro que  significaría remover el cerro y cubrir su  superficie y subsuelo de escombros, convirtiéndolos en depositos  de relave y sustancias tóxicas, tomaron la decisión de organizarse en un Frente de Defensa Ambiental que en el 2011 empezó una lucha regional con movilizaciones, mítines y una huelga indefinida exigiendo la anulación de la concesión a la transnacional minera, lo que suponía, consecuentemente, la anulación del tramposo Estudio de Impacto Ambiental (AIE), sufragado por la propia minera.  Claro que el presidente Ollanta Humala, sin respetar su discurso electoral de la "gran transformación", defendió los intereses de la minera con policías y soldados en las calles y campos de Cajamarca, juicios y detenciones contra los dirigentes y bala para los manifestantes: la misma concepción del "orden" y de la "democracia" del Perú republicano oficial y oligárquico. 
La huelga de fines del 2011, radicalizada con una Marcha Nacional en Defensa del Agua y la Vida, obligó al gobierno del presidente Ollanta a suspender las actividades de la minera en el cerro Conga, a la vez que, como una maniobra que hoy echa agua, contrató a tres "expertos" extranjeros, dos de ellos compatriotas de los Pizarro, los Almagro y los Hernando de Luque, mismos que asesinaron a Atahualpa durante el inicio de la conquista del Perú por España, para el denominado "peritaje internacional" del AIE, cuyos resultados han sido alcanzados al gobierno  en días pasados.

La burda maniobra del peritaje

Resulta que las más de 200 páginas del peritaje internacional muy pocos han podido leer, pues fue "colgada" en internet con una serie de trabas para su impresión, incluso para leer el documento en la pantalla de la computadora, según lo vienen denunciando profesionales y analistas de indudable seriedad.  Por mi parte, enfrentando el mismo problema, he tenido que leer los análisis realizados hasta hoy en periódicos y en internet.  Todos ellos nos presentan la figura de una aval al AEI con el agregado de nuevas recomendaciones para la viabilidad del proyecto de la minera, lo que ya estaba escrito en la misma convocatoria al peritaje internacional, que partía de la premisa de producir recomendaciones para operar el proyecto sin dañar el medio ambiente, generar más agua en los reservorios e invertir en obras de desarrollo en la región Cajamarca. Pero el reciente discurso del presidente Humala (viernes 20 de abril 2012), que resume su posición a partir del peritaje entregado a su despacho, nos instruye mejor sobre el contenido de ese documento.
En uno de mis artículos sobre el Conga señalé que ese peritaje internacional no agregaría nada nuevo y no tenía ninguna misión diferente a los intereses de la empresa y sus acólitos en el Perú.  Su objetivo fundamental era crear falsas expectativas y condiciones para que la población se convenciera de las "bondades" que traería el proyecto a Cajamarca y al Perú.
Desde que empezó el peritaje, la empresa Newmont-Yanacocha desplegó una agresiva campaña de propaganda en radio, televisión y periódicos, difundiendo en millonarios encartes todo tipo de promesas para Cajamarca. 
Los periodistas encargados de los programas de radio y TV, especialmente las "estrellas" de dichos programas, no se cansaron de loar el proyecto e insultar a los dirigentes del FEDAC y de los demás frentes de lucha.  El gobierno trató de amedrentar al Presidente de la Región Cajamarca Gregorio Santos con juicios y control de su administración, proceso en el cual ha jugando su papel el Tribunal Constitucional que declaró inconstitucional el acuerdo del gobierno regional de Cajamarca que declaraba inviable el proyecto Conga y  la intangibilidad de la  cabecera de cuenca Conga.
El presidente Humala, con el documento del peritaje, dio un mensaje con un discurso realmente demagógico al decir que, ahora sí, todo está resuelto y se abre el diálogo para que el proyecto siga adelante.  Entre las condiciones más "duras" que establece es, al parecer, la no conversión de dos de las lagunas en depósitos de basura minera, pero manteniendo la construcción de los reservorios de agua garantizando un mayor volumen para el uso humano y de la agricultura, sin decir de dónde saldrá el agua para llenar esos depósitos.  El presidente peruano actual, pues, sigue impertérrito en su opción del oro antes que el agua, aunque diga lo contrario.

Pero la lucha continúa

La maniobra del peritaje no ha cumplido su objetivo de convencer a los dirigentes y al pueblo de Cajamarca para que estos den su visto bueno al proyecto minero de Conga.
Por el lado de la prensa de la derecha, que copa el 99% de los medios de comunicación, hay una articulada campaña para predicar que se ha abierto una nueva posibilidad de diálogo para el consenso basado en los resultados del peritaje.  Ya no debe haber lugar para la intransigencia, dicen, pues el peritaje resuelve las deficiencias del AIE cuestionado. 
Uno de los comentaristas más reaccionarios del Perú, Jaime de Althaus, fanático defensor del modelo neoliberal desde el no menos reaccionario diario El Comercio de Lima y su Canal abierto N (8), acaba de decir que los que siguen oponiéndose al proyecto Conga "no saben leer", "no entienden" el texto de los peritos extranjeros, quienes, como se sabe, volaron lo más rápido posible a Europa llevándose un buen botín extraído del presupuesto nacional por producir casi una clonación del AIE.  Este aprendiz de brujo sigue afirmando que en el Perú se ha producido una "revolución capitalista", afirmación que, en el mejor de los casos, no merece ni el desprecio.
Un paso importante de la lucha en defensa de la cabecera de cuenca Conga es la unidad que se está buscando consolidar en Cajamarca para esta nueva etapa de la lucha, ante las maniobras del gobierno y de la minera para dividir al pueblo y a sus dirigentes.  Esta unidad ha permitido hacerle llegar al gobierno un plazo adecuado para que declare la inviabilidad del proyecto Conga y, al mismo tiempo, programar la huelga del pueblo de Cajamarca desde el 31 de mayo del año en curso.
La perspectiva para el pueblo es la lucha.  La del gobierno, por lo que acaba de señalar el presidente Humala, es de defensa del proyecto minero.  Un diálogo que se plantea para discutir las condiciones de la viabilidad del proyecto no tiene sentido, pues la cuestión fundamental, central, del conflicto, es la intangibilidad de la cabecera de cuenca. Más agua disponible para el uso humano y para actividades económicas no depende de reservorios, si no del encausamiento sostenible de la riqueza acuífera existente.
Para la minera Newmont-Yanacocha y las demás transnacionales la viabilidad del proyecto Conga es la luz verde para depredar todas las cabeceras de cuenca en el Perú. 
Para el pueblo peruano y los intereses nacionales el triunfo del pueblo de Cajamarca será el de todos los que defendemos nuestros recursos naturales, nuestra dignidad y todas las cabeceras de cuenca.
Lima, abril 25 del 2012
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lunes, 9 de abril de 2012

5 DE ABRIL 1992: GOLPE DE ESTADO NEOLIBERAL EN EL PERÚ


José Ramos Bosmediano
 
El 5 de abril de 1992 la cúpula gobernante presidida por Alberto Fujimori Fujimori, cuyo gobierno se inició el 28 de julio de 1990, perpetró un golpe de Estado a las 10 de la noche, anunciando que iniciaría un "gobierno de reconstrucción nacional".  La justificación formal del golpe de Estado coincidía con el sentimiento de la mayoría de los peruanos sobre el accionar de las instituciones del Estado y la situación económica y política del país: un Poder Legislativo convertido en un verdadero "Establo de Augías", un Poder Judicial totalmente desprestigiado por su accionar corrupto, una economía quebrada cuya expresión más rotunda era la hiperinflación del primer gobierno aprista, y un proceso de violencia política que tenía como protagonistas Sendero Luminoso, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y las Fuerzas Armadas con su aparato de represión indiscriminada.  A esos elementos favorables al golpe de Estado debe agregarse la crisis política en su conjunto, con las fuerzas revolucionarias de izquierda que, luego de un largo proceso de prédica a favor de la lucha armada por el poder, no habían pasado de conquistar electoralmente un importante número de municipalidades y algunos gobiernos regionales, de cuya administración no hay nada que rescatar como sustancialmente diferente a lo actuado por la derecha en tales gobiernos.  A lo que debe agregarse el ostensible declive del movimiento popular y sindical, cuya beligerancia tuvo su momento más importante entre 1977 y 1979, configurando una situación pre revolucionaria que obligó a la dictadura militar encabezada por el General Francisco Morales Bermúdez Cerrutti la convocatoria a una Asamblea Constituyente y a nuevas elecciones generales: la vuelta a la democracia formal de siempre.   Cuando Sendero Luminoso se lanza a su aventura anarco-terrorista en abril de 1980, el movimiento de masas en el Perú estaba en franco proceso de debilitamiento y reflujo, proceso que se aceleró durante toda la década con los despidos masivos de trabajadores y el debilitamiento de los sindicatos.
Las motivaciones aparentes de un felón
La dictadura que se inició el 5 de abril, para hacer más creíbles sus argumentos y evitar, de paso,  algunas reacciones que alborotarían la nueva situación, cerró el Parlamento y ordenó la detención de tres parlamentarios, amagando también la persecución del ex Presidente Alan García Pérez, además de tomar los locales del Sindicato Único de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP) que era conducido por el autor del presente texto como Secretario General, y de la CGTP, central de los trabajadores del Perú fundado por José Carlos Mariátegui en 1929.
El nuevo régimen dijo que sus propósitos fundamentales eran: acabar con la crisis económica y reconstruir el país, derrotar la violencia de los alzados en armas y eliminar la corrupción.  Exactamente lo que la mayoría de peruanos sentía como hechos necesarios,  que explicaba el más de 80% de apoyo de la población al golpe de Estado y, por supuesto, la misma proporción de rechazo a la llamada democracia que ha imperado en el Perú republicano y que hoy también merece la misma reprobación, y a la que los mismos fujimoristas que le apedrearon hace 20 años se han acomodado y aspiran administrarla sin que ninguna  de sus taras haya sido eliminada. 
A los 20 años de aquel golpecillo de traficantes del poder en el Perú, los políticos y "analistas" se refieren a él con criterios tan superficiales que solo sirven para justificar su defensa del sistema económico y social imperante antes y después del golpe de Fujimori y Montesinos, mediocres y despreciables personajes creados por las no menos despreciables circunstancias políticas.
La razón de fondo del golpe de Estado del 5 de abril de 1992
Entre 1960 y 1980 el Perú asistió a dos posibilidades de su existencia como país: o se mantenía el sistema económico y social impuesto por las clases dominantes bajo la férula del imperialismo; o la creación de un orden nuevo, que no sería otro que el socialismo.
La posibilidad de una revolución en el Perú se tornó más clara a principios de los años 60 del siglo XX cuando aparecieron, en el ambiente de avance de los movimientos revolucionarios en el mundo y en América Latina, por lo menos dos fuerzas guerrilleras que actuaron entre 1963 y 1966, derrotados definitivamente como tales.
Vino después el proceso de reformas burguesas de la dictadura militar instalada el 3 de octubre de 1968 en el marco de las reformas preventivas de la Alianza para el Progreso, cuyo objetivo fundamental era neutralizar y derrotar la ola revolucionaria en nuestra América de aquellos años. Las reformas velasquistas de 1968-1975, si bien es cierto finiquitaron el ocaso de la vieja oligarquía (terratenientes y burguesía comercial-financiera) y generaron, eventualmente,  un nuevo trato con el capital imperialista, no constituyó una transformación estructural de fondo, pues los viejos mecanismos del poder seguían enfrentados a las clases explotadas.  Bastó que un felón y bribón diera el golpe de Estado el 29 de agosto de 1975 para que todo el andamiaje de reformas se viniera abajo sin que nadie se haya preocupado en defender al régimen de la "primera fase".  Fueron las clases explotadas (clase obrera, clase campesina y pequeña burguesía empobrecida de las ciudades) las que siguieron luchando en las calles y en el campo, mientras que la derecha solo esperaba un mejor momento para participar en el nuevo proceso electoral programado para abril de 1980. No hay que olvidar que el APRA, con Haya de la Torre todavía, se alió, en la práctica, a la dictadura de Morales Bermúdez, oponiéndose y boicoteando las huelgas de los trabajadores.
Las clases dominantes en el poder durante los años 80 fueron incapaces de dar al Perú un rumbo diferente como para acabar con la crisis generalizada de la sociedad, cuya expresión más visible era la crisis económica marcada por la impagable deuda externa que tenía acogotado al país y cuyo pago exigía reducir los presupuestos públicos en educación, salud y otros servicios sociales, además de reducir los salarios de los trabajadores del Estado: un evidente deterioro de la vida social que exigía cambios inmediatos. 
La alternativa violentista de Sendero Luminoso y del MRTA se tornaron en obstáculos para la organización revolucionaria de las masas, mientras la Izquierda Unida, constituida como un referente progresista para amplios sectores populares, no pasó de una mera fuerza electoral llena de contradicciones internas que, al final, la volvieron intransitable, incluso como unidad política.
En tales circunstancias del Perú se presentaba, en el plano internacional, el nuevo orden capitalista  con su modelo neoliberal ante el fracaso del "Estado del Bienestar" y del modelo de "sustitución de Importaciones" en América Latina, neoliberalismo elaborado como programa de  largo plazo para garantizar que las tasas de ganancia del gran capital se recuperaran a los niveles que alcanzaron  durante  las décadas pasadas (1950-1970).  Esta ola ya se llegaba a percibir en el Perú desde los "paquetazos" y los brotes de privatización de la dictadura de Morales Bermúdez,  la reprimarización de la economía peruana del segundo belaundismo (1980-1985), pero también desde el primer gobierno aprista (1985-1990) con dos nuevos "paquetazos" encubiertos con la verborrea del "no pago de la deuda externa" que, por lo demás, el gobierno del Presidente Belaúnde dejó de pagar por insolvencia desde 1984.  En realidad, la aún presencia de un movimiento obrero y popular todavía con cierta capacidad de respuesta, impedía a los gobiernos de los 80 imponer el neoliberalismo, tal como se estaba desarrollando en Chile desde el golpe de Estado de Augusto Pinochet Ugarte, y desde 1988 en Brasil con el Presidente Collor de Melo, para hablar solo de América Latina.
En el Perú de fines de los 80 y principios de los 90 las condiciones para imponer el nuevo modelo no eran, pues, muy propicias.  Es así que la propuesta neoliberal de Mario Vargas Llosa, notable predicador de los intereses de la gran burguesía internacional, no mereció sino el rechazo del pueblo peruano, incluyendo algunos sectores liberales influidos por el keinesianismo de décadas pasadas y, por supuesto, de las fuerzas de la dividida izquierda.  Ante la prédica neoliberal de Vargas Llosa que incluía la  privatización de la educación y un shock que ya había producido el "caracazo" en Venezuela, la tendencia electoral fundamental de 1990 se inclinó, aun antes de la primera vuelta, hacia "Cambio 90" de Alberto Fujimori Fujimori, cuyo equipo inicial de asesores estaba formado por militantes de uno de los partidos de la izquierda peruana, despedidos luego de la victoria en segunda vuelta.  En junio de 1990 triunfó la posición del "no shock".
El shock neoliberal del 8 de agosto de 1990 perpetrado por el fujimorismo bajo la invocación de Dios ("que Dios nos ayude", terminó diciendo el delincuente ex Ministro de Economía y Finanzas Hurtado Miller) avizoraba el programa neoliberal que el nuevo Presidente había negado durante la  campaña electoral. Luego vinieron el plan para la reducción del aparato estatal y el consiguiente despido masivo de trabajadores públicos, el congelamiento de los derechos de estos trabajadores, el proyecto de una Ley antiterrorista que arrasaba con los derechos humanos, encontrando en la oposición parlamentaria de derecha e izquierda un obstáculo, pero también en el movimiento sindical que en 1991 desarrolló un vasto movimiento huelguístico que comprometió a los trabajadores estatales y al proletariado minero, siendo la huelga del SUTEP el movimiento más importante que durante 109 días enfrentó el plan de privatización de la educación que luego se plasmaría legalmente con el Decreto Legislativo 699 y los Decretos Leyes 26011, 26012 y 26013, derogados por la presión de los maestros pero hoy revividos en la nueva Ley de Educación 28044 (2003) y en la Ley de Carrera Pública Magisterial 29262 (2007).
Lo que hoy ocultan los analistas de la derecha peruana es que el golpe del 5 de abril fue planificado y ejecutado por los dueños del gran capital nacional e internacional, sus operadores políticos y militares de aquellos años bajo las orientaciones de los organismos internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, a los que se sumó la Organización Mundial del Comercio que norma los TLC) como bien lo afirma el sociólogo Sinesio López Jiménez ("El fujimorismo en su lugar".  La República de Lima, 08/05/2012, p. 10), ha tenido como motivación y objetivo fundamental imponer el programa neoliberal a través de un régimen autoritario, pues es por todos conocido que las políticas neoliberales no podrían merecer el apoyo del pueblo mediante consultas populares.
La aplicación del modelo neoliberal se configuró "constitucionalmente" el 31 de octubre de 1993 con la aprobación fraudulenta de una nueva Constitución que estableció normas contrarias a las de la Constitución aprobada en 1978, que recogía importantes reivindicaciones de los trabajadores y del pueblo, el carácter regulador del Estado liberal y su rol conductor de la economía y los servicios frente al capital privado nacional y extranjero, a diferencia de la actual Constitución neoliberal que reduce al Estado peruano a la subsidiariedad frente al capital internacional.  Con el golpe de Estadlo de 1992 se impone en el Perú una reorientación del capitalismo tendiente a privatizar el aparato económico y los servicios básicos, desregular las relaciones laborales destruyendo los derechos de los trabajadores públicos y privados, poner a disposición de los grandes inversionistas los recursos naturales a través de contratos leoninos e inmodificables en el largo plazo. 
Después de 20 años de aquel golpe de mano el Perú se ha convertido en un Estado neoliberal, débil para las transnacionales y los monopolios nacionales, pero muy duro para el pueblo y los trabajadores, cuyos reclamos y protestas son respondidos, desde el gobierno central, con la policía y las fuerzas armadas a las que el nuevo Presidente de la "gran transformación" acaba de reivindicar como las "fuerzas tutelaras de la patria", título que la vieja oligarquía inventó para mantenerlas al lado de los poderosos en nombre de la patria, precisamente.
Este objetivo fundamental explica fehacientemente el apoyo cohesionado de la gran burguesía peruana, de los organismos  internacionales del capitalismo y de los dueños de los grandes medios de comunicación, convertidos en parlantes del fujimontesinismo.
En el nuevo clima del libre mercado en su extrema expresión florecieron los negocios a costa del Estado sin respetar, incluso, las normas de procedimiento, dando paso a la corrupción más envilecedora que se extendió hasta los niveles más bajos de la administración pública; corrupción y robo que, solo calculando lo apropiado por la cúpula gobernante, asciende a los 6 mil millones de dólares americanos, de los cuales no se ha recuperado ni el 5%.  A partir de esta situación los gobernantes de los últimos cincuenta años suelen afirmar que ellos no robaron tanto, en una especie de concurso grotesco y despreciable sobre quién robó menos. 
La situación del Perú como país primario-exportador, con la presencia arrogante de los depredadores de los recursos naturales y del medio ambiente, con una "canasta básica familiar" de 268 soles mensuales considerada como superación de la pobreza según la cínica estadística del actual gobierno, los numerosos conflictos medioambientales cuya "solución" siempre es favorable a las transnacionales de la minería y de los hidrocarburos, la existencia de los service como modalidad de la nueva esclavitud asalariada de millones de trabajadores obligados a laborar 12 horas diarias, el avance de la educación y la salud en manos privadas y el deterioro consiguiente de esos servicios públicos, el imperio del narcotráfico en numerosas regiones del país, entre otros elementos del orden neoliberal imperante, son impensables sin el golpe de Estado del 5 de abril de 1992.  Es lo que enorgullece al pequeño grupo que se ha beneficiado y que apoyó al fujimorismo en el último proceso electoral y que seguirá dispuesto, qué duda cabe, a jugarse entero en un nuevo proceso electoral si las circunstancias lo ameritan.  Por hoy, ese grupo está contento con la continuidad del programa neoliberal a partir del 2000, como lo están los organismos internacionales que proclaman al Perú como una "economía envidiable".
La actual administración del Presidente Ollanta Humala se ha convertido en la nueva defensora del programa neoliberal, acicalándolo con algún cambio irrelevantes, pero decidiendo a favor de la Newmont-Yanacocha en Cajamarca, por ejemplo.
¿Cómo no han de sentirse orgullosos de su oscuro accionar los fujimoristas si los "demócratas" neoliberales están orgullos de su herencia"
¿Y la política de "pacificación?
La "pacificación" fujimorista tuvo dos objetivos: derrotar a Sendero Luminoso y al MRTA, por un lado y, por otro, al movimiento  sindical y popular que, aunque debilitado, no estaba dispuesto a mantenerse inerte ante los atropellos contra sus derechos.
Fueron tantos los crímenes del senderismo y tan contraproducentes sus tesis sobre la violencia como un fin en sí misma, que su derrota se venía produciendo a contrapelo de su proclamado "equilibrio estratégico" que solo existía en la cabeza del metafísico Abimael Guzmán Reynoso.  Desde 1988 Sendero Luminoso dejó de tener presencia en los numerosos sindicatos obreros que conducía en la gran Lima.  Su presencia en el movimiento magisterial del SUTEP se convirtió en un pequeño grupo cada vez más aislado de las masas, solamente tenido como "preponderante" por la prensa fujimorista y periodistas que hoy se proclaman "líderes de opinión"  con el objetivo de desconocer al sindicato y justificar la reforma educativa neoliberal.
Sendero Luminoso, pues, no solamente estaba acorralado por su aislamiento respecto de las masas, sino que también estaba infiltrado, lo que facilitó al SEIN (Sistema Especial de Inteligencia creado durante el primer gobierno aprista y no por el fujimorismo) la ubicación exacta de Guzmán Reynoso y demás líderes de su dirección central, al margen del accionar criminal de las Fuerzas Armadas y su grupo clandestino COLINA.
Tal como ocurrió con su conquista electoral de 1990, que le cayó del árbol ampuloso de la verborrea neoliberal de Mario Vargas Llosa, la detención del "Camarada Gonzalo"  no fue el producto de una estrategia de Fujimori-Montesinos, sino el acontecimiento que ocurrió un día en que el Presidente Fujimori descansaba fuera de Lima. 
La derrota del MRTA fue menos espectacular en correspondencia con su menor trascendencia como fuerza insurgente.  No tenía la estructura nacional del senderismo ni la ideología revolucionaria, así sea plagada de campesinismo y anarquismo, de Sendero Luminoso con su "maoísmo" estentóreo y desfasado de la situación económica y social del Perú de fines del siglo XX.  Cuando  conocí directamente a Abimael en 1975, en su propio "territorio" político, me defraudó como expositor y mucho más como argumentador. Pero ya era el ídolo de sus seguidores.
Pero al lado de la lucha contra el terrorismo al fujimorismo le interesó más hacer desaparecer al movimiento sindical, misión para la cual encontraba en el senderismo un aliado eficaz, aunque no buscado.  Con el debilitamiento y destrucción del movimiento sindical el régimen neoliberal podía imponer con más facilidad sus "reformas estructurales", como viene ocurriendo en los países europeos donde los sindicatos han perdido su fuerza de antaño.
Construcción Civil y el SUTEP fueron los únicos sindicatos nacionales que dieron batalla al fujimorismo en los años 90, con un movimiento que desembocó en la denominada Marcha de los Cuatro Suyos, audazmente liderada por un sector de la derecha bajo la conducción del neoliberal Alejandro Toledo que contó con el auspicio logístico del empresario Soros.
Después de los 20 años
Para los trabajadores y el pueblo peruano es una necesidad política valorar con objetividad   al fujimorismo en su situación actual y sus perspectivas, pues constituye aún, como acaba de afirmar el sociólogo Julio Cotler, uno de los signos de la política nacional.  Es signo porque tiene presencia como fuerza dirimente en los asuntos de Estado, como lo viene demostrando al ser requerido por el propio gobierno del Presidente Ollanta Humala para aprobar medidas económicas y políticas de "interés común"; porque es una fuerza electoral de indudable apoyo popular al margen de su pútrida existencia; porque los nuevos dueños del país le tienen como su principal soporte social y político a favor de sus no menos sucios y antinacionales intereses; y, en fin, porque el programa neoliberal vigente y defendido por las clases dominantes y sus partidos sigue siendo la orientación absoluta de todos los gobiernos a partir del 2000, hasta hoy. Nada de lo hecho en los 12 años del siglo XX en el Perú en materia de economía, medidas políticas y sociales están en contra ni al margen del programa neoliberal que el fujimorismo impuso con su golpe de Estado. Hasta el clientelismo político que practica la derecha se ha refinado a partir del fujimorismo.
La afirmación de Vargas Llosa sobre la presunta desaparición del fujimorismo carece de fundamento, pues él mismo sigue defendiendo el mismo programa, a la vez que soslaya las condiciones objetivas (pobreza y profundas desigualdades sociales) que explican la presencia de la mafia fujimorista.
La derrota del neoliberalismo en el Perú supone también una lucha sin cuartel contra el fujimorismo y toda la derecha que le secunda en la defensa del modelo, que no es, como suelen afirmar algunos, un momento de "revolución capitalista" en el Perú, sino la reorientación de ese dominio bajo la globalización neoliberal imperante en el mundo.
El futuro del Perú se juega, en gran parte, en esa lucha inclaudicable  contra el capitalismo que tiene hoy en el neoliberalismo su modelo más esclavizador y embrutecedor, como si viviéramos en los siglos de su etapa comercial-industrial de los siglos XVIII y XIX.
Solamente la organización de una fuerza nueva y socialista que sea capaz de comprometer con su ideario y su programa a la clase obrera,  al pueblo explotado, a los sectores patriotas y a la intelectualidad progresista nos permitirá derrotar a las fuerzas de la derecha y conquistar el poder para transformar nuestro país desde una nueva perspectiva.
Lima, abril 08 del 2012
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miércoles, 21 de marzo de 2012

Perú 2012: Mario Vargas Llosa y su seminario neoliberal


José Ramos Bosmediano
 
La Fundación Internacional para la Libertad, propiedad del escritor Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa, realiza hoy en Lima el Seminario Internacional "América Latina: oportunidades y desafíos".
El evento se parece mucho al que se realizó a principios de este mismo mes en Caracas con el título de "Palabras de Venezuela", con la participación de ex presidentes neoliberales,  sobresaliendo el ex Presidente de Chile Ricardo Lagos, perteneciente a la Concertación que durante 20 años no hizo otra cosa que desarrollar el mismo programa impuesto, desde 1973, la sangrienta dictadura de Augusto Pinochet. El evento de Venezuela tuvo como objetivo principal apuntalar la candidatura neoliberal de la ultraderecha de ese país, que encabeza Capriles
Sin dejar de buscar el mismo objetivo a favor de sus pares neoliberales para derrotar el proceso de transformaciones que se viene produciendo el Venezuela bajo la Presidencia del Comandante Hugo Chávez Frías, el Seminario de Mario Vargas Llosa pretende promover con mayor fuerza los elementos ideológicos que fundamentan y orientan el programa económico que ha asumido el gobierno del Presidente Ollanta Humala.  Lo que busca es "sellar" cualquier hendija por donde pueda filtrarse cualquier elemento del programa de la primera vuelta electoral del Presidente Humala.

Ex gobernantes, intelectuales y periodistas neoliberales juntos

Quien habla tanto de la libertad, la tolerancia y pluralismo en el campo de la política y la cultura, como Mario Vargas Llosa, ha escogido  como expositores y panelistas de su seminario a un grupo estrictamente neoliberal, dispuesto a no salirse de los paradigmas del credo neoliberal que eleva a niveles de verdades supremas el papel de la libertad individual en un contexto de hegemonía del libre mercado: individualismo puro y sacrosanto.
Están los ex presidentes Álvaro Uribe (Colombia), cuya actuación gubernamental estuvo  plagada de compromisos con el narcotráfico y los crímenes de los paramilitares; Jorge Quiroga, que condujo a Bolivia al colapso económico y moral; Vicente Fox, ultraderechista que condujo a México al imperio de la criminalidad de las mafias del narcotráfico y a una mayor dependencia del país azteca de las transnacionales de Estados Unidos y la aplicación del TLC con ese país y con Canadá en desmedro de la producción y el consumo de los bienes esenciales para la alimentación de la mayoría de mexicanos; Luis Alberto Lacalle, una de las cabezas de la vieja argolla del neoliberalismo en Uruguay, vapuleado en su propio país; Alejandro Toledo, de cuyo credo neoliberal y su actuación gubernamental del mismo signo como Presidente del Perú todos conocemos; Josefina Vásquez, la hoy candidata presidencial en México por el partido de Fox y el saliente Felipe Calderón; José Piñera, uno de los fundadores (creador le llaman sus amigos financistas) de las estafadoras AFP, cuyas miserables  pensiones los chilenos conocen bien ; Carlos Alberto Montaner, nacido en Cuba pero amamantado desde hace más de 40 años por el dinero del gobierno de Estados Unidos para "trabajar" para que los yanquis recuperen Cuba, en nombre de la democracia y la libertad; Enrique Krauze, el único, al lado de Mario Vargas Llosa,  que merece el título de intelectual, como académico de la derecha neoliberal de México.  Y  Mario Vargas Llosa, el organizador del seminario y ponente de cierre que dirá la última palabra de orientación.
No podían faltar tres de los más pasables periodistas neoliberales que hoy "brillan" en el Perú, cuidadosos cuando escriben para que su verdadero pensamiento se esconda mejor en la prédica moralista que dicen profesar: Rosa María Palacios, Augusto Álvarez Rodrich y Juan Carlos Tafur.

Ideas y propuestas anunciadas

Antes de realizarse el seminario, sus ideas y sus propuestas fundamentales son ya  suficientemente  conocidas a través de las permanentes declaraciones y publicaciones de los promotores del evento: Mario Vargas Llosa y Álvaro Vargas Llosa, padre e hijo.
"Alvarito", en una de las páginas de opinión de La República del domingo 18 de marzo, tomando como pretexto el 200 aniversario de la Constitución de Cádiz (España, 1812), señala con ligereza que esa Constitución, liberal por cierto, consagraba exclusivamente la libertad de expresión y de mercado, lo que es obvio en toda carta política fundamental de ideología liberal; pero ocultando que la razón de ser de ese documento, como expresión jurídica del momento que vivía Europa bajo el influjo de la Revolución Francesa y su proyección hemisférica con Napoleón Bonaparte, fue la lucha contra la monarquía y sus estructuras conservadoras.  Que hoy, un bisoño neoliberal como el hijo del escritor pretenda establecer relaciones entre aquel acontecimiento y los ideales de los neoconservadores (neoliberales), es parte de su acostumbrado diletantismo, que le llevó, en algún momento, a plagiar un texto de la historiadora María Rostorowski.  Si la Constitución de Cádiz hubiese sido asimilada y aplicada por los liberales de América Latina, hace tiempo que nuestros pueblos hubiesen dejado atrás las ataduras con el poderío extranjero de Estados Unidos que declaró su papel hegemónico desde 1823 (Doctrina Monroe, del republicano James Monroe).  Para los neoliberales esta atadura no solamente es provechosa para "nuestro desarrollo", sino que debe perdurar.
Pero en la misma edición de La República, Mario Vargas Llosa anticipa lo que será el flanco de ataque de su disertación del día 20 en la Universidad de Lima: la "izquierda radical" que hoy, según él, "se refugia en el ambientalismo", tratando de minimizar el programa de la izquierda, programa que se reduciría a un solo componente, la defensa del medio ambiente, aparentemente sin mayor peso para las sociedades actuales.  Por supuesto, no faltarán sus ideales supremos sobre la libertad de expresión, la libertad del individuo por encima de los intereses colectivos, el poder demiúrgico del libre mercado como motor del desarrollo, la modernidad y el progreso: todas estas ideas que fueron mejor expresadas, desde los intereses de los grandes capitalistas, por Karl Popper y la mayoría de  los neopositivistas.
Resulta que el ambientalismo (que no es uniforme, pues hay un ambientalismo de derecha y otro de izquierda), en su versión de izquierda, no es un enfoque conservador ni simplemente "radical" en el sentido de posición irresponsable, sino  un componente ineludible del programa socialista en una etapa de la lucha frente al poder financiero de las transnacionales que amenazan la vida en nuestro planeta con su obsesiva actividad productivista y consumista, poniendo en peligro la supervivencia misma de la humanidad.  Ese peligro lleva a ciertos sectores y grupos organizados de la derecha liberal o socialdemócrata a luchar también por la preservación del medio ambiente, aun cuando su programa no traspase los marcos del capitalismo.  Para los neoliberales como Mario Vargas Llosa, hasta los ambientalistas de derecha son "radicales".

Un seminario en defensa del Estado neoliberal actual

El título del seminario se refiere a Latinoamérica, cuyas "oportunidades y desafíos"  nos darán a conocer sus promotores, expositores y panelistas.
Nuestras oportunidades ya tienen sus bases materiales bien asentadas en la dinámica del libre mercado, esa irracionalidad que sigue creando más hambre, más "indignados", más desigualdades humanas.  Para los neoliberales no hay otro escenario que ese para que los individuos desplieguen todas sus capacidades hasta lograr "crecer", "despegar", "triunfar", "competir" y lograr su "propio beneficio".  Las grandes empresas son nuestros paradigmas.  Ser "emprendedores" de negocios es nuestro destino.  Una buena novela que pocos leerán.
¿Y los desafíos?  No serán los monopolios que explotan nuestros recursos naturales y nuestra fuerza humana de trabajo.  Tampoco la superación de nuestra situación de dependencia respecto al poder financiero imperialista.  Mucho menos vencer el atraso de nuestra economía y la superación de las desigualdades sociales existentes. Para los seminaristas de Mario Vargas Llosa el único desafío es derrotar a los "radicales", a la izquierda y a lo que ellos llaman "el populismo" que, en el mejor de los casos, busca la redistribución de la riqueza producida por los millones de trabajadores de la ciudad y del campo.
La defensa del  Estado neoliberal está como centro del programa económico, político y cultural de los neoliberales.
Iquitos, marzo 19 del 2012
 
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