martes, 4 de agosto de 2009

OPTIMISMO DEL IDEAL, PESIMISMO DE LA REALIDAD

(Con motivo del mensaje presidencial y la realidad peruana actual)

José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP


El discurso presidencial de Fiestas Patrias en el Perú (28 de Julio) ante el Pleno del Congreso Nacional, es una obligación constitucional. Casi un ritual para dar cuenta de lo hecho por el gobierno y establecer lo que ha de hacerse en el resto de lo que queda del mandato gubernamental, que en este caso del segundo gobierno aprista, llega hasta julio del 2011, año en que el mensaje presidencial le corresponde al gobierno elegido ese año, ante el nuevo Congreso.

Pero no es solamente un ritual constitucional. Es un hecho político en la medida en que la intencionalidad del mensaje es convencer del desempeño positivo de los gobernantes de turno y de sus obras, por un lado y, por otro, generar optimismo en el desempeño del futuro inmediato.

Todos los discursos presidenciales en el Perú republicano se han orientado, principalmente, por la autocomplacencia de lo hecho y lo por hacer. El análisis de la realidad concreta ha estado ausente, así como la autocrítica no ha pasado de un golpe de pecho apelando a la trillada frase de “errores cometidos” sin especificar cuáles y sin explicar su contenido causal. A lo sumo, la enumeración de obras físicas y de las que se harán en el tiempo que queda. Sin embargo, el presidente se esmera en atacar, directamente o de soslayo, a sus opositores ideológicos, pues para sus afines no hay ninguna referencia crítica.

En el caso que nos ocupa (el discurso que pronunciara el Presidente Alan García el 28 de Julio) se ha ajustado, en lo fundamental, a lo que siempre ha ocurrido en el Perú: la demagogia y la autocomplacencia, el optimismo de la realidad y el pesimismo del ideal, convertido éste en la ingenua creencia o interesada actitud de confianza en la intangibilidad del sistema imperante que solamente requiere de algunos cambios para producir un futuro de “justicia social”. Ese futuro de “justicia social”, que Alan García denominó “futuro diferente”, carece de una visión científica de la realidad peruana, que no es para el optimismo. El “futuro diferente” del presidente García se encharca en el mismo sistema capitalista que ha creado la realidad actual del Perú que aquél no puede auscultar con objetividad. La “gran trasformación” de la que hablaba el Haya de la Torre en su fase reformista y que luego abandonó, se ha convertido en mera comparsa de la economía de libre mercado.

Quienes, antes del 28 de julio, han venido haciendo propuestas que el Presidente debiera de abordar en su discurso, también carecen de objetividad porque, en el fondo, consideran viable los cambios indispensables para “profundizar la democracia” y hacer frente al neoliberalismo, ¡con el gobierno aprista y toda la derecha neoliberal coaligada! Después del discurso, los críticos y “analistas”, algo decepcionados por no escuchar lo que quisieron, se dedican simplemente a enumerar los elementos positivos y los negativos, reclamando por las “omisiones”. Algunos de ellos, como quien ofrece sus servicios al mandón de turno, establecen algunas condiciones para el cumplimiento de las propuestas del presidente, como si éste fuera un ingenuo como para entregar sus herramientas demagógicas a personas que no sean de su entera confianza.

Con estas consideraciones, abordaré el tema del discurso presidencial y la realidad política del Perú, a partir de aquella célebre frase de José Carlos Mariátegui, “pesimismo de la realidad, optimismo del ideal”, que en Alan García es al revés.

EL CONTEXTO DE CRISIS DE LA SOCIEDAD PERUANA

Por donde se mire al Perú, la crisis histórica heredada del colonialismo español y que la administración republicana no ha podido resolver, sigue intacta en sus contenidos fundamentales.

El problema de la soberanía nacional, la formación de una nación independiente, han quedado archivadas en la escritura de las tantas constituciones, desde el Estatuto Provisorio que promulgara don José de San Martín en 1821 hasta la espuria Constitución de 1993 impuesta por la corrupta dictadura fujimontesinista . Los grandes rubros de la economía nacional (la gran minería , el gran comercio, los servicios básicos, el transporte aéreo y marítimo, las grandes obras de infraestructura vial, la exploración y extracción de hidrocarburos) se encuentran bajo el control mayoritario de las transnacionales; y las decisiones sobre políticas macroeconómicas están condicionadas por los organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, a los que hoy se unen los TLC que condicionan mucho más nuestra economía a los intereses del capitalismo mundial globalizado. Todos los condicionamientos extranjeros de nuestra vida nacional en el siglo XIX se han prolongado al siglo XX y continúan en este siglo XXI, cambiando, en algunos casos, las formas y los protagonistas, pero no el contenido de subordinación a que estamos sometidos.

Las grandes desigualdades sociales y culturales, que tienen su base en las desigualdades económicas, no solamente se han mantenido, sino que se han profundizado, principalmente en los últimos 20 años de predominio neoliberal, cuya lógica es elevar la tasa de ganancia del gran capital y reducir los salarios de los trabajadores, extendiéndose las diferencias hacia los demás sectores oprimidos de la sociedad: desocupados, campesinos, población excluida, en general, del funcionamiento de una economía de mercado neoliberal.

El Perú camina a la deriva. La planificación de la economía y la construcción de un proyecto nacional de desarrollo han estado y están ausentes en el manejo del Estado. Los únicos que planifican en el Perú son los grandes empresarios en función de sus objetivos estratégicos. El Estado peruano no hace sino adecuarse a esta planificación empresarial privada para programar las obras y las inversiones que faciliten el funcionamiento de los intereses privados. En el mejor de los casos, el Estado peruano reduce sus competencias y funciones a las pequeñas obras públicas que tienen escaso impacto en la economía nacional y en la vida de los peruanos.

La situación de la educación y la salud se explican por lo anterior. Ante la ausencia de un proyecto nacional de desarrollo, es impensable una educación que corresponda a ese desarrollo, al igual que un servicio de salud compatible con las necesidades de los peruanos, sin las diferencias que se han venido acentuando con el proyecto neoliberal y sus orientaciones privatizadoras.

El producto de la crisis histórica de la sociedad peruana, del Estado y sus instituciones fundamentales, es un conjunto de manifestaciones cada vez más alarmantes: la delincuencia organizada y armada, incluyendo elementos de las fuerzas policiales como componentes de las bandas; la corrupción generalizada en el manejo de las instituciones del Estado; una conducta colectiva complaciente con la corrupción a cuenta de “las obras” del gobernante o funcionario corruptos; la administración de la pobreza y su encubrimiento a través del asistencialismo-clientelismo desde el Estado y desde los empresarios que utilizan sus “donaciones” para crear su propia imagen de empresarios con “responsabilidad social”, nueva versión de las “filantropía” de la vieja oligarquía peruana. Por donde se mire, estas manifestaciones corresponden a un país donde una minoría tiene mucho frente a una mayoría que carece de los ingresos y los servicios mínimos necesarios para una vida digna.

¿Está cambiando esa realidad en los últimos 20 años de administración neoliberal? Si decidimos denominar cambio social al conjunto de obras que los gobiernos suelen realizar como parte de sus responsabilidades ordinarias, sin hacer variar las relaciones sociales de desigualdad imperantes, la respuesta puede ser positiva. Pero si por cambio social se entiende –como debe entenderse- el cambio de rumbo de una sociedad, la respuesta es negativa. Los gobiernos de Augusto B. Leguía (su “Oncenio”, 1919-1930) y de Manuel A. Odría (su “Ochenio”, 1948-1956) han sido pródigos en obras públicas pero no produjeron cambio social alguno, lo que también ha ocurrido con lo realizado por la dictadura de los años 90 del siglo XX (fujimontesinismo).

El sector más oprimido y marginado de la sociedad que por primera vez tiene un camino, una carretera, una posta de salud, etc., tiene una percepción positiva desde el punto de vista de sus intereses inmediatos, sin proyectarse al futuro para superar los problemas fundamentales del Perú, pues, para esos compatriotas, el conocimiento de la realidad, de su realidad, se reduce a lo sensorial de lo inmediato. Este comportamiento es aprovechado por la política criolla peruana con fines demagógicos y de lucro, proyectando su concepción alienada a la población que manipula con los denominados hoy “programas sociales” (FONCODES, PRONNA, JUNTOS, etc), programas que el Banco Mundial ha impuesto en casi todos los países latinoamericanos, con otras denominaciones pero con los mismos objetivos: compensar los desastrosos efectos sociales que producen las políticas neoliberales y frenar, al mismo tiempo, la capacidad de lucha de los sectores oprimidos.

La realidad del Perú como sociedad y país, tal como es, no puede sino generar un rechazo (pesimismo) en quienes pretendemos, verdaderamente, cambiarla por una realidad que hay que construir y que es posible a partir de las potencialidades humanas y naturales (optimismo). Para los intereses de las clases dominantes y sus fuerzas políticas en el Perú actual, esta realidad debe mantenerse; y si hay que hacer cambios, estos no deben alterar las vigas maestras del funcionamiento del sistema económico-social imperante. Bajo ese esquema invertido conciben y actúan. políticas económicas, sociales y culturales; enfrentan los períodos de crisis con medidas coyunturales y responden a las exigencias populares con represiones físicas y judiciales, como viene ocurriendo en estos años con la judicialización y penalización de las protestas laborales y populares (Decreto Legislativo No. 982).

Un lúcido intelectual, el escritor Carlos Meneses, no podría ser más explícito y contundente para definir al Perú de hoy: “Lo veo peor que antes, ha hecho un viaje a la pobreza. El Perú en lo que no ha acertado nunca es en tener un buen presidente, en casi doscientos años de vida republicana. Me cuesta trabajo creer que el Perú a causa de eso desaparezca. Me pongo en el otro plano y no sé qué pasará, creo que frente a la grave situación peruana, debe haber una toma de conciencia de los intelectuales porque los políticos han fracasado” (La Primera de Lima, 01 / 08 / 2009, Entrevista UN VIAJE A LA POBREZA, pp. 12-13). Aunque la última afirmación de la cita sólo apela a la responsabilidad de los intelectuales, su pesimismo de la realidad tiene suficientes fundamentos como para desmentir las displicentes afirmaciones de un presidente típico de la república criolla, como es Alan García Pérez.

En este contexto, resumido también por el historiador Heraclio Bonilla (ver: “La trayectoria del desencanto / El Perú en segunda mitad del siglo XX. Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos. Lima. 2009, pp. 193-207), el presidente García Pérez planteó, durante la campaña electoral del 2006, un plan de gobierno de “cambio responsable”, cuyo contenido fue muy bien interpretado por los empresarios y toda la derecha neoliberal, cuyo apoyo fue determinante para su triunfo electoral en la segunda vuelta. Y así como en su primer gobierno, con un discurso teñido de liberalismo radical, sólo se dedicó a administrar la crisis sin ningún proyecto coherente de transformaciones, en este segundo gobierno se convirtió en el mejor testaferro del programa neoliberal, tratando de avanzar más allá de lo hecho por su antecesor Alejandro Toledo, en cumplimiento de las “reformas estructurales de segunda generación” para seguir “modernizando” el Estado, es decir, adecuarlo mejor a los requerimientos del TLC firmado con Estados Unidos y seguido por otros con el gran capital extranjero.

El camino elegido por el segundo gobierno aprista es el que ha marcado la tónica, el método y los contenidos de su reciente mensaje residencial. Como lo ha señalado el escritor Julio Ortega (La República de Lima, Entrevista, 29 / 07 / 2009, p. 6), el jefe aprista ha ofrecido un “menú de todo”, una especie de mixtura programática para dar la impresión de servir la mesa a todos.

DEMAGOGIA Y AUTORITARISMO

El discurso presidencial fija como objetivos básicos de la acción gubernamental hasta el 2011 generar “orden” e “inclusión”

El orden define el autoritarismo creciente a medida en que la población ha venido sintiendo y captando la orientación proempresarial del gobierno, su entraña proimperialista y el manejo corrupto de la administración pública, desarrollando numerosas luchas que el gobierno enfrentó con la represión. Y no se trata solamente de la represión al movimiento popular, cuyo extremo, hasta hoy, es el trato despectivo y punitivo contra el movimiento indígena amazónico y sus principales líderes, sino que también trasuntan autoritarismo el conjunto de decretos promulgados al margen de la opinión de los sectores que, de una manera u otra, son afectados por las decisiones económicas y sociales que implican. Hasta los analistas y periodistas de opinión que comulgan con las políticas neoliberales admiten que el autoritarismo es uno de los rasgos más sobresalientes del gobierno aprista, abiertamente expuesto con motivo de la lucha indígena.

La voz de “orden” ha sido consustancial a los gobiernos peruanos que han enfrentado conflictos con el pueblo. A mayor polarización social, no tuvieron mejor salida que desenfundar el látigo y el sable para “escarmentar” a los que “atentan contra el orden público”. El discurso de García Pérez apela, nuevamente, al “complot internacional” que “manipula” a los que luchan en el Perú por sus legítimas exigencias para pedir a la policía que “usen sus armas” para resguardar el orden. La “guerra fría” de la que habló no es sino la aplicación criolla de la “guerra del bien contra el mal” que esgrimiera George W. Bush para lanzar su “guerra preventiva”. La guerra preventiva de García, siendo cómica, tiene elementos trágicos en la matanza de campesinos, de nativos y policías. La policía sabe hoy que puede matar sin que nadie le reclame nada porque su acción está protegida por una de las leyes de este gobierno, el decreto legislativo 982. En el momento actual los dirigentes indígenas son perseguidos por la muerte de policías el 5 de junio en Bagua, pero los policías que han matado indígenas son considerados “héroes” (¿?).

El autoritarismo aprista se inscribe, pues, en la tradición autoritaria del Estado peruano republicano. Hoy se pone al servicio del neoliberalismo cuya consolidación es una de las tareas que se ha propuesto la dirigencia aprista y toda la derecha peruana.

El objetivo de la “inclusión”, palabreja generalizada por el Banco Mundial para dar la impresión de que el neoliberalismo puede tener “rostro humano”, no pasa de ser un planteamiento demagógico en todos los terrenos de la acción gubernamental. Para encubrir el centralismo en las decisiones presupuestas de acuerdo con el Marco Macroeconómico Anual, elaborado bajo la autoridad del FMI de acuerdo con las cartas de intención, verdaderos documentos de subordinación del Perú a ese organismo de dictadura económica internacional, el gobierno ha establecido los denominados “presupuestos participativos”, a cuya sombra se protegen todos los actos de corrupción y las campañas reeleccionistas de alcaldes y autoridades regionales. En educación, se encarga la “inclusión” de niños discapacitados (niños con necesidades educativas especiales) a los maestros de la educación básica con sobrecarga docente y con escaso apoyo de especialistas en ese tipo de pedagogía especializada. En materia de salud, se implanta el Sistema Integral de Salud sin el financiamiento necesario, así como se proyecta el aseguramiento universal cuando ni los afiliados actuales tienen una atención compatible con sus necesidades.

La demagogia reside en ofrecer inclusión en un país donde se acentúan más las desigualdades sociales y donde la privatización de los servicios básicos constituye una parte importante de los negocios empresariales, partiendo del “mundo competitivo” como una realidad imposible de ser puesta en tela de juicio, cuyo cuestionamiento significa oponerse al progreso y al desarrollo. Y es que la palabra “inclusión” se ha generalizado como la metáfora de la “depuración” de la justicia social en nuevas condiciones, así como “equidad” se ha impuesto como metáfora de la igualdad social. Ésta, para los neoliberales, no pasa de ser una quimera, un sueño de opio al que no debemos aspirar porque “no todos somos iguales”, como si las desigualdades sociales hubiesen sido creadas por la naturaleza y no por el proceso histórico de la lucha de las sociedades humanas divididas en clases sociales.

La demagogia aprista explica la facilidad con la que sus jefes, desde el mismísimo Víctor Raúl Haya de la Torre, cambien de discurso y de conducta política según sus necesidades de supervivencia política y manejo del poder. Explica también hoy su unidad con lo más negro de la política peruana surgida en la última década del siglo XX: el fujimontesinismo y sus aliados menores, cuyos integrantes forman parte del Consejo de Ministros y ocupan otros cargos públicos de relevancia. En esta alianza neoconservadora no podría faltar la postura teológica fundamentalista del Opus Dei en la voz del Cardenal de la Iglesia Católica, Monseñor Luis Cipriani, colaborador de la represión político-militar de la dictadura fujimontesinista y justificador de las políticas antilaborales de aquel régimen corrupto. Este político religioso es famoso por dos afirmaciones suyas en aquellas circunstancias: “en el Perú, el que no trabaja es porque no quiere”; y “los derechos humanos son una cojudez (sic)”. En su homilía del 28 de Julio, con la asistencia del presidente García, se refirió también al complot internacional contra el Perú, a la necesidad del perdón a los que han defendido la patria contra el terrorismo, en clara alusión a los militares y gobernantes que violaron los derechos humanos, además de robar al Estado, y por los cuales han sido sentenciados, incluyendo al propio Alberto Fujimori Fujimori. Asimismo, habló de la necesidad de orden en el país, uno de los ejes del discurso presidencial de ese mismo día. Una referencia insignificante sobre esta intervención de Cipriani incluye La República de Lima en su edición del 29 / 07 /2009, p. 16.

En consecuencia, el discurso presidencial ha planteado, una vez más, la continuidad del proyecto neoliberal con el cual se ha comprometido ideológica y políticamente. En esta orientación se inscriben los anuncios más importantes de su acción gubernamental hacia el 2011.

BARNIZ PARA LA DEMOCRACIA BURGUESA EN CRISIS

El planteamiento de renovación del Congreso a mitad del período no es nuevo. Ni la segunda vuelta para la elección de los gobiernos regionales. Plantearlo hoy, sin tener en cuenta el plazo y la forma necesarios para la reforma constitucional que hagan posible la segunda vuelta electoral, es parte de un tinglado para entretener a la ciudadanía en un asunto de escasa relevancia para el país.

En primer lugar, lo que está en crisis no es simplemente la forma de elección de los gobernantes. Es la democracia burguesa la que se encuentra en crisis en el Perú. La democracia burguesa que funciona en los países capitalistas desarrollados tiene bases históricas y económicas de las cuales carece el Perú. En nuestro país las clases dominantes no han sido capaces de actuar una revolución burguesa, capitalista. Por lo demás, esta burguesía criolla ha quedado inhabilitada para llevar a cabo una tarea histórica de gran envergadura, como es la revolución burguesa que la independencia de 1821-1824 no pudo cumplir. Los que hoy hablan de “revolución capitalista” en el Perú, son aquellos que defienden la presencia dominante del capital transnacional en nuestra economía, sin considerar que éste capital no ha producido una economía que pueda llamarse nacional. Viene, acumula ganancias y expatria los excedentes, dejando en el país miserias en impuestos y en salarios más miserables aún. El capitalismo en el Perú no se presenta como una alternativa de progreso social, de desarrollo, de integración nacional. Ya no constituye un ideal de justicia. Su tiempo histórico ya periclitó. De mantenerse, sólo producirá más desigualdades y más subordinación a lo extranjero.

Lo que producirán las segundas vueltas electorales no será el mismo manejo empresarial de las campañas. El pretendido fortalecimiento de la democracia se convertirá en un mero ritual formal para embriagar de elecciones al pueblo oprimido. No se puede fortalecer un sistema político en franco agotamiento, en debacle histórica indudable. Si hoy permanece como una ilusión democrática es porque las masas no han logrado aún la conciencia de la necesidad de trasformar el estado de cosas en el Perú. De esta carencia se aprovecha la derecha neoliberal para lanzar sus señuelos de “democracia representativa”.

El referéndum con el cual el presidente García amenaza al Congreso si es que éste no se pone de acuerdo con la reforma para las segundas vueltas electorales, tiene la misma orientación de distraer y arrastrar a las masas hacia su demagógica propuesta.

En el fondo, lo que busca el gobierno aprista es encubrir un evidente plan político hacia el 2010 y el 2011: crear las condiciones para que el partido aprista gane posiciones para seguir manejando el Estado, como partido o en alianza con sus afines neoliberales.

EL SEÑUELO DE LA DESCENTRALIZACIÓN

¿Qué se ha descentralizado hasta hoy en el Perú? Nada menos que la corrupción y la pobreza. En su tiempo, José Carlos Mariátegui habló de la descentralización de la pobreza, pues la corrupción no tenía el peso que hoy tiene. Lo que existe ahora es una reproducción ampliada de estos males de la república criolla. La transferencia de competencias a municipalidades y regiones no ha producido la solución a los problemas fundamentales de las poblaciones supuestamente beneficiadas.

La municipalización de la educación y de la salud, con la experiencia habida en América Latina, sólo ha significado la reducción del presupuesto nacional para esos servicios, sin la necesaria complementación de las municipalidades. Las ambiciones despertadas en gran número de alcaldes y concejales por el supuesto incremento de sus finanzas para fines educativos, por ejemplo, se han estrellado contra la realidad de la municipalización como un mecanismo ideado por el Banco Mundial para transferir responsabilidades financieras del gobierno central hacia la población. Los reclamos de las municipalidades incursas en el plan piloto de municipalización están hoy a la orden del día al no recibir la transferencia de los recursos para el funcionamiento de las escuelas.

Pero al margen de la descentralización neoliberal, el discurso presidencial, al lado del incremento de los fondos para las municipalidades, ha anunciado, sin consultar con nadie, la creación de los “núcleos ejecutores” para la denominada “descentralización popular”, verdadero mecanismo directamente manejado por el partido gobernante con un funcionario tantas veces cuestionado por el manejo de fondos del Estado y su vinculación abierta con el convicto delincuente, hoy en libertad, Agustín Mantilla.

Más de 4 mil millones de soles, a razón de 500 mil por núcleo ejecutor, serán administrados por personas dedicadas a construir pequeñas obras públicas, modalidad impuesta en los 90 por el fujimontesinismo a través de FONCODES, institución estatal que se mantiene. Esa cantidad de dinero no será supervisada por la Contraloría General de la República, sino por los alcaldes distritales, cuya actuación deja mucho que desear en materia de honestidad y eficiencia en el manejo de las finanzas municipales. El presidente García ha evocado la “Cooperación Popular” creada por el ex Presidente Fernando Belaúnde Terry en la década de los 60 y mantenida hasta fines de los 80, cuyo funcionamiento dejó como saldo muchos enriquecimientos personales y pequeñas obras que se deterioraron rápidamente. Esta misma experiencia nos han dejado los “entes ejecutores” creados por el fujimontesinismo en los 90.

Sin embargo, considerando la inconsistencia técnica de los “núcleos ejecutores”, los objetivos políticos de su creación deben ser tenidos en cuenta.

En primer lugar, el gobierno aprista pretende competir con los gobiernos municipales y regionales en la organización de la población a través de la entrega de dinero para pequeñas obras, ganar terreno y conquistar municipalidades y gobiernos regionales. En tal sentido, el gobierno central paralelizará, con más fuerza, a los gobiernos municipales y regionales actuales, debilitará su presencia en la población y serán mas vulnerables para la competencia electoral del 2010.

En segundo lugar, los núcleos ejecutores se convertirán en mecanismos de proselitismo político a nivel nacional, con la prebenda de los fondos cuya administración honesta nadie podrá garantizar ni mucho menos fiscalizar.

En tercer lugar, el gobierno busca que la población incursa en la realización de las pequeñas obras, con ingresos temporales mínimos, postergue, ocasionalmente, sus demandas y contribuya a la “paz social” para aislar de las masas a las organizaciones populares, fuerzas políticas progresistas y sus dirigentes.

El presidente García fue al Congreso a anunciar lo que ya había planificado, de tal manera que al día siguiente fueron juramentados los núcleos ejecutores “elegidos” en Lima. No fue una propuesta, sino una decisión ya tomada, siguiendo el libreto fujimontesinista: “primero hago y después anuncio”.

La “descentralización popular” se convierte, así, en manipulación abierta a los sectores populares para cosechar adhesiones políticas. Es indudable que todos los alcaldes oportunistas, que son la mayoría, se adherirán al plan electoral del gobierno y hasta se convertirán en aliados políticos para mantener su pequeño poder. Esta posibilidad existe en nuestro país teniendo en cuenta la experiencia del transfuguismo y el independentismo, tan promovidos por el individualismo neoliberal y aprovechados por el fujimontesinismo en su oportunidad. El propio diario limeño La República (edición citada), con un titular engañoso (“¡EN SUS TRECE!”), hace un comentario encomioso del mensaje residencial.

EL ASISTENCIALISMO COMO “COMBATE A LA POBREZA” Y LAS CIFRAS DEL ENGAÑO

Con el neoliberalismo nos trajeron el denominado “combate a la pobreza”, como mecanismo de amortiguamiento, en los sectores más marginados de la sociedad, de los efectos empobrecedores de las “reformas estructurales” y sus políticas de shock, algo así como las reformas preventivas de los 60 y 70 del siglo pasado, auspiciadas por Estados Unidos, para contrarrestar la ola socialista de aquellas décadas.

Las clases sociales fueron sustituidas, en la teoría sociológica neoliberal, por el término “sectores”, usando las letras mayúsculas A, B, C, D y E, con una referencia muy especial a los “más pobres”.

Durante su primer gobierno el presidente García imaginó una pirámide social en la que los trabajadores asalariados formaban parte de los sectores “privilegiados”, independientemente de sus ingresos y la relación de estos con las ganancias de los empresarios y de la alta burocracia estatal. Los empleados públicos en general y los trabajadores del sector privado carecían del derecho a aspirar reivindicaciones, pues había que atender a los que no tenían trabajo. Ese razonamiento se perfeccionó con la implantación del neoliberalismo en los 90 del siglo pasado y sus nuevos métodos para medir la pobreza, logrando enfrentar a los “más pobres” con los trabajadores.

El “combate a la pobreza” consiste, de acuerdo con las recomendaciones del Banco Mundial, en atender a los “más pobres”, sin atacar las causas de un hecho que es estructural y dejando postergados los derechos de los asalariados, a los cuales había que someterlos a evaluaciones para demostrar su ineficiencia y, por lo tanto, justificar el congelamiento y/o la reducción de sus salarios. Se introdujo, además, el sistema de contratos como la modalidad principal de empleo.

Para el neoliberalismo son pobres solamente aquellos que tienen no más de 250 soles mensuales de ingresos. Combatir esa pobreza significa distribuir gratuitamente alguna dieta alimenticia a través de los programas de los comedores populares y el vaso de leche, a lo que se agregó, desde el régimen del presidente Alejandro Toledo, el programa “Juntos”, que hoy entrega 100 soles mensuales a las familias “más pobres”, monto que debe garantizar que dichas familias envíen a sus hijos a la escuela y a los centros de salud. En lugar de crear las condiciones para el trabajo adecuadamente remunerado se apela al más burdo asistencialismo, política de vieja data en el Perú. Si se considera que todo aquel que se benéfica con la entrega de alimentos y de la insignificante suma de dinero, entonces la estadística de bajar la pobreza al 36% es correcta. Pero en la realidad esas personas “beneficiadas” con el asistencialismo no dejan de seguir siendo pobres. Al contrario, en la medida en que dependen de esa distribución para supervivir, su comportamiento se vuelve cada vez más asequible con los gobernantes de turno, creando en esos sectores populares una concepción alienada de la existencia social, útil para fines electorales, como ocurre con la adhesión de un sector de esa población a la candidatura de la hija del ex dictador Fujimori.

Al asistencialismo directo para “combatir la pobreza” se agrega la realización de pequeñas obras en los pueblos y distritos populares de las principales ciudades, agregando ahora los “núcleos ejecutores” que manejarán 500 mil soles en cada ejercicio presupuestal.

Para los neoliberales, por tanto, para el actual gobierno, no son pobres los profesores, ni los policías, ni los demás sectores asalariados. Su medición de la pobreza reduce la comparación hacia abajo, en un país donde las desigualdades entre ricos y pobres se han profundizado en los últimos 20 años, como ha ocurrido en Chile y Brasil según el PNUD. El Perú es hoy, al lado de los dos países señalados, uno de los más desiguales en América Latina y El Caribe. El importante crecimiento económico de los años 2004-2007, cuyo factor principal es la economía primario-exportadora predominantemente minera, elevó solamente las ganancias de los empresarios, pero deprimió los ingresos salariales tanto de los trabajadores del sector público como del sector privado.

Desde una visión totalizadora del contexto, la pobreza, pues, no ha disminuido en el Perú. Incluso quienes aceptan que en Lima ha disminuido, afirman, con sobradas razones, que la pobreza se ha incrementado en las provincias del interior del país. Por las condiciones en que vive la mayoría de la población de Lima Metropolitana es evidente que la pobreza constituye una realidad que solamente se puede negar por intereses políticos.

EL ESPEJISMO DEL CONSUMO Y LOS CRÉDITOS

Sin un ápice de cuidado en el manejo de los datos económicos, el presidente García ha dicho que “Para fortalecer el consumo, el crédito mantendrá su crecimiento. El crédito aumentó el 45% en último año, especialmente en provincias, donde creció el 54%”. Por supuesto que el crédito ha venido creciendo desde los últimos años de la década de los 90 del siglo XX, sobre todo los créditos a los empleados públicos para resolver los problemas urgentes de su supervivencia. Tanto los bancos como las cajas rurales en provincias, el Banco de la Nación y las demás instituciones de tipo financiero se están beneficiando con los intereses que perciben por cientos de miles de préstamos, principalmente a los trabajadores del Estado. A estos préstamos se debe agregar el incremento de las tarjetas de crédito. En conjunto, es casi la reproducción en pequeño de lo que ha ocurrido en Estados Unidos con los créditos de consumo y del inmobiliario que hizo estallar la “burbuja financiera”, generando un círculo vicioso de prestar para pagar deudas hasta empequeñecer, cada vez más, la capacidad real de consumo indispensable.

Es increíble que un presidente de la república se regocije del crecimiento en el uso de celulares en un país donde falta lo indispensable para la alimentación, la salud y el consumo de bienes culturales más trascendentes. Las operadoras de telefonía, los importadores y hasta las transnacionales que monopolizan la fabricación de esos artefactos deben estar muy agradecidos por la promoción (¿gratuita?) de su consumo masivo en el Perú. ¿Es esto signo de bienestar de la población? Para el presidente García, la vida consiste en gastar, consumir y volver a gastar: una concepción sanchopancista de la vida y de la sociedad.

LA ILUSIÓN DEL PRIMER MUNDO

Según el escritor Julio Ortega, en la entrevista que hemos citado, el anuncio de que el Perú llegará a convertirse en un país del primer mundo en el 2021 constituye una de las afirmaciones “más irresponsables” que el presidente García ha hecho en su discurso. Pero en esta irresponsabilidad tampoco es original. Ya Fujimori había dicho que el Perú se convertiría en el “tigre” del Pacífico, un presunto futuro cuya plasmación seguirá esperando en su celda dorada.

El presidente García confunde sus fantasías demagógicas con la realidad de un país que no ha logrado aún sentar las bases estructurales para su desarrollo, como son una agricultura próspera para el consumo interno en lo fundamental; una industria nacional diversificada para la exportación de herramientas, maquinarias e insumos elaborados; un proceso de investigación y creación de ciencia y tecnología avanzadas; una disminución drástica de las desigualdades sociales y la eliminación del asistencialismo sobre la base del incremento de los índices del desarrollo humano. Basta mirar lo que se viene haciendo en Lima Metropolitana en materia de transporte masivo para darnos cuenta que los gobernantes no tienen ni idea de lo que es avanzar hacia la modernidad del apetecible, para ellos, primer mundo.

Según la afiebrada ilusión del presidente García, muy pronto el Grupo de los 8 (G-8) se convertirá en G-9 con la incorporación del Perú. Brasil tendrá que ser desplazado de esa posibilidad, al igual que la República Popular China y también la India. De país primario-exportador pasaremos a ser un país altamente industrializado, cuando nuestro presupuesto para la investigación científica y tecnológica para acelerar el desarrollo de las fuerzas productivas materiales y humanas no llega ni a la mitad de lo que debemos invertir. Solamente este atraso, sin tener en cuenta las demás carencias en que vivimos, nos permite prever la imposibilidad de superar, en menos de 50 años, nuestra condición de país terriblemente a la saga de los desarrollados. Basta comparar el proceso de desarrollo planificado que sigue China desde 1950, con un proyecto que culminará el 2050, para darnos cuenta que lo anunciado por el presidente García no es sino un sueño de opio.

Sin producir cambios radicales en la estructura de la economía, del Estado y de la cultura, será imposible superar nuestro atraso histórico. El capitalismo que nos domina es la primera traba para ese desarrollo. La falta de una fuerza social y política que luche por ese cambio constituye un segundo factor limitante. No son con cantos de sirena como llegaremos al desarrollo de nuestro país. Mucho menos con gobiernos sometidos a los intereses capitalistas de la globalización neoliberal.

Todas las demás limitaciones del discurso presidencial se desprenden de los elementos que hemos señalado. La seguridad social, el derecho pleno a la salud, la reforma educativa, los derechos laborales, seguirán el proceso de deterioro en los marcos de la economía neoliberal que el gobierno aprista continúa implementando.

ALGUNAS CONCLUSIONES Y PERSPECTIVAS

1. El penúltimo mensaje presidencial del actual gobierno aprista ha sido una reafirmación del proyecto neoliberal que viene desarrollando, adobado con algunas medidas de tipo populista y de carácter efectista, pero sin tocar los privilegios de los grandes empresarios, particularmente de las transnacionales.

2. Las propuestas de reforma constitucional para introducir las segundas vueltas electorales para la elección de los gobiernos regionales y la renovación de los parlamentarios a mitad de su mandato, así como la eventual realización de un referéndum son maniobras diversionistas para encubrir el fracaso de la actual democracia burguesa y sus mecanismos de funcionamiento, así como para ocultar la corrupción que corroe al gobierno.

3. El objetivo central del gobierno aprista es desarrollar una política de reconquista de los gobiernos municipales y regionales utilizando los mecanismos asistencialistas-clientelistas a través de los “núcleos ejecutores” y el uso de más de 4 mil millones de soles para esa campaña de recuperación política electoral, toda vez que el nivel de popularidad del presidente Alan García y de todos sus funcionarios se viene deteriorando cada vez más..

4. Si bien es cierto que toda la derecha neoliberal y sus empresarios apoyaron la elección del presidente Alan García para evitar el triunfo del nacionalista Ollanta Humala el 2006, han formado parte del Gabinete Ministerial y trabajado juntos en el Congreso, recibiendo además los privilegios que siempre han reclamado, ante el panorama electoral que se ha abierto en el Perú para el 2010 y el 2011, ha empezado a buscar una alternativa propia que haga frente, en mejores condiciones, a una eventual candidatura cuya victoria podría poner en peligro la continuidad del modelo neoliberal que el gobierno aprista se ha empeñado en consolidar.

5. Para confundir a las masas la derecha neoliberal ha empezado a plantear una corrida hacia el denominado “centro” político, pues sabe perfectamente que su verdadera posición neoconservadora es crecientemente rechazada. Hasta el neoliberal Mario Vargas Llosa se presenta hoy como político de “centro”, hacia donde, según sus propias declaraciones, busca arrastrar al nacionalista Ollanta Humala.

6. La necesidad de una alternativa de izquierda socialista en el Perú es indiscutible frente al neoliberalismo y a las corrientes liberales que solamente proponen la “profundización de la democracia conquistada”. La alternativa de izquierda que el Perú y el pueblo necesitan para la conquista del gobierno y del poder requiere de un nuevo liderazgo político-programático que abra paso a la ruptura con el capitalismo en el Perú para establecer las bases del socialismo.

Lima, agosto del 2009
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jueves, 30 de julio de 2009

LA INDEPENDENCIA DEL PERU 1821-1824

Como todos los años, los ciudadanos peruanos consideramos un hecho importante del calendario cívico nacional conmemorar el día en que Don José de San Martín, general argentino, proclamara la independencia del Perú el 28 de Julio de 1821, “por la voluntad general de los pueblos”. El 28 de julio, quiérase o no, aviva el sentimiento de pertenencia a la patria que queremos, aunque no todas las clases sociales demos a ese sentimiento el mismo significado.
En efecto, hay quienes confunden la patria con sus intereses y sus privilegios particulares y miden el éxito de la fecha según el número de productos vendidos y de ganancias alcanzadas. Los gobernantes de turno esgrimen un discurso laudatorio de la “democracia” y de las obras que realizan, de tal manera que a los ciudadanos no les quedaría más que adherirse a su coyuntural proclama.
Los maestros peruanos preferimos la reflexión antes que la autocomplacencia patriotera basada en esa visión ingenua de “tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz” porque he “nacido en esta hermosa tierra del Sol”, etc. Más que nadie, los maestros de la educación pública estamos más relacionados con los sufrimientos y aspiraciones de las clases explotadas, que son la gran mayoría de los peruanos; y todo mensaje de nuestra parte no puede ser solamente de júbilo por la patria, sino de compromiso para construir la nación y el país que anhelamos.
Tomando como base un texto elaborado en el 2008, vuelvo a expresar algunas ideas que nos acerquen al 28 de Julio desde el lado de los que luchamos por un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo.
LA REPÚBLICA DE LA INJUSTICIA
La independencia que celebramos los peruanos todos los 28 de julio tiene, en lo fundamental, la misma significación para todos los pueblos que aún mantienen los problemas nacionales que esa primera independencia no pudo resolver. En primer lugar, el problema de la soberanía del país respecto al poder extranjero. En segundo lugar, el establecimiento de una democracia para las mayorías nacionales. En tercer lugar, el desarrollo de una economía independiente sobre la base de nuestras propias potencialidades y no supeditado al capital extranjero o a la “ayuda externa” que tanto invocan las clases dominantes. En cuarto lugar, la existencia y plasmación de un proyecto propio de desarrollo bajo la conducción de una clase dirigente. En quinto lugar, la liberación de las vastas masas campesinas, incluidas los grupos étnicos originarios, sujetas al dominio terrateniente, convirtiéndolas en protagonistas y beneficiarias de una reforma agraria al servicio del desarrollo del país y al bienestar de estas masas, lo que hubiera constituido, además, un buen soporte para la industrialización y la independencia alimentaria del país.
UNA INDEPENDENCIA TRUNCA
La primera independencia no ha sido, pues, un proceso revolucionario en el sentido moderno de la expresión. Debió ser una revolución burguesa, pues durante las primeras y todas las décadas del siglo XIX, las revoluciones sociales tenían que ser, por las condiciones históricas, revoluciones capitalistas, por tanto, conducidas por la burguesías de cada país. En América Latina no fueron tales, pese a la influencia de las ideas revolucionarias y a las revoluciones del siglo XVIII, cuya expresión más acabada fue la Revolución Francesa de 1789 que liquidó, en lo fundamental, el dominio de la nobleza feudal e implantó el Estado burgués, capitalista, moderno.
Mucho se ha polemizado sobre las causas del carácter inconcluso de las revoluciones independentistas en nuestros países. Sin negar la influencia de los factores externos, hoy tenemos más claridad sobre el factor interno determinante: la inexistencia de una clase dirigente con suficiente interés, conciencia y capacidad suficientes para cumplir las tareas democráticas y nacionales que hemos señalado. Al contrario, las burguesías carecieron de conciencia patriótica y de proyecto nacional. En la mayoría de los países eran propietarias latifundistas o gobernaban con el gamonalismo.
Con toda razón la revolución cubana significa la segunda y definitiva independencia de la patria de Martí. Por esa misma razón hoy han surgido procesos de transformación en algunos países latinoamericanos que se enfrentan al poder imperialista y a las burguesías de cada país aliadas de aquél, que luchan por conquistar la soberanía nacional, por defender su derecho a decidir su propio destino; pero, al mismo tiempo, enmarcan su accionar hacia el socialismo.
En el Perú, la segunda independencia es la gran tarea estratégica para dotar al país de un nuevo rumbo histórico que resuelva los grandes problemas nacionales y construya el socialismo. Esta gran tarea histórica ha dejado de ser incumbencia de la burguesía que sigue manejando el Estado republicano en su propio beneficio de clase y de la gran burguesía internacional, cuyas expresiones más visibles son las transnacionales de las finanzas, la gran minería, el petróleo y el gas, las industrias y el gran comercio.
EL PASADO SE REPITE: CONSTRUYAMOS EL PORVENIR
Una mayor desnacionalización vive hoy nuestro país con la imposición del programa neoliberal desde la década de los 90, cuyo instrumento político, el fujimontesinismo, asiste hoy a su condena legal por su corrupción y los crímenes cometidos para frenar la lucha de los sectores oprimidos, tomando como pretexto el enfrentamiento a las acciones armadas de Sendero Luminoso y el MRTA.
Están pasando, desde la caída del corrupto régimen fujimontesinista, dos regímenes supuestamente democráticos, pero los problemas del país continúan sin resolverse; el programa neoliberal sigue aplicándose con entusiasmo gubernamental; los justos reclamos de las masas y las protestas ciudadanas son enfrentadas no solamente con leyes que las penalizan, sino con la violencia armada del Estado, como ha ocurrido en todo el proceso de nuestra vida republicana.
Para corroborar la ya larga estafa de la república inconclusa, el gobierno aprista actual pretende “resolver” los problemas del país supeditándonos más a la “inversión extranjera”, a la defensa del modelo neoliberal y a la represión brutal de los movimientos populares, como es el caso del movimiento indígena amazónico cuyos líderes son perseguidos y cuyas organizaciones son manipuladas del el poder para dividirlas y debilitarlas.
En tales condiciones, no hay celebración de la independencia si no se escruta el pasado; si no se toma conciencia sobre la necesidad de fundar una segunda república, es decir, una nueva república que recoja lo mejor de nuestra tradición histórica para crear las nuevas condiciones para la segunda independencia, la conquista de la soberanía, la construcción de una sociedad basada en la justicia, en fin, una patria nueva, grande, libre, soberana y desarrollada.
El discurso que pronunciará el Presidente el 8 de Julio sólo tendrá el contenido de una pieza oratoria adornada con demagogia y encubrimiento de los reales problemas de nuestro país.José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP
Lima, julio 2 del 2009


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miércoles, 29 de julio de 2009

HONDURAS, APARTA DE TI ESA DICTADURA

(A los maestros del glorioso COLPROHSUMA y al pueblo de Honduras)
José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP

Cuando el pueblo español, entre los años 1936 y 1939, se enfrentaba al ataque fascista para traer abajo la República conquistada por las fuerzas progresistas, nuestro más grande poeta, César Abraham Vallejo, escribió su imperecedero “España, aparta de mí este cáliz” (“Si muere España, digo, es un decir...), expresión poética de su solidaridad militante con la causa de esa República que se proyectaba como el germen del socialismo en ese país que el 2 de mayo de 1808 se levantó contra la invasión burguesa napoleónica.En la década de los 90 llegué a Honduras cuando ejercía, por segunda vez, la Secretaría General del SUTEP. Al llegar al aeropuerto de Tegucigalpa, la policía de migraciones no permitió mi ingreso a su país, según ella, porque Estados Unidos no había aprobado la visa que el consulado de Honduras en Lima me había extendido. Entendí que esa negativa era la misma por la que la Embajada de Estados Unidos en mi país nunca quiso extenderme la visa para viajar a la patria de Walt Whitman y Edgar Allan Poe. Entonces comprendí mejor eso de “repúblicas bananeras” que se usa para determinadas repúblicas centroamericanas. El Golpe de Estado contra Zelaya no está ausente de esas motivaciones imperialistas. Pero aquel día ingresé a Tegucigalpa por las gestiones de un alto funcionario de Honduras que había sido dirigente del sindicato de maestros. Y lo curioso: estuve, todo el tiempo de mi permanencia en esa ciudad, con un policía a mi lado, incluso durmiendo en el mismo cuarto del hotel. El pueblo de Honduras es digno y merece nuestra solidaridad hoy y siempre.Corresponde hoy al pueblo hondureño, a la Honduras del gran patriota Francisco Morazán, apartar de su historia de dignidad a la nueva dictadura instalada el 28 de junio pasado a través de un golpe de Estado encabezado por el General Romeo Vásquez, pero bajo la indudable batuta política de los empresarios capitalistas y la inspiración del imperialismo que viene aplicando la guerra preventiva contra Irak y Afganistán.UNA HISTORIA DE HEROICA LUCHA APOR LA SOBERANÍAEn la historia de América, Honduras ocupa los lugares de primer orden en la lucha por la independencia del dominio español, primero, y luego de los dominios inglés, alemán y de Estados Unidos.Su territorio fue también escenario de las primeras luchas por la independencia durante las primeras tres décadas del siglo XIX. Pero también fue la cuna de la gran civilización Maya, diezmada por la colonización española pese a la larga resistencia de sus habitantes originarios encabezados por el indígena Lempira. . Las huellas de esa civilización quedan en las construcciones de Copán, cuyas riquezas arqueológicas no han sido aún estudiadas en su toda su dimensión.Francisco Morazán encabezó la lucha por la independencia de Honduras, que se concreta en 1821. con su capital Comayagua. Cuando se funda la República Federal de las Provincias Unidas de América Central, Honduras se incorpora a ella, pues en aquellos años se buscaba la unidad de los pueblos de América Latina para hacer frente a los nuevos problemas de una vida independiente de cualquier dominio extranjero. Morazán abrazó ese ideal, que era también el de Bolívar desde el Sur.Morazán era políticamente un liberal patriota, consecuente con las ideas republicanas y el credo liberal que se enfrentó a las monarquías y al poder feudal en Europa, lo que le llevó a enfrentarse con los conservadores que pretendían mantener las viejas estructuras semifeudales heredadas del Virreinato español con sede en México. En esta lucha el Mártir de Tegucigalpa encontró la muerte en 1842, lo que aprovecharon los conservadores para apoderarse del Estado hasta fines del siglo XIX. La República independiente de Honduras se fundó en 1840, dos años antes de la muerte de Morazán.Los nuevos liberales que a fines del siglo XIX se hicieron del poder ya no tenían la convicción nacionalista y patriota de Morazán. Eran, en realidad, conservadores que se hacían llamar liberales, como ocurrió también en el Perú, donde nunca tuvimos verdaderos liberales. Bajo los gobiernos de aquellos liberales Honduras fue ocupada por las grandes empresas bananeras procedentes de Estados Unidos, convirtiéndola en país ocupado y, a las masas campesinas, en asalariados que trabajaban en las peores condiciones. Las empresas bananeras eran las que realmente decidían el destino del país y de sus habitantes. Detrás de las bananeras, como la Standart Fruit, estaba, qué duda cabe, Estados Unidos, cuya hegemonía en América Latina frente al anterior poder de Inglaterra se fue consolidando desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Las empresas bananeras jugaban el papel de financiadoras de los dos partidos políticos que hasta hoy se han alternado en el poder: el conservador y el liberal. ¿No es, acaso, el proceso que se ha seguido en casi todos los países latinoamericanos, aquello de la “alternancia en el poder”, de las mismas clases dominantes que siguen siendo las mismas con fulano o mengano en la Presidencia de cada república?A partir de 1930, campesinos, obreros, estudiantes y demás ciudadanos hondureños enfrentaron la explotación de las bananeras con grandes luchas exigiendo mejores salarios y el derecho a organizarse en sindicatos. Estas luchas fueron combatidas por la fuerza militar con apoyo de Estados Unidos, cuyo gobierno no hacía más que defender los intereses de los grandes capitalistas de las bananeras. En el año citado el país del Norte ocupó Honduras para proteger la larga dictadura del General Tiburcio Carias Andino, quien gobernó el país hasta 1948. Pero el pueblo hondureños, especialmente las masas campesinas, no dejó de luchar, lucha que obligó a Estados Unidos, a través del Banco Mundial, realizar una “reforma agraria” que logró apaciguar un tanto a los campesinos, entre los años 60 y los 70, como ocurrió también en varios países de América Latina, como una estrategia anticomunista de “seguridad y desarrollo”, encubierta de “modernización”.En los mismos años Estados Unidos impuso sus bases militares en Honduras con el beneplácito de liberales y conservadores. Hacia 1980 ocupa nuevamente el país en el contexto de la Guerra Fría y bajo la administración del “demócrata” Jimmy Carter, quien envía a Honduras sus “boinas verdes” para cuidar las fronteras de este país frente a la Revolución sandinista que había triunfado en 1979. En realidad Jimmy Carter, que hoy recorre América Latina como el paladín de la defensa de los derechos humanos, fue quien ordenó y dirigió la organización del ejército de los “contras” para traer abajo a los sandinistas. En las fronteras de Honduras con Nicaragua se entrenaron a los mercenarios antisandinistas, que llegaron a sumar 15 mil soldados. En todo este período los trabajadores de la ciudad y del campo, entre los cuales hay que reconocer a los maestros que convirtieron al Colegio de Profesores en un baluarte de la lucha sindical. desarrollaron una importante resistencia a los gobiernos autoritarios.Como en casi toda América Latina, a partir de 1990, bajo el nuevo gobierno del conservador Rafael Callejas, se inicia en Honduras el ciclo de reformas económicas neoliberales que hasta hoy han convertido a la patria de Morazán en una neocolonia de las transnacionales, situación que ha venido siendo enfrentada desde posiciones nacionalistas por el liberal Manuel Zelaya, Presidente elegido en el 2005, hoy en el exilio obligado.LA LUCHA POR LA SOBERANÍA Y LA REACCIÓN CONSERVADORAHasta qué punto el liberalismo latinoamericano casi no se aleja del conservadurismo político queda demostrado en el caso del reciente Golpe de Estado en Honduras.Al año de haber asumido la presidencia de la república, el Presidente Manuel Zelaya, del Partido Liberal, empieza a enfrentar los problemas de la crisis y del fracaso del neoliberalismo con medidas económicas relacionadas con el precio de los combustibles y de la energía en general, acercándose a las políticas de cooperación de Venezuela con los países de América Latina.En efecto, en el 2006 Manuel Zelaya decide reducir el costo del petróleo y hace tratos con el gobierno del Presidente venezolano Hugo Chávez. En el 2008 Honduras se integra a PETROCARIBE que Chávez crea para facilitar el acceso al uso del petróleo en mejores condiciones de precios y suministro. Honduras se acerca al ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas), proyecto que busca enfrentar al ALCA y sus TLC dirigidos por Estados Unidos. Las negociaciones de Manuel Zelaya con el gobierno venezolano significaba, en verdad, que Honduras empezó a adquirir petróleo pagando el 50% del precio real y el otro 50% los pagaría en 25 años con un interés muy pequeño.: un indudable beneficio para una nación pobre y endeudada.El acercamiento de Zelaya al gobierno de Venezuela ha significado para Estados Unidos una afrenta a su acostumbrado dominio sobre todos los gobiernos hondureños. Incluso el impacto sobre el Departamento de Estado fue muy fuerte cuando Zelaya rechazó el TLC que casi todos los demás países de América Central habían aceptado, ese TLC que los gobernantes y capitalistas peruanos celebran todos los días.Sin duda alguna, liberales y conservadores no podían soportar que un liberal como Zelaya .se atreviera a romper los lazos de dependencia con el amo del Norte, ni mucho menos permitir que el pueblo se pronunciara sobre la consulta por una Asamblea Nacional Constituyente. Para la clase dominante de Honduras las propuestas de Zelaya, de liberalismo consecuente, constituyen un atentado contra los intereses capitalistas y decidieron frenar y derrotar el avance de la lucha por la soberanía de Honduras.Para hacer pasable el Golpe de Estado, los golpistas difundieron la mentira de que la consulta era para que Zelaya volviera a ser candidato para reelegirse en las elecciones programadas para este año, agitando, además, el sambenito de “chavista” que los neoliberales utilizan en todas partes para engañar al pueblo. Hasta inventaron una supuesta carta de renuncia del Presidente Zelaya para “legalizar” su sustitución por el felón Micheletti.El golpe de Estado del 28 de junio ha sido la reacción casi lógica de una clase dominante que sólo ve sus intereses y no los del país; y que ve en cualquier cambio, incluso dentro del propio manejo liberal del Estado, el cuco del socialismo y del comunismo, tal como en el Perú los neoliberales ven en el nacionalismo liberal de Ollanta Humala el fin de los privilegios que da el capitalismo.SITUACIÓN ACTUAL Y PERSPECTIVASLa discusión de si la expulsión del Presidente Zelaya por las Fuerzas Armadas de Honduras fue un golpe de Estado o un acto de defensa constitucional, no pasa de ser una coartada para esconder el verdadero propósito: poner punto final al gobierno y restituir el poder de los capitalistas extranjeros e internos. Las Fuerzas Armadas hondureñas actuaron en defensa del viejo orden social, conservador y de subordinación al imperialismo. Por los objetivos y por la forma, se trata de un golpe de Estado, con los mismos argumentos de fondo que han esgrimido las burguesías de Venezuela en el 2001contra el Presidente Chávez y de Bolivia contra el Presidente Evo Morales en los últimos años de intentos golpistas que hasta hoy han fracasado.Lo que ocurre actualmente en Honduras es parte de la ofensiva imperialista contra la tendencia nacionalista y socialista que se ha venido extendiendo por América Latina en estos años que corren del siglo XXI. La burguesía agraria de Argentina, los neoliberales proimperialistas de Nicaragua y fuerzas políticas y personalidades conservadoras, como Mario Vargas Llosa, dicen que no apoyan el golpe pero que Zelaya lo buscó: no había más que sacarlo del poder. Este “razonamiento” enrevesado usa Vargas Llosa en uno de sus artículos dominicales (“El golpe de las burlas”, en El Comercio de Lima, 12 de julio-2009, p. a4), donde afirma con desparpajo, refiriéndose a la maniobra golpista de los Micheletti y los Romeo Vásquez: “Este era un procedimiento legítimo en defensa de la democracia que la acción militar frenó y desnaturalizó, sembrando una confusión de manicomio”. Si los militares no hubieran participado como lo han hecho, todo estaría bien: la verdad es que don Mario Vargas Llosa debería de estar en un manicomio político.Un resumen de lo que viene ocurriendo revela que los golpistas no buscan una salida de diálogo como pretenden hacer creer. Y es que un golpe de Estado no lo hacen quienes pretenden mantenerse en el poder algunos días, algunas semanas o algunos años. Sus objetivos trascienden el calendario de las ingenuas esperanzas en el diálogo. El golpe de la burguesía conservadora de Honduras se ha dado contra un proyecto de nueva nación que ella no quiere ni ha querido en el pasado. Veamos: 28 de junio: el Presidente Manuel Zelaya es capturado en su residencia presidencial y expulsado a Costa Rica, sin su familia; 29 de junio: se instala una dictadura civil – militar con Roberto Micheletti como Presidente; 30 de junio: la ONU condena el golpe y Micheletti forma el nuevo gobierno y empieza a organizarse la resistencia del pueblo hondureño contra la dictadura; 3 de julio: la OEA da plazo de 72 horas para que la dictadura restituya la Presidencia a Zelaya, pero la dictadura restringe las garantías constitucionales; 5 de julio: la OEA suspende a Honduras del organismo americano; 7 de julio: regreso frustrado de Zelaya: un muerto, heridos y detenidos en aeropuerto de Tegucigalpa; 8 de julio: anuncio de negociaciones en costa rica con Arnulfo Arias como mediador; el gobierno de Venezuela suspende el envío de 20 mil barriles diarios de petróleo a Honduras; 10 de julio: empiezan las negociaciones en Costa Rica; 12 de julio: concluyen y fracasan las negociaciones; 19 de julio: se dan nuevas negociaciones en Costa rica, pero fracasan; 23 de julio: el Presidente de Costa Rica Arnulfo Arias hace nueva propuesta de “Gobierno de unidad y reconciliación nacional” con Zelaya como Presidente, que es rechazada por los golpistas; 24 de julio: Zelaya va a la frontera Nicaragua-Honduras y permanece 2 horas en territorio de Honduras en el pueblo Las Manos; 27 de julio: mientras España y Venezuela siguen apoyando a Zelaya, Estados Unidos advierte a éste que sus intentos de ingresar a Honduras “no ayudan”, tratando de encubrir el plan de los golpistas. Es un itinerario en el cual los golpistas evaden la cuestión de fondo.Está claro que los golpistas no buscan ninguna salida que restituya el orden constitucional, mucho menos la recuperación del gobierno por el Presidente Zelaya. No habrá un retroceso de aquellos si el pueblo hondureño no presiona internamente con su fuerza organizada. La presión externa es importante, pero insuficiente, como se ha observado en todos los golpes de Estado. Tampoco es prudente confiar en los llamados del gobierno de Estados Unidos, pues su mayor interés está en los negocios de sus bananeras y demás empresas transnacionales que en el orden constitucional de un país que ha jugado siempre el papel de “socio menor” de la gran potencia.La lucha de Manuel Zelaya y del pueblo que le apoya será la única garantía de su retorno y la continuación de su gobierno, la convocatoria a elecciones y la lucha electoral a través de una fuerza capaz de defender los avances de su proyecto nacionalista y soberano. En esa lucha, los trabajadores del campo y la ciudad, los intelectuales y empresarios patriotas, los estudiantes y el pueblo explotado tienen un importante papel que jugar. Si la lucha se debilita, los golpistas habrán cumplido sus propósitos de derrotar el cambio y retroceder a los días de la subordinación neocolonial.En la situación actual de Honduras, pues, se manifiesta, con todo su contenido, la lucha actual entre el cambio y el conservadurismo en América Latina.Lima, julio 28, día 188 de la primera independencia del Perú.
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EDUCACIÓN INGLESA EN CRISIS

El ex Ministro del Reino Unido, Alan Milburn, acaba de publicar un Informe sobre la situación actual de la educación universitaria en Inglaterra. El Informe tiene como título “Justo acceso a la profesiones”. Lo que dice el Informe de Milburn es revelador de los resultados de la reforma educativa que el régimen conservador de Margaret Thatcher estableció desde fines de la década de los 70 (1979). Una explicación fundamentada de estos resultados nos la da Robert Cowen, del Instituto de Educación de la Universidad de Londres (Cfr.: “El sistema educativo inglés”, en “Los sistemas educativos europeos, ¿crisis o transformación?, Fundación “la Caixa”, Barcelona, pp. 66-87). Pero veamos, en primer lugar, lo que dice el informe de Milburn.UNA EDUCACIÓN SUPERIOR PARA RICOSEl Informe señala que en el acceso a la educación superior “el nacimiento y no la valía” se ha convertido en un factor más importante para decidir las oportunidades de una persona en la vida y que las profesiones se han vuelto cada vez más exclusivas socialmente, abiertas a un número menor de personas.Cowen considera que los factores concomitantes para el privilegio educativo en su país se debería a que la gran mayoría de jóvenes que concluyen su secundaria “no tienen los contactos adecuados”, o “no han ido a la escuela adecuada” o “no han tenido la oportunidad de ir a la universidad”. Esta descripción de factores, como es fácil de notarse, no explica adecuadamente las causas que han originado semejantes consecuencias después de un largo período de aplicación de la reforma thatcherana, que fue continuada por la actual administración de los laboristas.Pero, de todas maneras, son útiles algunas cifras de que definen mejor la situación actual del acceso a la educación superior en el Reino Unido: el 75% de jueces, el 70% de directores financieros y el 45% de los funcionarios de alto nivel han ido a escuelas privadas, con el contraste de que éstas sólo cubren el 10% de la población en edad escolar; los empleos “profesionales” alcanzan a 7 de cada 10 familias, pero alcanza a 5 de cada 6 si se trata de la profesión médica; 3 de cada 4 periodistas proceden de familias ricas, lo que explica la amplia cobertura mediática para los acontecimientos de la rancia nobleza, inexplicablemente conservada en un país que se precia de ser república moderna.Sobre la situación descrita, la Asociación Médica Británica ha señalado que los gastos para estudiar Medicina son “devastadores”, posibilidad reservada para los jóvenes procedentes de familias pudientes.El Informe de Milburn ofrece 88 recomendaciones para salir de la crisis, entre las cuales sobresalen las siguientes: apertura de becas a más personas, mejora de asesorías a los jóvenes estudiantes, más accesibilidad a las actividades extraescolares y títulos universitarios, campaña para fomentar las aspiraciones y que los padres escojan mejores escuelas para sus hijos. Como puede notarse, las recomendaciones citadas, además de trasuntar ingenuas intenciones, redunda en la misma concepción del neoliberalismo pedagógico: libertad de los padres de familia para escoger la escuela para sus hijos, que se contrapone a los escasos recursos de la mayoría para pagar la matrícula y la pensión escolares en las “mejores escuelas” que ofrece el mercado. Si bien el señor Milburn nos ofrece el panorama de la crisis de la educación superior, no acierta cuando se trata de señalar las alternativas que reviertan esa situación. Para hacerlo, debió de haber realizado el inventario de la reforma que ha llevado al Reino Unido a su crisis educativa actual, que no es sólo de la educación superior, sino de todo el sistema.PARA ENTENDER LA CRISISEl trabajo del Profesor Cowen es útil para explicarnos, con objetividad, los factores que han conducido a la educación inglesa a una situación de la cual no lograron desprenderse pese a la reforma educativa que hicieron entre 1984 y 1994, las reformas de 1988, la de 1998 y la del 2000. Y es que la educación inglesa sufrió un cambio de concepción cuando Margaret Thatcher y su Partido Conservador sustituyó a los laboristas en la administración del Estado al ganar las elecciones en 1979.Una apretada visión histórica de la educación inglesa nos ayuda a comprender mejor lo que ha ocurrido y lo que sucede actualmente.Desde 1870 hasta 1944 se creó en Inglaterra una educación basada en la hegemonía del Estado, vale decir, en la educación pública y la separación entre la Iglesia y el Estado. Se estableció una educación moderna de acuerdo con el credo liberal de las revoluciones de los siglos XVII, XVIII y XIX, más el avance de las masas trabajadoras para conquistar reivindicaciones no solamente laborales sino sociales, como la Salud Pública, la Seguridad Social y la Educación. Del control de la Iglesia, la educación pasó al control del Estado. Desde 1870 en Inglaterra se puso énfasis en la educación elemental (primaria) masiva, mientras que desde 1944 el énfasis pasó a la educación secundaria.Desde 1944, coincidente con la formación del Estado del Bienestar bajo administración laborista (Partido Laborista, una de las fuerzas más importantes de la socialdemocracia europea), al lado de la prioridad para la enseñanza secundaria masiva, se consideró como un principio rector de la democracia educativa el de “igualdad de oportunidades educativas”, buscando satisfacer la demanda social de igualdad de acceso a la educación.A partir de 1979 se produce un cambió que Cowen considera “histórico y crucial”, al pasarse del principio de la igualdad de oportunidades al otro, diferente y opuesto, de la “competencia económica”. Esta concepción educativa se sustenta en el conjunto de cambios en la administración de la economía, del Estado, de los servicios sociales y de las relaciones laborales que se conoce como neoliberalismo: la privatización de la economía y de todas las relaciones sociales. Un desmontaje total del Estado del Bienestar, al que los capitalistas consideraron un obstáculo para recuperar su tasa de ganancia que venía bajando desde los años 70. El discurso de los neoliberales se centró, para convencer a las ciudadanía, en la crisis del Estado del Bienestar, ineficiencia del Estado, la necesidad de achicar a éste para hacerle mas eficiente, en crear las condiciones para el libre juego del mercado. Este discurso triunfó en Inglaterra en las elecciones de 1979, como también ocurrió en Estados Unidos por los mismos años con Ronald Reagan.Dice Cowen, redondeando la concepción neoliberal que cambió el rumbo de la educación inglesa:“Las finalidades de la educación se derivarían de las necesidades económicas, y en este contexto el individuo se convertiría en consumidor de la educación y la nación se modernizaría económicamente” p. 69)Los directores de escuela se convirtieron en “gestores”; cambió el financiamiento público por una extendida aportación de los “consumidores de educación” (privatización); se crearon organismos dedicados a establecer “estándares educativos” centrados en la “calidad” y en la Evaluación de los docentes, incluidos los profesores universitarios: “Se produciría una evaluación y medición del desempeño de los maestros y del rendimiento escolar” (p. 70), la conocida evaluación estandarizada con fines aparentemente pedagógicos.En cuanto a las universidades, éstas se vieron obligadas a entrar en el mercado, pasando su financiamiento del 95% por fondos del Estado a un porcentaje cercano al 50%, pues dichos centros de enseñanza debieron de convertirse en empresas, vender conocimientos a los estudiantes, ofrece su servicios de investigación, llevar a cabo consultorías y atraer a más estudiantes para incrementar los fondos con el pago de la enseñanza. Por el lado de los estudiantes universitarios, se puso a la orden del día el ofrecimiento de créditos de la banca privada para que sean pagados cuando los futuros profesionales se inserten en el mercado laboral.Con la reforma de 1988 el sistema privado se reforzó. El número de universidades aumentó de 42 a más de 80..Pero el thatcherismo fue derrotado por el laborismo con Tony Blair debido al desprestigio del neoliberalismo por sus desastrosos resultados. Entonces se creyó que se cambiaría el discurso pedagógico de “evaluación y eficiencia”, “control de calidad”, “padres y estudiantes consumidores” y el concepto de medición de un “producto con valor añadido”.Desde 1997, año en que Blair asume el gobierno de Inglaterra, se han dado nuevas leyes, como la de 1998 y la del 2002 (Ley de Educación) que refuerza la política de los estándares y la innovación de las escuelas en el marco de la concepción neoliberal.Actualmente ya existen más de 100 universidades de cuya calidad nadie puede responder, pues su administración sigue teniendo como eje principal la rentabilidad de la “empresa universitaria”. Para concluir, citamos nuevamente al Profesor Cowen:“El cambio de paradigma que se ha producido en los principios de gestión del sistema educativo, ese amplio enfoque de mercado de la educación inglesa, forma parte de la respuesta a la crisis política, social y económica de finales de la década de 1970. Este cambio de paradigma no ha cesado de momento, a pesar de que haya cambiado el partido político en el poder. De modo que, en muchos sentidos, el debate público contemporáneo sobre la educación y la lucha por hallar soluciones, lleva ya treinta años de duración” (p. 81)¿No ha ocurrido y no está ocurriendo en el Perú el mismo proceso, con similares formas de aplicación en la educación peruana y, en particular, en la educación superior?: el Estado define las reglas nacionales de la competencia; los estándares de calidad; la distribución, cada vez más disminuida, del presupuesto público; universidades y demas centros educativos que compiten entre sí; y el papel de las escuelas como instrumentos de una economía de libre mercado.
José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red social para la Escuela Pública en América (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General DEL SUTEP
Lima, julio 21 del 2009
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IQUITOS.
LA MEMORIA HISTÓRICA
(a propósito del trabajo cultural del poeta Javier Dávila Durand)
Después de un largo proceso civilizatorio, desde una raíz humana originaria, pasando por la invasión cultural de Occidente, la cultura amazónica del mestizaje se ha afincado en determinadas ciudades: Iquitos, Pucallpa, Contamana, Yurimaguas, Moyobamba, Puerto Maldonado, Requena, Lamas , Tarapoto, entre las más importantes por su significación demográfica y una tradición de elementos culturales que definen ciertos valores comunes que constituyen fuertes motivaciones para la organización y la búsqueda de reivindicaciones regionales, negadas sistemática mente a través del proceso republicano del Perú. Fuera de las ciudades subsisten, sin embargo, culturas ancestrales en proceso de aculturación acelerada por la penetración del capitalismo en sus modalidad de explotación mercantil de sus recursos naturales y su fuerza humana de trabajo.El conocimiento del proceso cultural amazónico ha constituido siempre, para los que han estudiado esta realidad, un instrumento para la construcción de una visión objetiva del ser amazónico, como trató de perfilar don Antonio Raimondi con su informe sobre el Loreto del siglo XIX, o Hassel sobre las poblaciones aborígenes de esta gran región al finalizar el citado siglo, para citar sólo a dos estudiosos de la Amazonía peruana.De todas las ciudades de la Amazonía peruana corresponde a Iquitos, hasta el presente, la expresión más desarrollada del proceso cultural que recoge vertientes de lo autóctono, lo republicano y las influencias de los países fronterizos (Colombia y Brasil, básicamente). En Iquitos se manifiestan los procesos económicos y sociales que los colonialismos externo e interno han logrado imponer, desde una arquitectura que rememora bonanzas para una minoría (la “bonanza” del caucho) hasta la disputa espiritual a través de los credos religiosos, vigente en la actualidad.Un elemento importante de lo amazónico es el acendrado espíritu patriótico, forjado desde el proceso mismo de la primera independencia hasta la heroica defensa de la soberanía nacional, tanto por la resistencia indígena frente a las incursiones brasileñas-portuguesas, cuanto por la defensa de las zonas fronterizas con Ecuador y Colombia. No es una mera casualidad la formación del Frente Patriótico de Loreto, denominación que recoge el ethos histórico de los amazónicos.La cultura amazónica se encuentra en formación, como ocurre también con la cultura peruana, a partir de diversas vertientes y tradiciones comunes.. A partir de la década de los años 60 del siglo XX, ha surgido en la Amazonía peruana un nuevo impulso de recuperación y construcción de la cultura amazónica, de definición de identidades y de recuperación de la memoria histórica; la investigación histórica con objetivos de sistematización cronológica para la mejor comprensión del proceso que ha seguido la región como parte de la historia del Perú; la creación literaria y artística en general como un proceso colectivo a través de “Bubinzana”, por ejemplo; la organización de los materiales culturales físicos, como es hoy el Museo Amazónico; la recopilación y publicación de la tradición literaria de los pueblos originarios; la identificación y valoración de la arquitectura republicana de Iquitos, la publicación de las crónicas que reflejan las contradicciones entre las comunidades aborígenes y la conquista de los invasores occidentales en ese gran proyecto “Monumenta Amazónica”; la recuperación del folklore amazónico a través de la danza y la música; las expresiones musicales que traducen la psicología, entre la alegría y el humor, del amazónico citadino; una nueva inquietud literaria que busca recuperar el espacio ecológico en proceso de deterioro; el impulso de la lucha organizada de los pueblos amazónicos, como las que tuvieron lugar en los 70, 90 y en estos años del siglo XXI: son los más importantes elementos de un mismo proceso que conduce hacia la “ruta cultural” de nuestra Amazonía, frase que tomo del título de uno de los libros más significativos de Luis E. Valcárcel, “Ruta cultural del Perú”.En ese proceso, sintéticamente anotado, se inscribe hoy el trabajo del poeta y periodista, poeta primero, Javier Dávila Durand, en el Centro Cultural de la Universidad Científica de Iquitos, cuya sede es el segundo piso de una de las construcciones más emblemáticas del Iquitos del siglo XIX, de arquitectura ecléctica y de volúmenes interiores amplios para enfrentar la elevada temperatura regional.Así como no se puede obviar una visita al Museo Amazónico, hoy no será posible dejar de observar y asimilar la memoria histórica, gráfica y estética de gran parte de la Amazonía peruana, principalmente de Loreto.Lo que está construyendo Javier Dávila Durand es una suerte de introducción a la cultura amazónica expresada y perennizada en recortes periodísticos; documentos oficiales de fechas y hechos memorables para la historia de la región y del propio país; pinturas y poesía ilustrada; fotografías de hechos, personajes y lugares que definen momentos significativos de Iquitos.Javier Dávila, con el apoyo del poeta Carlos Reyes, han organizado una fototeca en permanente proceso de incremento, por tanto, inconcluso como para darle el sentido de construcción indefinida, siempre renovada y acumulativa.El trabajo cultural, que sólo tiene un año, es ya un foco de atracción para quienes buscamos en Iquitos no solamente a la urbe bulliciosa, alegre y acogedora, como es, sino también las manifestaciones de la cultura sintetizada en la memoria histórica, en la cultura objetivada, como dirían algunos filósofos “culturalistas”.Pero este centro cultural es también un recinto de gran utilidad para la educación escolarizada, un auxiliar de primer orden para que los estudiantes de Iquitos observen y asimilen mejor los elementos culturales más significativos de su tierra amazónica, en una ciudad que se debate entre la falta de desarrollo y las aspiraciones de un desarrollo integral, uno de cuyos elementos es la superación espiritual de sus habitantes.Pareciera que Javier Dávila Durand, al tiempo que intuye y escribe poesía, imagina también una ciudad, Iquitos, que instruya, eduque y ayude a asimilar la gran aventura de construir una identidad a través de la memoria histórica.Poetas amazónicos y extranjeros, estudiosos de la Amazonía, héroes de nuestra historia amazónica, pintores y periodistas de imborrable memoria, personajes como Charpentier (“Charpico”), aquel ocurrente periodista y eterno candidato presidencial que ofrecía al pueblo “pan con mantequilla” para burlarse de la demagogia aprista del “pan con libertad”, tienen lugar en la fototeca del centro cultural y nos invitan a reflexionar sobre lo que fue la Amazonía peruana, lo que es hoy y lo que podríamos edificar en el futuro.Ninguno de los gobiernos regionales y municipales que en Loreto han sido, han tenido ni tienen más iniciativa que sembrar cemento de dudosa consistencia. Un hombre con sensibilidad estética y compromiso social, como Javier Dávila Durand, está demostrando que el pan y la belleza (José Carlos Mariátegui) no se oponen como genuinas reivindicaciones de los pueblos, en este caso, de los pueblos amazónicos.
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ESTAFA DE LA CARRERA PÚBLICA MAGISTERIAL
http://blogs.nortecastilla.es/blogfiles/talleresdeinvestigacion/LA20ESTAFA20DE20LA20CARERA20PUBLICA20MAGISTERIAL1.doc

5 DE ABRIL, DE MEMORIA, UNA MEMORIA
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MIS UNIVERSO Y EL LAVADO DEL IMPERIALISMOJosé Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en América, ex Secretario General del SUTEP
http://blogs.nortecastilla.es/blogfiles/talleresdeinvestigacion/MIS20UNIVERSO20Y20EL20LAVADO20DEL20IMPERIALISMO1.doc
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