| José Ramos Bosmediano, miembro de la Red social para la Escuela Pública en las Américas, ex Secretario General del SUTEP Ha sido elegida la congresista del Partido Nacionalista Peruano, Hilaria Supa, Presidenta de la Comisión de Educación del Parlamento. Su elección viene siendo objeto de elogios por pertenecer, sobre todo, a la vasta población indígena del Ande peruano, extensiva a los demás países configurados por el macizo de montañas desde Chile hasta Colombia. Los elogios y los buenos augurios de su gestión se fundamentan en su origen cultural de ancestros prehispánicos; en su representación de una raza y hoy de una clase, la campesina, postergada desde hace más de 500 años de conquista española, primero, y avasallamiento republicano después; de su espíritu cultural que busca su reivindicación histórica al lado de las culturas indígenas amazónicas. Su llegada al Parlamento peruano, al lado de otras indígenas, como la puneña Arpasi en el período anterior, tiene que suscitar emociones optimistas en quienes, de una u otra manera, buscan construir un país justo y digno para las mayorías nacionales. Desde luego que también, la elección de Hilaria Supa, genera el rechazo y hasta la burla de esa derecha que siempre ha gobernando el Perú, principalmente de los neoliberales actuales, fujimoristas en su más extrema expresión, para quienes las culturas originarias del Perú no son otra cosa que la expresión del atraso en que vivimos. Para estos políticos, la elección de Hilaria Supa constituye una afrenta al "habla culta" de doña Martha Hildebrandt, cuyo espíritu de élite y conducta soberbia es la manifestación de su adhesión a todos los autoritarismos políticos del Perú republicano que le correspondió apoyar, así al de Juan Velasco Alvarado, como al fujimontesinismo donde milita actualmente. El problema de fondo de la elección de Hilaria Supa Al margen de la valoración positiva al hecho de la elección de una mujer indígena a la Presidencia de la Comisión de Educación del Congreso y de la reivindicación política que ello significa para las culturas andinas y amazónicas, tratándose de la educación, no se puede caer, sin embargo, en la fácil deducción de que dicha elección nos traerá un cambio importante en la política educativa diseñada y actuada por la reforma educativa neoliberal que ha dejado el fujimontesinismo de los 90 del siglo XX, y que los dos gobiernos de la presente década no han hecho más que consolidar, como consolidó también la llamada Concertación chilena la reforma neoliberal del pinochetismo (1973 – 1990), en jaque hoy por su fracaso y por la lucha de los propios estudiantes chilenos. El predecesor de Hilaria Supa, también del mismo partido, Wérner Cabrera, podría haber desarrollado iniciativas diferentes a la reforma educativa neoliberal, pero no fue así. Los mismos parlamentarios nacionalistas, que no son pocos, tampoco dejaron notar su capacidad para promover una reforma educativa diferente a la imperante. Incluso fueron incapaces de presentar una alternativa a la política magisterial que ha impuesto el gobierno aprista y cuya tendencia fundamental es la desregulación laboral de los docente peruanos. Y es que el nacionalismo de Ollanta Humala carece de un programa integral para el Perú, mucho menos de un proyecto educativo que signifique la reversión de la crisis educativa que el neoliberalismo sigue profundizando. Así como no basta el nacionalismo, tampoco es suficiente el origen indígena de los gobernantes para producir cambios en el Perú. Desde esta perspectiva, los "ilustrados" políticos de la derecha tampoco pueden vanagloriarse de sus actuaciones porque habiendo gobernado tantos años el Perú, no solamente mantuvieron las lacras heredadas del colonialismo español, sino que las profundizaron hasta volvernos un país impresentable ante cualquier comparación seria con las sociedades occidentales más desarrolladas. La cuestión de fondo en la elección de Hilaria Supa es, pues, la de la inexistencia de un programa de cambios sustantivos en la educación peruana por parte de su partido, el PNP, y de toda su representación parlamentaria. Su presencia será simbólica y hasta encubrirá, inconscientemente, la permanencia de las políticas educativas neoliberales en curso. Al final, los aprofujimoristas que manejan el Parlamento podrán decir que la educación peruana sigue su curso normal. Las modestas iniciativas de Hilaria Supa Según la página 28 del diario La República de Lima, en su edición del 15/08/2010, con todos los méritos personales de Hilaria por haber llegado al Parlamento peruano y estar presidiendo una de las comisiones más importantes, las reformas que ofrece la parlamentaria, en su calidad de Presidenta de la mencionada comisión, son tres: un programa para la enseñanza bilingüe en el país, gestiones para la devolución de las piezas de Machu Picchu, la organización de foros para insistir en la elección democrática en las universidades, iniciativas muy modestas y hasta redundantes. En el proceso actual de la enseñanza intercultural bilingüe en el Perú y América Latina, las experiencias demuestran que cualquier programa para esa modalidad educativa carece de sentido al margen de una reforma educativa integral. México es un ejemplo de fracaso de uno de los mejores programas de la enseñanza bilingüe, no obstante la convergencia, en ese país, de connotados investigadores de la lingüística, la antropología social y la pedagogía. Al respecto, la implantación del programa educativo neoliberal, a partir del gobierno de Salinas de Gortari (1988 – 1994), significó un inmenso retroceso para la educación mexicana, sobre todo para los más de 10 millones de indígenas mexicanos. La rebelión chapaneca de aquel año, precisamente, tuvo, entre sus principales banderas reivindicativas, la educación indígena intercultural bilingüe. La intención de Hilaria Supa es, por supuesto, digna de elogio, pero sin revertir la actual reforma educativa neoliberal y las políticas económicas y sociales que la sostienen, es imposible asegurar un programa educativo bilingüe como el que el Perú requiere. Sobre la segunda propuesta, hasta donde sabemos, hay muchas instituciones estatales que vienen haciendo gestiones para que la Universidad de Yale nos devuelva los bienes culturales que pertenecen a Machu Picchu. Una gestión más, como la que anuncia Hilaria, puede ser importante, nuevamente como una buena intención, pero nada determinante para que los bienes sean devueltos por aquella Universidad. Además esas gestiones carecen de importancia como política educativa para enfrfentar al modelo neoliberal que hoy administra el Ministro José Antonio Chang. ¿Y qué decir sobre los foros que anuncia Hilaria Supa para promover la elección democrática en las universidades? Nada más que se trata de un asunto muy parcial de la reforma que requiere el sistema universitario, cuya Ley requiere ser cambiada con urgencia y no solamente para ver el sistema de elección de autoridades, sino para plantear con claridad el tipo de Universidad que requiere el Perú, la Universidad Pública como bien colectivo, con una posición firme frente a la existencia de las universidades privadas, verdaderas empresas para el lucro personal de sus dueños, huachaferías supuestamente académicas que nos deparan una población con educación superior apta sólo para la supervivencia de una sociedad atrasada, al margen del desarrollo de la investigación científica y tecnológica. Se requiere una Ley que redefina el cogobierno universitario y la reivindicación de la autonomía en su sentido académico y administrativo. Quienes vienen sosteniendo que las elecciones universales, secretas y directas de las autoridades universitarias resolverá el problema, ocultan el hecho de que hay maneras y medios de mover las campañas lectorales para producir un resultado favorable al enquistamiento de los mismos grupos que han venido gobernando las universidades, o de nuevos grupos que carecen de un programa democrático y científico de Universidad Pública. Si hay alguna propuesta que sea digna para una Presidenta del Congreso como Hilaria Supa, para su clase y para las mayorías del país, no es otra que la de una reforma educativa integral, democrática y patriótica, diferente y opuesta a la reforma neoliberal, trayendo abajo, en primer lugar, todo el armatoste jurídico que ha dejado el fujimontesinismo y todas las leyes educativas que el toledismo y el alanismo han promulgado para favorecer la privatización de la educación. Iquitos, agosto 16 del 2010 |
martes, 17 de agosto de 2010
Hilaria Supa y la educación peruana: ¿elección sustantiva?
jueves, 15 de julio de 2010
Solidaridad con Paul Mac Auley y la Amazonía Peruana.
Solidaridad con Paul Mac Auley y la Amazonía Peruana.
José Ramos Bosmediano, educador, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas, ex Secretario General del SUTEP.
sábado, 26 de junio de 2010
SENDERO LUMINOSO Y LA FRUSTRACIÓN DE LA REVOLUCIÓN EN EL PERÚ
(A Juan Corilloclla, dirigente magisterial que fue asesinado por Sendero Luminoso en Huancavelica; a Esteban Flores, dirigente magisterial asesinado por el Ejército en Tingo María)
José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas, ex Secretario General del SUTEP
Luego de la movilización senderista en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y en otros dos lugares de Lima, una serie de opiniones y análisis se vienen difundiendo, los cuales son de tres clases: por un lado, de quienes han reaccionado con objetivos políticos de indudable carácter oportunista; por otro, los que, buscando una explicación y una perspectiva ajustadas a la sociología y la ciencia política, le sitúan en el plano de la lucha por el poder en el Perú. Y un tercer tipo de reacción es la de marcada posición fujimorista.
Ambas posiciones pueden tener coincidencias, lo fundamental está en las diferencias de enfoque y de objetivos. La coincidencia general radica en su rechazo a las manifestaciones senderistas, tanto de los acuerdistas de las movilizaciones recientes y su desesperado afán de subirse al carro electoral del momento para sobrevivir; como de los del grupo "proseguir" que actúan en las zonas rurales de la producción de narcóticos provenientes del cultivo de la coca.
El fenómeno senderista y sus acciones armadas de tipo terrorista del pasado y de hoy no puede entenderse al margen de la situación del país, de la estructura de clases y de las relaciones sociales que la formación económico –social del Perú han engendrado en el plano de la ideología y de la política.
PRIMERO, EL LUGAR DE SL EN LA HISTORIA DEL PERÚ
En el siglo XX el Perú ha sido escenario de algunos intentos y procesos de lucha revolucionaria para su transformación en una sociedad diferente a la capitalista. Cada vez que surgió un movimiento con esa perspectiva, las clases dominantes la han combatido, como es la lógica de la defensa de un sistema, con todas las armas a su servicio, incluyendo las ilegales e inhumanas, sin importar que aquellas luchas hayan sido justas o no.
Primero fue la lucha de José Carlos Mariátegui por dar al Perú un rumbo socialista. El gobierno de Leguía trató de anular su lúcida y paciente acción revolucionaria, pero el Amauta dejó uno de los legados ideológicos más importantes de América Latina.
El primer movimiento revolucionario del tipo de lucha armada urbana fue el de 1932 en Trujillo y otras zonas del entorno norteño, cuyo estallido sobrepasó la capacidad y hasta la decisión política de la máxima dirigencia aprista de aquellos momentos: fue una auténtica lucha de los de abajo que fue sangrientamente doblegada por el dictador Sánchez Cerro. El grueso de los combatientes procedía del proletariado cañero del norte, y su principal figura emblemática fue el "Búfalo" Barreto, un líder anarquista muy cercado al socialismo, circunstancialmente aprista.
Después vinieron los movimientos guerrilleros de los años 60, principalmente la comandada por Luis de la Puente Uceda como máximo dirigente del MIR. Fue el movimiento de mayor claridad revolucionaria para la toma del poder y la construcción del socialismo, pero también una lucha guerrillera que se alejaba del aventurerismo y del simple terrorismo, aplicando la concepción y los métodos de los procesos revolucionarios de otros países, principalmente de la revolución cubana que había triunfado en 1959. Su derrota constituyó un gran alivio para la vieja oligarquía conformada, fundamentalmente, por los terratenientes, y también para todos los partidos de la derecha de aquellos años, incluido el APRA, de cuyas filas salieron, precisamente, los fundadores del MIR ante el convencimiento de que "la gran transformación" de la que hablaba Haya de la Torre no significaba más que una pose demagógica.
Los otros movimientos de aquella década no tuvieron la misma fuerza ni la misma importancia, pero correspondían también a la misma tendencia de la lucha por un nuevo sistema social.
Derrotados aquellos movimientos, un sector de las clases dominantes ligado al gamonalismo, se negó a realizar, por lo menos, algunos cambios que amenguaran la opresión y la miseria de las poblaciones campesinas y urbano-marginales, pese a que la administración norteamericana bajo la orientación de la Alianza para el Progreso había trazado un plan hemisférico para América Latina consistente en una serie de reformas que redistribuyera la riqueza para hacer frente al creciente descontento de las masas y al avance del comunismo y de las revoluciones tipo la Revolución Cubana, China, Vietnamita, Angoleña, etc. De ese letargo oligárquico fueron sacudidos por el golpe militar del 3 de octubre de 1968 bajo el comando institucional de las Fuerzas Armadas y su máximo jefe, el General Juan Velasco Alvarado. Par los barones del Azúcar y los viejos banqueros y grandes exportadores, la "revolución de las Fuerzas Armadas" no era sino el comunismo, sin darse cuenta de que el Perú ingresaba a un proceso de nueva modernización basada en los intereses de la burguesía industrial-financiera. De esta miopía de clase parasitaria, sólo escaparon algunos empresarios que se acomodaron al nuevo modelo desarrollista para hacer fortuna hasta consolidar su dominio de clase. Muchos de ellos formaron parte de los denominados "12 apóstoles" que se beneficiaron largamente con los dólares que el primer gobierno del APRA (1985-1990) les entregó para generar, supuestamente, el crecimiento económico del Perú.
Por supuesto que el desarrollismo burgués de la Fuerza Armada no pudo resolver los problemas del Perú, ya que no se salía de la órbita de la hegemonía del capitalismo internacional, no obstante algunas escaramuzas con el capital norteamericano por las políticas de las nacionalizaciones realizadas por el gobierno militar de la primera fase.
Tales frustraciones de transformación del país se dieron hasta la década de los 70 del siglo pasado. Las tres primeras, de indudable raigambre popular y revolucionaria. La tercera, de raíz reformista que hubiese permitido un proceso de modernización bajo la batuta de la burguesía industrial-financiera.
La frustración reformista dio paso al resurgimiento del movimiento revolucionario en el Perú bajo la presión del nuevo movimiento obrero y popular de las grandes ciudades, las huelgas de los trabajadores del campo y la ciudad, la influencia del avance del socialismo en el mundo y los nuevos movimientos guerrilleros en América Latina, más el aumento del descontento de las masas oprimidas, tanto de los obreros como de los campesinos y de la pequeña burguesía empobrecida. Al margen de estos hechos no se puede explicar el surgimiento de nuevos partidos revolucionarios, muchos de los cuales de abierta ideología marxista-leninista orientados a tomar el poder del Estado por la vía revolucionaria con la guerra popular como forma principal de lucha. En este contexto aparece SL y su preparación para el estallido de "su" revolución. Su aparición no puede ser vista como el mero producto de una "mente criminal", la de Abimael Guzmán, aun cuando este jefe senderista haya utilizado el terror para subyugar a quienes no pensaban como él, concepción y método ajenos al de todas las luchas revolucionarias del mundo, incluida la de Mao, su pretendido modelo de inspiración. El mismo hecho que SL no haya practicado ninguna política de alianzas con otros partidos de la izquierda peruana, dice mucho de su concepción dogmática y sectaria, el violentismo (no la violencia revolucionaria) de su línea y su metafísica del endiosamiento del líder, hasta convertirlo en "presidente Gonzalo" por anticipado, una diferencia abismal de concepción con otros jefes revolucionarios que solamente fueron considerados como comandantes de la lucha.
Si las condiciones en que se desenvuelve la sociedad peruana no cambian, como lo está indicado el propio Julio Cótler, de cuya ideología liberal no se puede dudar, si las desigualdades sociales van en aumento, ni no hay un horizonte de justicia futura en el marco de la actual democracia burguesa en el Perú, nuevos movimientos surgirán, incluso similares a SL. Entonces, los ideólogos de la burguesía volverían a dar explicaciones ajenas a nuestra realidad, enfilando sus acusaciones contra "fuerzas externas", como ya lo han hecho recientemente con motivo del movimiento indígena amazónico: ignorancia e intereses de clase, juntos.
El denominado "Museo de la Memoria" no es un factor que vaya a frenar el impulso de las masas oprimidas contra un sistema que crea más desigualdades económicas y sociales. El capitalismo ya no puede seguir manteniendo su "Estado del Bienestar" ni en la propia Europa de la otrora socialdemocracia. ¿O es que se puede frenar la lucha de clases con aparatos culturales sin cambiar las condiciones que dan origen a los enfrentamientos de clase? Lo ideal es que la transformación del Perú se realice pacíficamente, sin muchos sacrificios. Pero la propia Revolución Francesa ha demostrado que, en ciertas circunstancias, los que están en el poder se niegan a admitir los consejos y las peticiones.
SEGUNDO, EL SENDERISMO HA FRACASADO
Después de su derrota militar y política, SL se debate entre proseguir la lucha armada, por un lado, y recuperar presencia política a través de métodos de lucha legal, incluyendo la defensa de sus afiliados procesados o sentenciados, la lucha electoral coyuntural, la agitación política de "amnistía", la participación de su militancia libre en los sindicatos y organizaciones populares, su lucha ideológica en las universidades y otros centros de enseñanza, incluso privados. La propia exigencia de la autorización para el matrimonio de Abimael con la Iparraguirre es parte de esa lucha política.
Con excepción de la lucha armada que desarrolla en el VRAE y en una parte del Huallaga, nadie puede negar a los senderistas su derecho a participar en la vida política del país, como se pretende hoy desde las canteras más reaccionarias de la prensa y de la política de la derecha peruana. Estos sectores son los que han avalado y siguen avalando los asesinatos que comprometieron al Estado durante los doce años que duraron los enfrentamientos en la década de los 80 y principios de los 90 del siglo XX. Tienen razón quienes están considerando una alianza aprista-fujimorista para reiniciar una represión militarizada en las universidades públicas, principalmente en la Universidad de San Marcos.
Al margen de la fuerza que hoy tiene SL, que es muy débil frente a las masas oprimidas a las cuales pretende representar, su tendencia no es al desarrollo de esa fuerza. Su fracaso no solamente está en que fuera derrotada militar y políticamente, sino en el hecho de que su ideología se ha quedado estancada en el antifeudalismo de los 60 del siglo XX. Su idealización de la violencia al margen de las condiciones concretas de la lucha de clases le ha producido un rechazo en el pueblo y en los sectores progresistas, incluyendo las fuerzas de izquierda. ¿Cómo puede avanzar un movimiento que tira lanzas contra todos? Con SL no es posible discutir estas cosas porque su pensamiento es el único que posee todas las verdades juntas. En los sindicatos reclaman democracia cuando son minoría, pero cuando asumen la dirección de un gremio no permiten que nadie discuta nada. Poniendo de barriga a los apristas, estos "demócratas" tienen un comportamiento similar, como cuando dicen que no hay la corrupción que se viene denunciado en el Perú.
Por otro lado, fuera de Abimael Guzmán, no hay ningún otro dirigente importante capaz de discutir los problemas ideológicos y políticos de SL, ni sobre los problemas del Perú. Su discurso es el mismo, con citas fuera de contexto, con frases voluntaristas como los que leemos en ciertos correos electrónicos que nos llegan. Pretender discutir con los abogados Crespo y Fajardo es perder el tiempo y otorgarles un nivel que no tienen.
Un partido que ha demostrado su impunidad moral y su falta de autocrítica por lo asesinatos cometidos, no tiene capacidad para defender los derechos de los oprimidos, ni capacidad moral para combatir a la otra parte que, desde el Estado, también ha destruido vidas inocentes y no inocentes en condiciones de impunidad. Su desgaste moral e histórico es evidente. Su moral revolucionaria, si alguna vez existió, ya no existe. Las propias contradicciones entre los senderistas es prueba de que su desorientación es evidente, como el caso de los insultos de "Feliciano" contra Abimael Guzmán.
TERCERO, DESLINDAR CON SENDERO LUMINOSO
El deslinde ideológico con SL no será significativo si proviene desde la derecha, y mucho menos desde los neoliberales. La derecha carece de autoridad para rebatir los objetivos que SL dice perseguir, pues esa derecha constituye la beneficiaria de la situación de injusticia que vive el Perú. Sus ataques a SL aparecen como la defensa de sus exclusivos intereses de clase, de sus privilegios. Solamente la pequeña burguesía acomodada, los grandes funcionarios del Estado y del sector privado pueden hacerle coro como cuando el Presidente García amenaza con invadir las universidades. Este deslinde favorece a SL, pues le pone en ventaja evidente ante los sectores oprimidos del país. El periodista Federico Salazar, desde una derecha más liberal, plantea la cuestión del deslinde en forma más inteligente que los demás periodistas de la derecha peruana, pero él es, a lo sumo, un elemento aislado en medio de la mediocridad de una clase, cuyo único intelectual de renombre, Mario Vargas Llosa, es escuchado sólo por los neoliberales "orgánicos", pero no por el pueblo.
En el extremo del deslinde de la derecha se sitúa el fujimorismo, cuyo objetivo es instrumentar el rechazo a SL a favor de un retorno del Perú a los 90 vía las elecciones del 2011. De paso, indultar su corrupto y criminal jefe con su pandilla, juntos.
El verdadero deslinde con SL sólo puede provenir de la izquierda revolucionaria, de aquella que tiene como alternativa la lucha por el socialismo, por tanto, la lucha consecuente contra el capitalismo, cuya derrota de su modelo neoliberal es condición sine qua non para avanzar hacia el objetivo estratégico.
Sin ceder al violentismo metafísico de SL, la lucha revolucionaria no puede renunciar a ninguna forma de lucha de antemano, como ha ocurrido en el Ecuador, donde las masas insurgentes han debido recurrir a la violencia para traer abajo a tres gobernantes y dar paso al proceso político que hoy vive el Ecuador.
En el proceso de deslinde con SL es posible perfilar una nueva izquierda en el Perú, que cohesione a los sectores populares en una fuerza capaz de luchar por el poder y por la construcción del socialismo. Ese deslinde tampoco debe entenderse al margen de la lucha contra el capitalismo en el Perú y en el mundo. Es un deslinde teórico y práctico.
Lima, junio 22 del 2010
Fuente:
miércoles, 23 de junio de 2010
Educación en Loreto: Nueva alternativa democrática y patriótica.
Algunas notas sobre la historia de la Educación Peruana.
José Ramos Bosmediano
Lima, junio 14 del 2010 amazonayahuascaramos@yahoo.es
jueves, 10 de junio de 2010
Políticas educativas y trabajo docente en América Latina
José Ramos Bosmediano, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas, ex Secretario General del SUTEP
(A los maestros peruanos, abnegados y dignos, en el Día del Maestro, 6 de julio, fecha gloriosa de fundación del SUTEP en 1972)
Los países de América Latina y el Caribe siguen siendo, en gran mayoría, los laboratorios de aplicación de las políticas neoliberales que la gran burguesía internacional, con su globalización y sus transnacionales, viene imponiendo desde la d�)cada de los 80 del siglo pasado y, con mayor intensidad y generalidad, desde los 90. Los gobiernos de nuestros países, casi sin excepción, han ofrecido las mejores condiciones para que el FMI y el Banco Mundial apliquen los postulados que elaboraron Milton Frieedman, Von Hayet y decenas de intelectuales más, reunidos en 1943 en un lugar hermoso de Suiza (Monte Peregrino), postulados que, desde 1973, con motivo de la crisis internacional del capitalismo, se empezaron a imponer en Estados Unidos e Inglaterra, para luego pasar a Chile, primer ensayo del proyecto neoliberal de largo plazo.
Como la crisis del capitalismo ha vuelto a estallar en el 2008, cuando en América Latina los movimientos populares y las fuerzas progresistas vienen cuestionando el proyecto, incluso con nuevas alternativas de desarrollo nacional, como en el caso de Venezuela y Bolivia, para citar sólo a los dos países que más abiertamente, al lado de Cuba, se enfrentan al imperialismo, la burguesía europea ha empezado a aplicar la "medicina" neoliberal que tanto daño está haciendo a nuestros pueblos.
El neoliberalismo, por tanto sus políticas, constituyen un proyecto de largo plazo y de carácter integral. Su objetivo central es salvar al capitalismo de su crisis, al tiempo que resguardar a los capitalistas de la disminución de la renta, de las tasas de ganancia. Para lograr ese objetivo diseñaron políticas económicas que tiendan a recuperar las ganancias perdidas y elevarlas, a costa de de los derechos económicos y sociales de los trabajadores y de los sectores medios, a los cuales someten al régimen consumista de bienes y servicios a través de las tarjetas de crédito y de créditos que están más allá de las posibilidades de sus ingresos. Cuando la burbuja crediticia estalla y los capitalistas se encuentran en la quiebra o al borde de ella, son los Estados, a los cuales consideran inútil para manejar la economía, los que les entregan millones de millones de dólares, euros o yenes para "recuperar" la quebrada economía neoliberal. Los culpables directos de la crisis son premiados.
Por ser un proyecto integral, el neoliberalismo abarca todo el espectro social de los servicios, los medios de comunicación, la cultura, la educación, la administración pública, el uso de las tecnologías de la información y la biogenética, sin dejar de elaborar una visión del mundo concentrada en la permanente competencia entre los hombres en un contexto, casi endiosado, de libre mercado, único motor del desarrollo, del bienestar y de la felicidad, segC�n reza el credo neoliberal.
Desde la teoría neoliberal, una condición primera para manejar bien la economía y todas las demás actividades es reducir el poder del Estado a lo mínimo ("Estado mínimo"), imponiendo la privatización de la economía y todos los servicios. Sólo por convenir a la acumulación de divisas y mantener un ingreso permanente para la caja fiscal, algunos estados, como Brasil, Chile y México, lograron mantener algunas empresas relacionadas con los hidrocarburos y los minerales. En el caso del Perú, se desmantelaron todas las empresas estatales, dejando algunas reducidas a su mínima expresión, como ocurre con PETROPERÚ y ENAPUPERÚ.
Políticas educativas neoliberales
Como dijimos, fue en Chile donde el neoliberalismo empezó a realizar una reforma educativa a través del gobierno de Augusto Pinochet Ugarte, cuyos latrocinios se descubrieron cuando la muerte ya le acechaba, a diferencia de Alberto Fujimori que está preso por corrupción y asesinatos, aun cuando su prisión se parece más a un local partidario, con la miopía del gobernante de turno.
La reforma educativa neoliberal en Chile se empezó a poner en práctica entre 1980 y 1983, luego de un proceso de regionalización para aplicar la denominada descentralización de la educación, que hasta hoy no ha pasado de ser una desconcentraci�3n de funciones burocráticas, pues el gobierno central decide todos los aspectos sustantivos de la educación.
En términos concretos, las políticas educativas de la reforma neoliberal en Chile consistió en la privatización de las escuelas; en unos casos, entregando en propiedad a los privados; en otros, entregando a los privados la administración de las escuelas con un subsidio del Estado; y, en una tercera forma, entregando las escuelas a las municipalidades (municipalización de la educación). El objetivo no era otro que la reducción del gasto fiscal en educación.
La otra política fue la desregulación del trabajo docente, aplicando un sistema de evaluación estandarizada con la denominación de ·"meritocracia", término que llegó a convertirse en el cliché de todos los reformadores neoliberales, incluyendo a los epígonos peruanos. En la década de los 80 miles de maestros chilenos fueron despedidos del trabajo debido a la excedencia de maestros al matricular en una aula a un mayor número de niños, evidentemente para ahorrar recursos en salarios docentes. Eso mismo ocurre hoy en el Perú con la obligación de matricular no menos de 35 alumnos por aula.
La pedagogía no podía quedar al margen del manejo neoliberal. desde el planteamiento pragmatista tecnocrático de formar trabajadores para la economía de libre mercado, hasta el desarrollo de un currículo totalmente ajeno a la formación integral, encubierto con el discurso de la "calidad educativa". Las pruebas estandarizadas aplicadas a los estudiantes para medir su aprendizaje, no resultaron motivadores para resolver la crisis de la educación en Chile. Luego de más de 15 años de aplicación del modelo, las pruebas PISA, que tanto han sido ponderadas por los neoliberales, dio como resultado que los estudiantes chilenos sólo obtuvieron un puntaje muy por debajo de los estudiantes de Cuba, país donde no hubo ninguna reforma neoliberal, ni mucho menos las reformas auspiciadas por el Banco Mundial en la década de los 60 del siglo XX.
Los gobiernos de la Concertación, entre 1990 y el 2009, no han logrado recuperar el nivel de la educación que Chile exhibía hasta la década de los 70. La exclusión educativa y su baja calidad son dos de los problemas que fueron creados por la reforma educativa de Pinochet. Hay una élite, ligada al dominio de la gran burguesía chilena, que sigue manteniendo su status en la educación privada, mientras la educación pública, que concierne a la mayoría de los chilenos, requiere ser, por lo menos recuperada, problema que en cada disputa electoral es tema de discusión y competencia, especialmente cuando en el 2006 la entonces candidata Michelle Bachelet, debió de denunciar que el 40 % de los niños chilenos no asistían normalmente a las escuelas. Y no se diga de lo que ocurre con la educación de más de un millón de indígenas chilenos, desarraigados de su territorio por la voracidad de las transnacionales de la madera y las hidroeléctricas.
Algunas otras experiencias
Lo que ha ocurrido en las últimas dos décadas en los demás países donde se aplicó el "modelo chileno", empezando por el Perú, no es sino el mayor deterioro de los sistemas educativos y un proceso de privatización de la educación. En un espacio limitado como el que tenemos para el presente texto, sólo podemos mencionar brevemente las experiencias más importantes.
Después de Chile, correspondieron a Brasil y a México aplicar las reformas neoliberales. Collor de Melo en Brasil, desde 1988 empezó a aplicar el modelo mediante la descentralización a través de los gobiernos estaduales, imponiendo salarios diferentes para los maestros según la capacidad de financiamiento de cada Estado: el Estado más rico, paga más; mientras los más pobres remuneran a los sus maestros con poco más del equivalente de 100 dólares americanos. Posteriormente, otros gobiernos, especialmente el de Henrique Cardozo, aplicaron las evaluaciones estandarizadas sin producir resultados positivos en la educación brasileña. Lo que ha quedado intacto en Brasil es su sistema de educación universitaria, de una apreciable calidad desde décadas atrás. Pero Brasil, ni en los tiempos de Lula Da Silva, ha logrado resolver las grandes desigualdades educativas y culturales que sufre la mayoría de la población. No nos olvidemos que Brasil y Chile son los países más desiguales, en términos económicos, sociales y culturales, de América Latina, seguidos hoy por el Perú.
El otro caso, muy lamentable, fue el de Argentina, donde el ex Presidente Saúl Menem empezó a municipalizar la educación en 1992, reduciendo el presupuesto nacional para la educación y la salud, lo que dio paso a un abandono de la educación pública, que obligó a los maestros a desarrollar una larga lucha que desembocó en la protesta general en los años 2000 y 2001, dando paso a los gobiernos de los Kirchner. Como lo dice la historia de la educación en América Latina, la educación Argentina fue una de las más avanzadas, acaso la más, con un sistema escolar casi universalizado y un nivel elevado de educación superior. La reforma educativa neoliberal debilitó seriamente ese proceso, que hoy se trata de recuperar.
¿Y México? Este país, desde su fundación como república liberal allá en la primera mitad del siglo XIX, y luego con el impulso de la revolución democrática de 1910-1918, logró un proceso educativo de carácter obligatorio, gratuito y laico, elevando hasta un nivel importante la universalidad de la educación primaria, con una educación superior envidiable a través de sus universidades estatales autónomas, especialmente la gran UNAM. Le correspondió al Presidente Salinas de Gortari iniciar, entre 1988 y 1992, la aplicación de la reforma educativa neoliberal, como parte de la firma del TLC con Estados Unidos y Canadá, reformando el artículo 3º de la Constitución mexicana para dar paso a la educación privada confesional. En los años siguientes los gobernantes mexicanos han venido propiciando la privatización de la educación y la aplicación de una política magisterial de salarios congelados, con evaluaciones estandarizadas. En estos momentos el gobierno de Felipe Calderón ha lanzado un nuevo Plan de Reforma de carácter neoliberal, modificando el currículo para adecuarlo mejor a los objetivos de la economía de libre mercado, con la complicidad de los máximos dirigentes del Sindicato de Maestros (SNTE), frente a los cuales los maestros democráticos y progresistas están levantando una alternativa a través de la Coordinadora Nacional de Trabajadores en la Educación de México (CNTE). Se trata de una lucha por dos objetivos: enfrentar a la reforma educativa neoliberal y defender los derechos profesionales de los maestros.
Con los ejemplos citados, es pertinente preguntarnos si en todos los países donde se aplicaron las reformas educativas neoliberales la crisis de la educación se ha resuelto, por lo menos en parte. La UNESCO viene informando que ocurre todo lo contrario. Las denominadas "metas del milenio" trazadas en el 2000 no hacen más que reiterar, estableciendo nuevos plazos, en las mismas tareas y responsabilidades que no se lograron hasta el 2000, excepto Cuba.
La profesión docente en los países de América Latina donde se aplicaron las reformas neoliberales ha sido hondamente vulnerada y deteriorada, como en el caso del Perú, donde se acaba de dar paso a la docencia regular a los otros profesionales que no tienen trabajo, pero que "están preparados para dar clases", previa y eventual capacitación de 6 meses en "estrategias metodológicas". ¡Adiós a la Pedagogía!
Felizmente, en algunos países observamos que una nueva alternativa es posible para superar los viejos problemas educativos que nuestras clases dominantes no han logrado en casi 200 años de "democracia" liberal.
El trabajo docente bajo las reformas educativas neoliberales se ha desmejorado, no por la incapacidad de los maestros, como pretenden hacer creer los reformadores y los gobiernos que los auspician, sino porque las condiciones de vida de la población, por ende de los niños, han sufrido un mayor deterioro.
El trabajo docente se desarrolla hoy en un contexto de "competencia" entre los propios maestros, de búsqueda de "incentivos" a través de concursos y evaluaciones. Las expectativas de los maestros, antes que tener como objetivo central enseñar, se orienta por el deseo de "capacitarse" y obtener más diplomas y grados académicos para superar las pruebas y obtener un mejor incentivo.
La profesión docente tiene hoy otro competidor: el profesional que, careciendo de trabajo, puede dedicarse a la enseñanza hasta cuando consiga alguna ocupación con mayor remuneración.
Si bien es cierto las políticas no son idénticas en todos los países donde campera el neoliberalismo, la orientación común es adecuar el sistema educativo a la economía de libre mercado. En este marco, la educación pública y la carrera pública magisterial salen perdiendo.
Lima, junio del 2010

