martes, 5 de junio de 2012

La república de los barones en Espinar, Conga…




 

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La provincia de Espinar, Región Cuzco, donde más del 70% de los ciudadanos votaron en las elecciones del 2011 por el candidato Ollanta Humala Tasso, ha sido declarado el Estado de Emergencia. Su población, como numerosas en el territorio nacional, exige regulaciones adecuadas para la actividad minera, única manera de defender nuestros recursos naturales y, en última instancia, el derecho a la vida saludable de la población, con desarrollo integral y sustentable incluido.

A través del esperpéntico Primer Ministro y un Ministro del Interior que se arrodilló ante el poder mafioso de Fujimori-Montesinos, el hoy Presidente de la República, defendiendo los contratos alevosos que favorecen a los barones de la minería peruana, ha quitado sus más elementales derechos a un pueblo que contribuyó a obtener el cargo que hoy ostenta.

Hasta el momento, dos muertos más y numerosos heridos en Espinar, casi un anticipo de lo que podría ocurrir en Cajamarca a partir del jueves 31 de mayo. Nuevamente el Estado de Derecho al servicio de los poderosos de siempre. Otra vez un nuevo Presidente de la República que repite el círculo vicioso de la represión como único recuso para gobernar nuestro país, mientras la llamada "primera dama" (otro círculo vicioso y muy criollo) celebra su cumpleaños regalando lo que no le cuesta y preparando su candidatura presidencial para el 2016, como retrocediendo la historia a la década de los 90 del siglo pasado cuando otra "primera dama", hija del criminal y ladrón Alberto Fujimori, regalaba y se regalaba de lo que no le pertenecía.


Un escenario político irreversible desde el gobierno

Se ha impuesto en el Perú, nuevamente, la represión contra el pueblo. A diferencia de quienes aún tienen la esperanza de que el Presidente Humala retome el programa de "la gran transformación" o, por lo menos, de la "Hoja de Ruta", los lineamientos programáticos seguidos hasta hoy, desde la primera composición del Gabinete Ministerial con dos conspicuos representantes de la gran burguesía neoliberal, nos indican que el proceso es irreversible desde el poder que ejerce el actual gobierno.

Esos lineamientos tienen un centro de impulso que no está en el pueblo trabajador sino en los intereses de la clase dominante actual que se ha configurado a partir de la imposición del programa emanado del "Consenso de Washington" (1990) y consolidada con los gobiernos de Alejandro Toledo (2001-2011) y Alan García Pérez (2006-2011). La gran burguesía financiera que hoy gobierna el Perú empezó a actuar desde los años 80 del siglo XX, expresándose con nítidos caracteres durante la movilización de los banqueros liderados por el escritor Mario Vargas Llosa. No es casual que este intelectual "orgánico" del neoliberalismo, con la experiencia que tiene, se haya subido a la candidatura de Gana Perú, pues, vencidos sus distintos candidatos en la primera vuelta, debió de guardar las formas frente a la impresentable Keiko Fujimori Higushi, a diferencia de quienes, conscientes de derrotar a todos los candidatos neoliberales, consideramos una mejor oportunidad para un rumbo deferente del país la candidatura de Ollanta Humala, como ocurrió durante las elecciones de 1990 cuando era necesario derrotar al señor Vargas Llosa. Estos procesos fallidos no son exclusivos del Perú, sino que forman parte de la lucha política en determinadas condiciones de la correlación de fuerzas. Puede ocurrir en el futuro si es que el pueblo trabajador carece de una fuerza propia, democrática y revolucionaria.

Los hechos de confrontación o conflictos en más de 200 en distintos lugares del Perú son inevitables en tanto y en cuanto el gobierno actual obedece a los intereses de la actual clase dominante. No se trata, como dicen algunos analistas políticos con suficiente solvencia académica, que el Presidente Humala ha sido "secuestrado" por los "poderes fácticos". No es un imberbe para eso, por más insuficiente formación científica y cultural que tenga –y tiene realmente una gran pobreza cultual, que se nota hasta cuando elige a sus ministros. Su gobierno es la exacta representación de la clase que ha logrado su hegemonía económica, política y cultural en el Perú actual. Para esa representación sin problemas, el partido político denominado nacionalista, es tan personalista como el de los fujimoristas, tiene que expulsar incluso a los que no aceptan algunas contradicciones entre lo que el candidato dijo con lo que hoy defiende, como es el caso del congresista Rimarachín, de Cajamarca, separado del partido presidencial (PNP).

Pero no se trata solo de la confrontación en el sector minero. La crisis social del Perú no tiene una respuesta que por lo menos la aborde desde lineamientos diferentes a los que hasta hoy conocemos en los últimos 50 años. Basta mirar la marcha de la educación, intocada en sus bases neoliberales; la crisis de la salud pública y del seguro social, el acaparamiento monopólico de las tierras agrícolas, el mantenimiento de las precarias condiciones de trabajo en los sectores público y privado, el endiosamiento del crecimiento del PBI al lado del crecimiento de las desigualdades económicas y sociales y la expansión de la criminalidad sobre la base de esas desigualdades.

No hay ningún indicio de que los grandes problemas del Perú empiecen a ser abordados desde perspectivas democráticas, populares y verdaderamente nacionales. El gran capital lo es todo. Los trabajadores no son nada.


La larga historia del dominio oligárquico

Periodistas de toda marca, y hasta ciertos investigadores de nuestra realidad social repiten con insistencia la frase de uno de los personajes de la novela "Conversación en la Catedral" de Mario Vargas Llosa como si esa pregunta (¿"en qué momento se jodió el Perú?) no tuviese respuesta. La ficción literaria pretende reemplazar a la razón histórica. Y la razón histórica hace tiempo que se abrió paso de forma clara con el libro fundador de José Carlos Mariátegui, "7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana".

En ese libro se enfoca el rompimiento brusco de nuestra historia con la invasión y la conquista, ciertamente violenta, del imperio incaico por los españoles. Fue el inicio de una dominación externa que dura hasta hoy aunque se ordene cantar otras estrofas del Himno Nacional.

La minería del oro y la plata estranguló nuestra ancestral agricultura y ganadería, a la vez que impuso la esclavización de nuestros pueblos indígenas. El Rey de España nos administraba a la manera de su Corte y de los intereses de otras monarquías europeas cuando el inicial desarrollo del capitalismo requería de las riquezas zaqueadas a los pueblos colonizados de nuestra América.

Con la República postiza, a la explotación minera se agregó la heredada dominación interna de los terratenientes y, más tarde, la de los barones del azúcar, sin faltar aquella coyuntura denigrante de los barones del guano y del salitre, cuyos ingresos no sirvieron ni para defendernos de la agresión chilena a fines del siglo XIX.

No olvidemos la presencia de los barones del caucho en la Amazonía peruana, cuya ignominia aún llevamos en algunos nombres en las calles de esa extensa región.

Siempre la gran minería dominada por extranjeros ha asolado montañas dejando más empobrecidos a los pueblos donde ha horadado las tierras y los cerros: a las ambiciones por el oro y la plata, se agregaron las del cobre y el hierro, principalmente. Esta gran minería actúa hoy con los sutiles discursos de la "responsabilidad social", la "minería limpia", y otras frases que encubren su carácter depredador y de zaqueo. Imposible decir que hay lugares donde no debe explotarse minerales, cabeceras de cuenca, por ejemplo. De inmediato los guardianes de los barones de la mina nos tildan de "anti mineros". ¿Y si se defiende la participación empresarial del Estado para obtener mejores beneficios de la explotación minera? Peor. Los defensores de la nueva oligarquía en el Perú nos acusan de "estatistas", "populistas" y hasta "anacrónicos", palabrita que Mario Vargas Llosa, defensor de las ideas liberales del siglo XVIII, repite tanto en sus artículos quincenales y en sus conferencias.

¿Qué nos ha dejado la explotación petrolera en el país? Muy poco. La Amazonia peruana recuerda muy bien el "boom" petrolero y solo ve el presente de abandono y pobreza.

Y no hablemos de la explotación intensiva de nuestro mar y de nuestra floresta amazónica. Es para indignarnos mil veces más.

De manera que las muertes de los últimos años, más los de ayer en Espinar, deben corresponder a la permanente confrontación del pueblo trabajador con los depredadores de nuestros recursos naturales, diligentemente defendidos por las "fuerzas del orden" por mandato de los barones de la mina, el petróleo, el gas y demás intereses de los monopolios.

La "gran transformación" se ha convertido en la gran continuidad del programa neoliberal. Para esa gran transformación el pueblo peruano seguirá luchando.


Lima, mayo 29 del 2012
 
NOTAS
Tomado de José Ramos Bosmediano.


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lunes, 21 de mayo de 2012

La minería peruana, la Newmont - Yanacocha y el Proyecto Conga.


José Ramos Bosmediano, Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales, miembro de la Red Social para la Escuela Pública en las Américas (Red SEPA, Canadá), ex Secretario General del SUTEP (Perú)


Escribo este artículo cuando faltan 11 días para que se inicie la huelga indefinida del pueblo de Cajamarca, es decir, una paralización de actividades productivas, de comercio y administrativas en toda esa región del Perú, convocada por los Frentes de Defensa de las provincias y distritos bajo la conducción del Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca (FEDAC), principal organización de la Coordinadora Regional de Frentes de Defensa de la misma región.

Para una mejor comprensión del conflicto actual y sus protagonistas en la región Cajamarca, sobre todo para quienes no viven en el Perú, es conveniente definir brevemente algunos elementos y también el contexto en el que ocurren los hechos.

En primer lugar, la región Cajamarca. Esta es una de las 26 regiones en que está dividido el territorio peruano desde el 2002, sobre la base de los antiguos departamentos, con la definición de la ciudad de Lima Metropolitana (8 millones de habitantes) como nueva región.

La región Cajamarca está situada en la parte norte del territorio peruano, teniendo como eje orográfico la cordillera de los Andes centrales y occidentales, siendo, fundamentalmente, una región serrana, pero que, en su parte más oriental, tiene un componente amazónico de selva alta con clima tropical. En la parte de sierra, Cajamarca posee grandes yacimientos de oro, plata y cobre, principalmente. El oro es el metal que otorga a esa región su capacidad de mayor atracción a los grandes empresarios mineros. Hay que recordar que en la historia de la conquista del Perú por las huestes españolas comandadas por Francisco Pizarro, fue en la ciudad de Cajamarca, capital de la región, donde fue sorprendido, apresado y asesinado el Monarca incaico Atahualpa, quien tuvo que llenar de oro y plata un cuarto de regulares dimensiones para salvarse de la muerte, lo que no ocurrió, pues los españoles se apoderaron de los metales y le dieron muerte al inca acusándole de blasfemo contra el dios cristiano que traían los conquistadores. En la actual plaza de armas de la ciudad existe aún el denominado "Cuarto del Rescate".

Cajamarca es una región que se acerca a los 2 millones de habitantes, cuyas actividades fundamentales para su vida son la agricultura y la ganadería, habiéndose convertido en la segunda región productora de leche de ganado vacuno, que ha dado origen a pequeñas empresas productoras de queso y mantequilla, pero que la mayor parte de su producción lechera es comprada por la empresa monopólica Gloria. Ya se entenderá, entonces, el gran valor del agua para la vida económica y social de una gran población campesina que habita en la región y también para los habitantes urbanos de no menos de cien ciudades cajamarquinas.

Las cabeceras de cuenca, extensas alturas andinas que ascienden por encima de los 4000 m. s. n. m., están conformadas por vertientes de agua subterránea, numerosas lagunas y pequeños ríos que, al discurrir desde las alturas, dan origen a ríos más grandes que alimentan la cuenca amazónica y la cuenca del Pacífico en la parte norte del Perú, otra razón para definir la gran importancia de las cabeceras de cuenca en el Perú andino y no solo en Cajamarca.

Como en el resto del Perú, en Cajamarca la población se ha organizado, desde los años 70 del siglo XX, las Rodas Campesinas, organizaciones que se formaron para que los campesinos se defiendan de los ladrones de ganado, elementos protegidos por los jueces y policías corruptos del Estado peruano, logrando hacerse justicia sin necesidad de matar ni torturar a los ladrones, simplemente hacerlos rondar (caminar) un tiempo y luego expulsarlos del lugar. También en la misma época se organizaron los Frentes de Defensa de los Intereses del Pueblo como la unidad de campesinos, maestros, ciudadanos, estudiantes universitarios y hasta pequeños comerciantes de las ciudades con el objetivo de reclamar al gobierno central la construcción de escuelas, hospitales, servicios de agua y luz, carreteras y hasta el cambio de autoridades en las ciudades. Estas organizaciones democráticas y populares siguen en pie a pesar de que muchos de sus dirigentes han sido perseguidos, encarcelados y hasta asesinados por la fuerza pública. Entonces se puede comprender la importancia de los actuales Frentes de Defensa de Cajamarca en la lucha por la defensa del cerro o cabecera de cuenca Conga. En casi todo el Perú los Frentes de Defensa siguen actuando para reclamar a los gobiernos la solución de los problemas locales que son competencia del gobierno central.

 

La presencia de la empresa Newmont-Yanacocha en Cajamarca

Ya han pasado 18 años desde que la empresa norteamericana Newmont se encuentra en Cajamarca, rodeando a la capital regional y a otras ciudades capitales de provincia en la parte serrana de su territorio. Oro y plata son sus objetivos de extracción, oro principalmente. Con miles de millones de ganancias anuales (no menos de 3 mil millones por año), la Newmont ha ocasionado ingentes daños a la población y al medio ambiente: envenenamiento de las fuentes de agua y de las vertientes, conversión de extensas tierras en basureros de relave minero, dificultades para la agricultura, contaminación del aire y del cuerpo de las poblaciones campesinas. De esas ganancias, en tributos para el Estado y salarios para los trabajadores mineros, solo quedan en el Perú el 15% de las ganancias de la empresa. Por estas razones los Frentes de Defensa han venido rechazando a la Newmont-Yanacocha, denominación que se explica porque la empresa funciona en el Perú como Yanacocha. Dígase de paso que grandes empresarios mineros peruanos tienen acciones en Yanacocha, modelo de inversión que permite a la transnacional tener socios peruanos con intereses concretos para que la defiendan, en el caso del Perú, desde la Sociedad Nacional de Minería y Petróleo (SNMP), uno de los grupos de la gran burguesía peruana que deciden las medidas económicas, políticas y sociales en el marco del programa neoliberal implantado durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), entre ellas, los contratos de concesiones para la l explotación de los recursos naturales por las transnacionales con carácter de ley, por tanto, inalterable.

El conflicto por la cabecera de cuenca Conga

Como ya se dijo, en esta cabecera de cuenca se origina la fuente más importante de agua para vastos sectores de la región Cajamarca. Sus aguas subterráneas y sus lagunas de almacenamiento natural de agua son fundamentales para el trabajo del campo, el consumo humano en las ciudades y para la alimentación hidrográfica de las cuencas amazónica y del Pacífico.

 

En el año 2010, durante el gobierno del ex Presidente Alan García Pérez, la Newmont-Yanacocha obtuvo la concesión para explotar los yacimientos de oro que existen debajo de cuatro de las más grandes y bellas lagunas del cerro Conga: es el Proyecto Conga creado por la transnacional que pone en peligro la intangibilidad de las cabeceras de cuenca por ser ecosistemas de extrema fragilidad. La autorización se dio con la aprobación de un cuestionado y cuestionable Estudio de impacto Ambiental pagado por la propia empresa dueña del proyecto.

Los Frentes de Defensa y el FEDAC denunciaron, desde hace dos años, que el Proyecto Congaconsistía en secar las cuatro lagunas principales, convirtiendo a dos de ellas en basurero de relaves mineros (piedra, barro y elementos tóxicos), y luego seguir avanzando hacia las demás lagunas existentes en la cuenca. Es decir, se iniciaba la destrucción del cerro con todos sus elementos, anulando, en la práctica, su papel medioambiental natural. Como para burlarse del país y de la región Cajamarca, especificó que reemplazaría las lagunas por reservorios de cemento con un "mayor volumen de agua" para toda la región, reservorios que se llenarían con las lluvias, lluvias que solo se producen durante 5 meses del año.
Ante las denuncias del pueblo organizado de Cajamarca, durante la campaña electoral del 2011, el entonces candidato presidencial Ollanta Humala Tasso se pronunció a favor de la defensa de la cabecera de cuenca Conga y que, de ganar las elecciones, anularía el contrato de concesión. Ante este ofrecimiento, el pueblo de Cajamarca dio el triunfo a Humala Tasso; incluso los dirigentes ronderos y de los Frentes de Defensa fueron los que más trabajaron durante la campaña electoral a favor del hoy Presidente de la República.

Ya en el gobierno, a partir del 28 de julio del 2011, el Presidente Humala no solamente olvidó su promesa de campaña electoral, sino que, en las vísperas de la huelga indefinida de noviembre de ese año, declaró que él defiende "el agua y el oro", motivando que el pueblo de Cajamarca iniciara la huelga y luego la Gran Marcha a Lima en Defensa del Agua y de la Vida, una marcha que recibió el apoyo de la población peruana. En esas circunstancias el Presidente de la República ya había dicho: "Conga va", el apoyo al proyecto de la Newmont-Yanacocha, y ordenó la persecución, enjuiciamiento y detención de los dirigentes del Frente de Defensa, como ha ocurrido con el Presidente del FDAC Dr. Wilfredo Saavedra Marreros, abogado que, al lado de otros ciudadanos, ha organizado el Frente de Defensa Ambiental de Cajamarca.
La lucha emprendida por el pueblo obligó a la empresa suspender sus actividades en el cerro Conga, según ella, por recomendación del gobierno. La región Cajamarca había ganado una primera batalla. Concluía el año 2011.

La contraofensiva del gobierno y de la empresa

Enero, febrero y marzo del presente año han sido meses de intenso trabajo del gobierno y de la empresa para lograr convencer a la población del país y de Cajamarca de las bondades del Proyecto Conga, que permitiría una inversión de 4800 millones de dólares, 10 mil puestos de trabajo, obras púbicas ejecutadas por la empresa, un plan de desarrollo de la región y muchos otros ofrecimientos. La empresa gastó mucho dinero en propaganda TV, radio, prensa escrita con publirreportajes y encartes en los diarios de Lima, graficando "los grandes beneficios" que llegarían si el Proyecto se realizaba.


Por su parte, el gobierno contrató a tres expertos internacionales (2 españoles y un portugués) para que realicen un peritaje al Estudio de Impacto Ambiental (EIA) aprobado en el 2010 y realizado con la subvención de la propia empresa. Como ya se había previsto, los expertos no hicieron más que aprobar el EIA e introducir nuevas recomendaciones para "mitigar" los impactos negativos de la explotación minera. Al dar a conocer las conclusiones, el Presidente Humala Tasso puso algunas condiciones para que la empresa reinicie la explotación, siendo una de ellas establecer otro lugar como basurero, pero manteniendo la sustitución de las lagunas por reservorios de "mayor volumen", condiciones que mantienen la viabilidad del proyecto y la consecuente destrucción de la cabecera de cuenca.

El asunto central del conflicto y la perspectiva

Las fuerzas neoliberales del Perú, con el actual gobierno, han decidido dar curso al Proyecto Conga como uno de los proyectos de inversión más simbólicos para el progreso del país. Hacer lo contrario sería un signo negativo y una causal para que las inversiones se alejen. Es una decisión tomada oficialmente y garantizada por la militarización de la región como factor de "persuasión". Por su parte, la empresa ha anunciado que si las nuevas condiciones no le permiten mantener sus "ganancias razonables" trasladaría los 4800 millones de dólares americanos a otro país, amenaza que significa presionar para que el proyecto no sea declarado inviable.

Los Frentes de Defensa han decidido seguir luchando hasta lograr que el gobierno declare inviable el Proyecto Conga. La huelga programada para ser iniciada el 31 de mayo es parte de esa lucha.

Los defensores del Proyecto Conga, así como los que nos oponemos a su viabilidad, consideramos que el Conga es un símbolo importante. De declararse viable, sería el paso hacia la explotación de todas las cabeceras de cuenca que los grandes mineros decidan desarrollar. Si triunfamos los defensores de las cabeceras de cuenca, esta victoria tendrá efectos positivos en la lucha de la población en varias regiones del país para que la minería no siga depredando nuestro medio ambiente.

Ha quedado demostrado que los neoliberales carecen de sentimiento patriótico frente a los intereses de las transnacionales y de los grandes empresarios nacionales que se alían a aquellas.

El desenlace de la lucha en defensa de Conga dependerá del apoyo que logremos en esta nueva etapa.

Lima, Perú, mayo del 2012

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Mario Vargas Llosa y su guerra neoliberal



José Ramos Bosmediano
                                                                                                 (A los trabajadores peruanos y del mundo, por su unidad y su lucha para conquistar un mundo nuevo, mi saludo en este nuevo primero de mayo)
 
Desde Madrid, desde su madre patria y muy cerquita al monarca matador de inofensivos elefantes, Mario Vargas  Llosa despacha para la prensa adicta al capitalismo neoliberal un artículo de queja contra la nacionalización del 51% de la transnacional española REPSOL-YPF por el gobierno argentino; y de un catastrófico pronóstico para esa nación latinoamericana, provocado por el "atrevimiento" de tocar los grandes intereses del gran capital ("La guerra perdida", en La República de Lima, domingo 22/04/2012, p. 7).  Usando los mismos argumentos, en la edición del mismo diario (La República, 01/05/2012, p. 12), el Embajador de España en el Perú, Juan Carlos Sánchez Alonso no solamente arremete contra el gobierno de Cristina Fernández, sino que hace un panegírico a la monarquía española, tan feliz y ricachona mientras sus súbditos deben soportar el "paquetazo" empobrecedor del gobierno ultrarreaccionario del Partido Popular.  Por algo el actual Rey de España es uno de los hombres más ricos de su país, como para  preguntar de dónde obtiene tanto dinero la clase ociosa.
Hace tiempo que Vargas Llosa combina la literatura con la prédica política.  En el primer campo de su actividad acaba de publicar un nuevo libro, un conjunto de ensayos con el título "La civilización del espectáculo", texto cuya idea central es el rechazo a toda expresión cultural que no se adecúe a los moldes clásicos, confundiendo los mecanismos de diversión embrutecedora que pone en juego el neoliberalismo, que tanto defiende, de aquellas manifestaciones de arte y cultura que nacen de y calan en el espíritu de los pueblos como expresiones de su fuerza vital y se extienden como  herencia cultural.  En el área de la política, que incluye la economía y la administración del Estado, no hay ocasión en la que el reciente Premio Nobel de Literatura deje de expresar su rechazo a toda manifestación reivindicativa de la nación, de la economía nacional y del Estado que haga valer sus fueros frente al dominio abusivo de la globalización neoliberal actual.  Todos los gobernantes que tratan de buscar una nueva opción para el desarrollo con igualdad y justicia para sus pueblos, son objeto de su iracundo ataque desde su óptica extremadamente dogmática y fundamentalista neoliberal: con los estados, nada; con los privados y poderosos, todo.
¿Todo es populismo?
Según los singulares conocimientos de economía política del señor Mario Vargas Llosa, que el Estado mantenga bajo su administración una parte significativa de de una o más empresas, es simplemente "populismo".  Y lo que es peor: esa propiedad nacional le lleva, inexorablemente, "al abismo", como afirma en el primer párrafo de su artículo refiriéndose  al acto nacionalista de la actual administración argentina.
La concepción errónea, por interesada, sobre el fenómeno populista en el siglo XX, ha sido –y sigue siendo- un lugar común para los economistas y políticos neoliberales, para quienes el Estado no debe mantener bajo su control ni un centavo de la economía que se mueve en el país. Tampoco debe otorgar a los trabajadores sus derechos, pues el mercado es "el mejor" instrumento para "asignar los recursos financieros", los ingresos de las personas, y vaya, la felicidad de todos.  Ni qué decir sobre los servicios públicos: cada cual debe comprar en el libre mercado su educación, su salud, su seguridad social.  Lo que Rajoy está haciendo con la economía española actual, lo que Fujimori hizo en la década del 90 en el Perú, etc. , etc. y todos los etcéteras neoliberales que ya conocemos –y sufrimos- no son sino los más hermosos signos de nuestro tiempo que debemos  honrar sin abrir la boca. 
El término populismo fue utilizado para señalar el conjunto de concesiones que ciertos regímenes latinoamericanos hacían a los pueblos en materia social para frenar el descontento de las masas y evitar el estallido de procesos revolucionarios.  Getulio Vargas en Brasil o Perón en Argentina, solo para mencionar dos ejemplos de nuestra América, desarrollaron políticas populistas, pues su objetivo no era lograr un orden nuevo ni reivindicar a las masas, sino contener la lucha de estas en circunstancias de flujo de esa lucha.
Los neoliberales, en cambio, sí utilizan el populismo hasta convertir sus "políticas sociales" en puro asistencialismo y clientelismo político, como lo hizo Fujimori, entre otros, y lo tenía que hacer, de ganar las elecciones en el año  1990, Mario Vargas Llosa.  El populismo neoliberal se diferencia del anterior populismo por el desmantelamiento del Estado y la entrega del control de la economía y los servicios al sector privado a efecto de que este multiplique su tasa de ganancia.  De manera que el verdadero populista –neopopulista-  es Mario Vargas Llosa porque asigna a los grandes empresarios privados, dueños absolutos de lo que antes fue del Estado, en los benefactores que financian los servicios que requiere la población, cual nuevos filántropos que entregan parte de sus ganancias  para procurar  "bienestar", tal como conciben los neoliberales peruanos el papel de la Newmont-Yanacocha en Cajamarca a cambio de la destrucción de la cabecera de cuenca Conga. No es ajena al populismo la financiación de obras locales y donaciones por las transnacionales y por ciertos monopolios nacionales, con la denominación de "responsabilidad social", nueva forma sofisticada de mantener su dominio neocolonial.
Don Mario Vargas Llosa prefiere que todas las transnacionales sigan operando sin el control del Estado, ni siquiera del Estado liberal de la Argentina actual.  Para este escritor convertido en predicador neoliberal la libertad de empresa es el sumun de la libertad humana, sin la cual no puede haber libertad de pensamiento, quedándose encharcado en el más vulgar economicismo.  Sin los grandes empresarios de la prensa no hay libertad de expresión.
Las mentiras y omisiones de Mario Vargas Llosa
Como si desconociese la historia reciente de Argentina, Vargas Llosa se atreve a  decir que los grandes logros de la Argentina en educación habían sido destruidos por las políticas de Perón.  Lo que ha ocurrido con la educación argentina se produjo durante la aplicación de las políticas neoliberales de Saúl Menem en la década de 1990, precedidas por el proceso de la dictadura sangrienta de los generales asesinos que llevaron a su país, irresponsablemente, a una guerra con Inglaterra, conociendo que la correlación de fuerzas no le era favorable frente a una potencia apoyada, además, por EE.UU. y por la dictadura de Pinochet. Siendo la recuperación de Las Malvinas un derecho y una necesidad histórica para  la patria de Ernesto Sábato, lo buscaba  esa dictadura era demagógica y de encubrimiento de sus asesinatos.  ¿No se conoce, acaso, que las políticas neoliberales aplicadas por Menem desembocaron en la crisis financiera y de corrupción de los años 2000-2001?  Elemental, mi querido Watson.
 Durante su largo período neoliberal (década del 90 del siglo XX) Saúl Menen desarmó la escuela pública argentina, la municipalizó y privatizó, desmanteló los derechos de los maestros y disminuyó el presupuesto educativo a su mínima expresión en un país donde la cultura y la educación se había desarrollado sobre la base de la educación pública, aspecto central que Vargas Llosa no puede señalar porque su posición política privatizadora lo impide.  
Al contrario de lo que dice este escritor, ha sido el nuevo régimen bajo las presidencias, respectivamente, de Néstor Kirchner y de su esposa, las administraciones que han venido recuperando el papel de la educación pública, de su presupuesto y de los derechos de los maestros argentinos, cuya lucha fue coronada con la instalación de la Carpa Blanca de la Dignidad, espacio sindical, cultural y político que, entre 1997 y 1999, se convirtió en el símbolo de la lucha por una nueva educación en Argentina, lugar que Ernesto Sábato y muchos otros intelectuales visitaron constantemente para expresar su solidaridad con la Confederación de Trabajadores en la Educación de Argentina (CETERA)  y de oposición al programa neoliberal de Menem,  conducta digna que Mario Vargas Llosa en ningún momento podría exhibir.  Por supuesto que esa política educativa actual no podría haberse adoptado sin una política económica que, sin salirse del capitalismo, reivindique el papel del Estado para redistribuir los excedentes hacia los servicios sociales que el neoliberalismo había desmantelado, como ha ocurrido –y viene manteniéndose-  en el Perú.
La otra mentira que desliza Vargas Llosa es casi a pedido de la REPSOL, al afirmar que el gobierno argentino pretende debilitar a la transnacional para después comprarle sus activos "a precio de saldo".  Ni el gobierno del presidente Chávez, ni el de Evo Morales, han nacionalizado parte de los activos de las transnacionales para liquidarlas.  Vargas Llosa esconde el hecho de que las empresas intervenidas siguen en esos países usando su derecho a seguir ganando con sus inversiones, pero ganando menos, pues el Estado no puede ser un simple mendigo que reciba casi propinas de las transnacionales.  La REPSOL no saldrá de Argentina porque ni en su país de origen podrá sobrevivir si no sigue invirtiendo en otros.  Vargas Llosa y otros neoliberales de nuestro país se han convertido en los altoparlantes de esa transnacional y de los gritos del  presidente Rajoy que hoy exprime al pueblo y a los trabajadores españoles, destruye los servicios públicos de educación y salud para mantener los privilegios de unos cuantos ricos y de esa obsoleta monarquía que, en medio de las penurias de "su pueblo", se da el lujo de un safari propio de los tiempos del viejo colonialismo en África. 
El empobrecimiento generalizado del pueblo argentino coincidió, precisamente,  con el régimen menemista, como también ocurrió en el Perú durante el fujimontesinismo, en Bolivia con Sánchez de Lozada,  en México a partir  de Salinas de Gortari, en Brasil con los neoliberales Collor de Mello y Henrique Cardozo, en Venezuela con el ya fallecido Carlos Andrés Pérez, y así, en Costa Rica desde la introducción del programa neoliberal bajo la administración del ex presidente Arias,  etc.  Parece que la nutrida biblioteca de Mario Vargas Llosa carece de algunos textos de la historia económica y política de nuestra América de las últimas décadas.  Esta misma desinformación aplica al caso de la Venezuela actual bajo la presidencia del comandante Hugo Chávez Frías. 
Otra mentira de Vargas Llosa se refiere a la supuesta falta de  respeto a los contratos por la presidenta Cristina de Kirchner, que repite también el Embajador Sánchez Alonso.  Quien ha incumplido los términos del contrato es, precisamente, REPSOL-YPF, al no invertir y reinvertir los montos pactados para la expansión de la exploración y explotación de hidrocarburos, poniendo en riesgo la capacidad energética de ese país.  Sin informarse, u omitiendo la realidad, Vargas Llosa simplemente engaña con la impunidad de un escribidor irresponsable.
Pero donde llega al paroxismo de la mentira es cuando señala que los problemas de Argentina y de América Latina no se deben al colonialismo, ni al capitalismo, sino solamente al caudillismo, al populismo, al nacionalismo, al fascismo, al patriotismo y "a todos los ismos", pero menos al neoliberalismo, el credo y el hábitat cultural del escritor peruano-español.  Esta manera de mezclar categorías en un solo concepto de "causas" históricas es propio de quien confunde la ficción con la ciencia, la imaginación artística con la imaginación puesta al servicio del descubrimiento de la leyes del desarrollo social de los pueblos.
El apocalipsis de Mario Vargas Llosa
La política y la economía política son ciencias y tienen como objeto de estudio, respectivamente, la lucha por el poder y la administración del Estado desde ese poder, y el proceso de la producción en un sistema económico determinado.   Sin obviar los elementos subjetivos que intervienen en el análisis e interpretación de los hechos (intereses y posición de clase, credos religiosos, principalmente),  la objetividad constituye la condición sine qua non para no cometer errores o cometerlos mínimamente.   La pasión por la defensa del libre mercado y su expresión neoliberal actual obnubila a Mario Vargas Llosa y le lleva a predecir, en el caso actual de Argentina, una derrota irremediable por haber nacionalizado parte de las acciones de la YPF.  Dice textualmente: "A Argentina le van a llover las demandas de reparación ante todas las cortes e instituciones de comercio internacional y sus relaciones no solo con España sino con la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, etcétera, se han vuelto ahora conflictivas".  Claro que sí, para eso las transnacionales han creado el CIADI, organismo con sede en EE.UU. y que se da el lujo de no respetar la legislación de los países.  Pero esos juicios, como los que enfrenta el gobierno del comandante Chávez Frías, no llevarán a la Argentina "al abismo", como sentencia Vargas Llosa.  Y si REPSOL, resentida y encolerizada como está, sale de Argentina, esta nación no perecerá.  Al contrario, sabrá remontar todos los problemas que se le presenten, con su pueblo y sus dirigentes más preclaros.
Ese anunciado apocalipsis no viene ocurriendo en otros países donde sus respectivos gobiernos han procedido con patriotismo, palabra y concepto que para Vargas Llosa no tienen sentido con la globalización neoliberal que tanto adora y defiende.  No recuerda que Estados Unidos se formó como nación reivindicando su derecho a administrar sus propias riquezas (su té, en el siglo XVIII) , y que hoy, autodenominándose guardián de la libertad y la democracia en el mundo, niega a los pueblos oprimidos por el capitalismo imperialista su derecho a emanciparse.  Hasta Sarkozy, fiel defensor de la economía neoliberal, trata de ser, como candidato reeleccionista, defensor del derecho de Francia a seguir siendo una nación frente a la "camisa de fuerza" de la Unión Europea.
Mario Vargas Llosa califica como "anacrónico" al actual gobierno de Argentina por no defender los intereses de los grandes capitalistas.  Pero se siente muy bien en  los países monárquicos (Inglaterra, España), regímenes políticos de real anacronismo histórico.  Su conservadurismo le lleva a escribir inexactitudes flagrantes.
Argentina no llegará al apocalipsis.  Su pueblo es suficientemente valeroso y sabio para conquistar sus derechos nacionales y avanzar hacia una alternativa independiente y de justicia social.
Lima, primero de mayo del 2012


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martes, 1 de mayo de 2012

Conga: problema fundamental y perspectivas

Conga: problema fundamental y perspectivas
José Ramos Bosmediano
 
Conga es una cabecera de cuenca, fuente de agua que permite la vida vegetal, animal y humana en gran parte de la región de Cajamarca en la sierra norte del Perú, o Andes del Norte.  Es territorio alto andino que provee de agua, a las cuencas de la Amazonía y del Pacífico.  Contiene, en su estructura interna y externa, aguas subterráneas, bofedales,  humedales, manantiales y numerosas lagunas que no solamente almacenan agua, sino que, por su función en el ciclo  medioambiental, le otorgan a este la temperatura del ecosistema correspondiente.  Cambiar su estructura, removerla y reemplazarla por estructuras de cemento, fierro, plástico y estancar las aguas en reservorios, es atentar contra su propia naturaleza original.  Es lo que pretende hacer la minera Newmont-Yanacocha, con quince años de desastrosa presencia  en esa región.
La región Cajamarca, con una población que ya se acerca a los dos millones de habitantes, tiene una riqueza natural que no solamente es minera, sino uno de los más variados ecosistemas del Perú, con grandes campiñas para el desarrollo de la agricultura, la ganadería, la actividad forestal.  Sus cabeceras de cuenca, a más de 3500 m.s.n.m., constituyen fuentes de los orígenes de las vertientes del Marañón y de algunos de los ríos que bañan las costas de La Libertad y Lambayeque.
En su insaciable explotación del oro que abunda en Cajamarca, la Newmont-Yanacocha ha elaborado y presentando el denominado "Proyecto Conga" para extraer el oro que se encuentra debajo de las lagunas más extensas y esenciales del cerro Conga, proyecto aprobado en el 2010 por el gobierno neoliberal del presidente Alan García Pérez (2006-2011).
La población de Cajamarca, consciente del peligro que  significaría remover el cerro y cubrir su  superficie y subsuelo de escombros, convirtiéndolos en depositos  de relave y sustancias tóxicas, tomaron la decisión de organizarse en un Frente de Defensa Ambiental que en el 2011 empezó una lucha regional con movilizaciones, mítines y una huelga indefinida exigiendo la anulación de la concesión a la transnacional minera, lo que suponía, consecuentemente, la anulación del tramposo Estudio de Impacto Ambiental (AIE), sufragado por la propia minera.  Claro que el presidente Ollanta Humala, sin respetar su discurso electoral de la "gran transformación", defendió los intereses de la minera con policías y soldados en las calles y campos de Cajamarca, juicios y detenciones contra los dirigentes y bala para los manifestantes: la misma concepción del "orden" y de la "democracia" del Perú republicano oficial y oligárquico. 
La huelga de fines del 2011, radicalizada con una Marcha Nacional en Defensa del Agua y la Vida, obligó al gobierno del presidente Ollanta a suspender las actividades de la minera en el cerro Conga, a la vez que, como una maniobra que hoy echa agua, contrató a tres "expertos" extranjeros, dos de ellos compatriotas de los Pizarro, los Almagro y los Hernando de Luque, mismos que asesinaron a Atahualpa durante el inicio de la conquista del Perú por España, para el denominado "peritaje internacional" del AIE, cuyos resultados han sido alcanzados al gobierno  en días pasados.

La burda maniobra del peritaje

Resulta que las más de 200 páginas del peritaje internacional muy pocos han podido leer, pues fue "colgada" en internet con una serie de trabas para su impresión, incluso para leer el documento en la pantalla de la computadora, según lo vienen denunciando profesionales y analistas de indudable seriedad.  Por mi parte, enfrentando el mismo problema, he tenido que leer los análisis realizados hasta hoy en periódicos y en internet.  Todos ellos nos presentan la figura de una aval al AEI con el agregado de nuevas recomendaciones para la viabilidad del proyecto de la minera, lo que ya estaba escrito en la misma convocatoria al peritaje internacional, que partía de la premisa de producir recomendaciones para operar el proyecto sin dañar el medio ambiente, generar más agua en los reservorios e invertir en obras de desarrollo en la región Cajamarca. Pero el reciente discurso del presidente Humala (viernes 20 de abril 2012), que resume su posición a partir del peritaje entregado a su despacho, nos instruye mejor sobre el contenido de ese documento.
En uno de mis artículos sobre el Conga señalé que ese peritaje internacional no agregaría nada nuevo y no tenía ninguna misión diferente a los intereses de la empresa y sus acólitos en el Perú.  Su objetivo fundamental era crear falsas expectativas y condiciones para que la población se convenciera de las "bondades" que traería el proyecto a Cajamarca y al Perú.
Desde que empezó el peritaje, la empresa Newmont-Yanacocha desplegó una agresiva campaña de propaganda en radio, televisión y periódicos, difundiendo en millonarios encartes todo tipo de promesas para Cajamarca. 
Los periodistas encargados de los programas de radio y TV, especialmente las "estrellas" de dichos programas, no se cansaron de loar el proyecto e insultar a los dirigentes del FEDAC y de los demás frentes de lucha.  El gobierno trató de amedrentar al Presidente de la Región Cajamarca Gregorio Santos con juicios y control de su administración, proceso en el cual ha jugando su papel el Tribunal Constitucional que declaró inconstitucional el acuerdo del gobierno regional de Cajamarca que declaraba inviable el proyecto Conga y  la intangibilidad de la  cabecera de cuenca Conga.
El presidente Humala, con el documento del peritaje, dio un mensaje con un discurso realmente demagógico al decir que, ahora sí, todo está resuelto y se abre el diálogo para que el proyecto siga adelante.  Entre las condiciones más "duras" que establece es, al parecer, la no conversión de dos de las lagunas en depósitos de basura minera, pero manteniendo la construcción de los reservorios de agua garantizando un mayor volumen para el uso humano y de la agricultura, sin decir de dónde saldrá el agua para llenar esos depósitos.  El presidente peruano actual, pues, sigue impertérrito en su opción del oro antes que el agua, aunque diga lo contrario.

Pero la lucha continúa

La maniobra del peritaje no ha cumplido su objetivo de convencer a los dirigentes y al pueblo de Cajamarca para que estos den su visto bueno al proyecto minero de Conga.
Por el lado de la prensa de la derecha, que copa el 99% de los medios de comunicación, hay una articulada campaña para predicar que se ha abierto una nueva posibilidad de diálogo para el consenso basado en los resultados del peritaje.  Ya no debe haber lugar para la intransigencia, dicen, pues el peritaje resuelve las deficiencias del AIE cuestionado. 
Uno de los comentaristas más reaccionarios del Perú, Jaime de Althaus, fanático defensor del modelo neoliberal desde el no menos reaccionario diario El Comercio de Lima y su Canal abierto N (8), acaba de decir que los que siguen oponiéndose al proyecto Conga "no saben leer", "no entienden" el texto de los peritos extranjeros, quienes, como se sabe, volaron lo más rápido posible a Europa llevándose un buen botín extraído del presupuesto nacional por producir casi una clonación del AIE.  Este aprendiz de brujo sigue afirmando que en el Perú se ha producido una "revolución capitalista", afirmación que, en el mejor de los casos, no merece ni el desprecio.
Un paso importante de la lucha en defensa de la cabecera de cuenca Conga es la unidad que se está buscando consolidar en Cajamarca para esta nueva etapa de la lucha, ante las maniobras del gobierno y de la minera para dividir al pueblo y a sus dirigentes.  Esta unidad ha permitido hacerle llegar al gobierno un plazo adecuado para que declare la inviabilidad del proyecto Conga y, al mismo tiempo, programar la huelga del pueblo de Cajamarca desde el 31 de mayo del año en curso.
La perspectiva para el pueblo es la lucha.  La del gobierno, por lo que acaba de señalar el presidente Humala, es de defensa del proyecto minero.  Un diálogo que se plantea para discutir las condiciones de la viabilidad del proyecto no tiene sentido, pues la cuestión fundamental, central, del conflicto, es la intangibilidad de la cabecera de cuenca. Más agua disponible para el uso humano y para actividades económicas no depende de reservorios, si no del encausamiento sostenible de la riqueza acuífera existente.
Para la minera Newmont-Yanacocha y las demás transnacionales la viabilidad del proyecto Conga es la luz verde para depredar todas las cabeceras de cuenca en el Perú. 
Para el pueblo peruano y los intereses nacionales el triunfo del pueblo de Cajamarca será el de todos los que defendemos nuestros recursos naturales, nuestra dignidad y todas las cabeceras de cuenca.
Lima, abril 25 del 2012
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lunes, 9 de abril de 2012

5 DE ABRIL 1992: GOLPE DE ESTADO NEOLIBERAL EN EL PERÚ


José Ramos Bosmediano
 
El 5 de abril de 1992 la cúpula gobernante presidida por Alberto Fujimori Fujimori, cuyo gobierno se inició el 28 de julio de 1990, perpetró un golpe de Estado a las 10 de la noche, anunciando que iniciaría un "gobierno de reconstrucción nacional".  La justificación formal del golpe de Estado coincidía con el sentimiento de la mayoría de los peruanos sobre el accionar de las instituciones del Estado y la situación económica y política del país: un Poder Legislativo convertido en un verdadero "Establo de Augías", un Poder Judicial totalmente desprestigiado por su accionar corrupto, una economía quebrada cuya expresión más rotunda era la hiperinflación del primer gobierno aprista, y un proceso de violencia política que tenía como protagonistas Sendero Luminoso, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru y las Fuerzas Armadas con su aparato de represión indiscriminada.  A esos elementos favorables al golpe de Estado debe agregarse la crisis política en su conjunto, con las fuerzas revolucionarias de izquierda que, luego de un largo proceso de prédica a favor de la lucha armada por el poder, no habían pasado de conquistar electoralmente un importante número de municipalidades y algunos gobiernos regionales, de cuya administración no hay nada que rescatar como sustancialmente diferente a lo actuado por la derecha en tales gobiernos.  A lo que debe agregarse el ostensible declive del movimiento popular y sindical, cuya beligerancia tuvo su momento más importante entre 1977 y 1979, configurando una situación pre revolucionaria que obligó a la dictadura militar encabezada por el General Francisco Morales Bermúdez Cerrutti la convocatoria a una Asamblea Constituyente y a nuevas elecciones generales: la vuelta a la democracia formal de siempre.   Cuando Sendero Luminoso se lanza a su aventura anarco-terrorista en abril de 1980, el movimiento de masas en el Perú estaba en franco proceso de debilitamiento y reflujo, proceso que se aceleró durante toda la década con los despidos masivos de trabajadores y el debilitamiento de los sindicatos.
Las motivaciones aparentes de un felón
La dictadura que se inició el 5 de abril, para hacer más creíbles sus argumentos y evitar, de paso,  algunas reacciones que alborotarían la nueva situación, cerró el Parlamento y ordenó la detención de tres parlamentarios, amagando también la persecución del ex Presidente Alan García Pérez, además de tomar los locales del Sindicato Único de Trabajadores en la Educación del Perú (SUTEP) que era conducido por el autor del presente texto como Secretario General, y de la CGTP, central de los trabajadores del Perú fundado por José Carlos Mariátegui en 1929.
El nuevo régimen dijo que sus propósitos fundamentales eran: acabar con la crisis económica y reconstruir el país, derrotar la violencia de los alzados en armas y eliminar la corrupción.  Exactamente lo que la mayoría de peruanos sentía como hechos necesarios,  que explicaba el más de 80% de apoyo de la población al golpe de Estado y, por supuesto, la misma proporción de rechazo a la llamada democracia que ha imperado en el Perú republicano y que hoy también merece la misma reprobación, y a la que los mismos fujimoristas que le apedrearon hace 20 años se han acomodado y aspiran administrarla sin que ninguna  de sus taras haya sido eliminada. 
A los 20 años de aquel golpecillo de traficantes del poder en el Perú, los políticos y "analistas" se refieren a él con criterios tan superficiales que solo sirven para justificar su defensa del sistema económico y social imperante antes y después del golpe de Fujimori y Montesinos, mediocres y despreciables personajes creados por las no menos despreciables circunstancias políticas.
La razón de fondo del golpe de Estado del 5 de abril de 1992
Entre 1960 y 1980 el Perú asistió a dos posibilidades de su existencia como país: o se mantenía el sistema económico y social impuesto por las clases dominantes bajo la férula del imperialismo; o la creación de un orden nuevo, que no sería otro que el socialismo.
La posibilidad de una revolución en el Perú se tornó más clara a principios de los años 60 del siglo XX cuando aparecieron, en el ambiente de avance de los movimientos revolucionarios en el mundo y en América Latina, por lo menos dos fuerzas guerrilleras que actuaron entre 1963 y 1966, derrotados definitivamente como tales.
Vino después el proceso de reformas burguesas de la dictadura militar instalada el 3 de octubre de 1968 en el marco de las reformas preventivas de la Alianza para el Progreso, cuyo objetivo fundamental era neutralizar y derrotar la ola revolucionaria en nuestra América de aquellos años. Las reformas velasquistas de 1968-1975, si bien es cierto finiquitaron el ocaso de la vieja oligarquía (terratenientes y burguesía comercial-financiera) y generaron, eventualmente,  un nuevo trato con el capital imperialista, no constituyó una transformación estructural de fondo, pues los viejos mecanismos del poder seguían enfrentados a las clases explotadas.  Bastó que un felón y bribón diera el golpe de Estado el 29 de agosto de 1975 para que todo el andamiaje de reformas se viniera abajo sin que nadie se haya preocupado en defender al régimen de la "primera fase".  Fueron las clases explotadas (clase obrera, clase campesina y pequeña burguesía empobrecida de las ciudades) las que siguieron luchando en las calles y en el campo, mientras que la derecha solo esperaba un mejor momento para participar en el nuevo proceso electoral programado para abril de 1980. No hay que olvidar que el APRA, con Haya de la Torre todavía, se alió, en la práctica, a la dictadura de Morales Bermúdez, oponiéndose y boicoteando las huelgas de los trabajadores.
Las clases dominantes en el poder durante los años 80 fueron incapaces de dar al Perú un rumbo diferente como para acabar con la crisis generalizada de la sociedad, cuya expresión más visible era la crisis económica marcada por la impagable deuda externa que tenía acogotado al país y cuyo pago exigía reducir los presupuestos públicos en educación, salud y otros servicios sociales, además de reducir los salarios de los trabajadores del Estado: un evidente deterioro de la vida social que exigía cambios inmediatos. 
La alternativa violentista de Sendero Luminoso y del MRTA se tornaron en obstáculos para la organización revolucionaria de las masas, mientras la Izquierda Unida, constituida como un referente progresista para amplios sectores populares, no pasó de una mera fuerza electoral llena de contradicciones internas que, al final, la volvieron intransitable, incluso como unidad política.
En tales circunstancias del Perú se presentaba, en el plano internacional, el nuevo orden capitalista  con su modelo neoliberal ante el fracaso del "Estado del Bienestar" y del modelo de "sustitución de Importaciones" en América Latina, neoliberalismo elaborado como programa de  largo plazo para garantizar que las tasas de ganancia del gran capital se recuperaran a los niveles que alcanzaron  durante  las décadas pasadas (1950-1970).  Esta ola ya se llegaba a percibir en el Perú desde los "paquetazos" y los brotes de privatización de la dictadura de Morales Bermúdez,  la reprimarización de la economía peruana del segundo belaundismo (1980-1985), pero también desde el primer gobierno aprista (1985-1990) con dos nuevos "paquetazos" encubiertos con la verborrea del "no pago de la deuda externa" que, por lo demás, el gobierno del Presidente Belaúnde dejó de pagar por insolvencia desde 1984.  En realidad, la aún presencia de un movimiento obrero y popular todavía con cierta capacidad de respuesta, impedía a los gobiernos de los 80 imponer el neoliberalismo, tal como se estaba desarrollando en Chile desde el golpe de Estado de Augusto Pinochet Ugarte, y desde 1988 en Brasil con el Presidente Collor de Melo, para hablar solo de América Latina.
En el Perú de fines de los 80 y principios de los 90 las condiciones para imponer el nuevo modelo no eran, pues, muy propicias.  Es así que la propuesta neoliberal de Mario Vargas Llosa, notable predicador de los intereses de la gran burguesía internacional, no mereció sino el rechazo del pueblo peruano, incluyendo algunos sectores liberales influidos por el keinesianismo de décadas pasadas y, por supuesto, de las fuerzas de la dividida izquierda.  Ante la prédica neoliberal de Vargas Llosa que incluía la  privatización de la educación y un shock que ya había producido el "caracazo" en Venezuela, la tendencia electoral fundamental de 1990 se inclinó, aun antes de la primera vuelta, hacia "Cambio 90" de Alberto Fujimori Fujimori, cuyo equipo inicial de asesores estaba formado por militantes de uno de los partidos de la izquierda peruana, despedidos luego de la victoria en segunda vuelta.  En junio de 1990 triunfó la posición del "no shock".
El shock neoliberal del 8 de agosto de 1990 perpetrado por el fujimorismo bajo la invocación de Dios ("que Dios nos ayude", terminó diciendo el delincuente ex Ministro de Economía y Finanzas Hurtado Miller) avizoraba el programa neoliberal que el nuevo Presidente había negado durante la  campaña electoral. Luego vinieron el plan para la reducción del aparato estatal y el consiguiente despido masivo de trabajadores públicos, el congelamiento de los derechos de estos trabajadores, el proyecto de una Ley antiterrorista que arrasaba con los derechos humanos, encontrando en la oposición parlamentaria de derecha e izquierda un obstáculo, pero también en el movimiento sindical que en 1991 desarrolló un vasto movimiento huelguístico que comprometió a los trabajadores estatales y al proletariado minero, siendo la huelga del SUTEP el movimiento más importante que durante 109 días enfrentó el plan de privatización de la educación que luego se plasmaría legalmente con el Decreto Legislativo 699 y los Decretos Leyes 26011, 26012 y 26013, derogados por la presión de los maestros pero hoy revividos en la nueva Ley de Educación 28044 (2003) y en la Ley de Carrera Pública Magisterial 29262 (2007).
Lo que hoy ocultan los analistas de la derecha peruana es que el golpe del 5 de abril fue planificado y ejecutado por los dueños del gran capital nacional e internacional, sus operadores políticos y militares de aquellos años bajo las orientaciones de los organismos internacionales (Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional, a los que se sumó la Organización Mundial del Comercio que norma los TLC) como bien lo afirma el sociólogo Sinesio López Jiménez ("El fujimorismo en su lugar".  La República de Lima, 08/05/2012, p. 10), ha tenido como motivación y objetivo fundamental imponer el programa neoliberal a través de un régimen autoritario, pues es por todos conocido que las políticas neoliberales no podrían merecer el apoyo del pueblo mediante consultas populares.
La aplicación del modelo neoliberal se configuró "constitucionalmente" el 31 de octubre de 1993 con la aprobación fraudulenta de una nueva Constitución que estableció normas contrarias a las de la Constitución aprobada en 1978, que recogía importantes reivindicaciones de los trabajadores y del pueblo, el carácter regulador del Estado liberal y su rol conductor de la economía y los servicios frente al capital privado nacional y extranjero, a diferencia de la actual Constitución neoliberal que reduce al Estado peruano a la subsidiariedad frente al capital internacional.  Con el golpe de Estadlo de 1992 se impone en el Perú una reorientación del capitalismo tendiente a privatizar el aparato económico y los servicios básicos, desregular las relaciones laborales destruyendo los derechos de los trabajadores públicos y privados, poner a disposición de los grandes inversionistas los recursos naturales a través de contratos leoninos e inmodificables en el largo plazo. 
Después de 20 años de aquel golpe de mano el Perú se ha convertido en un Estado neoliberal, débil para las transnacionales y los monopolios nacionales, pero muy duro para el pueblo y los trabajadores, cuyos reclamos y protestas son respondidos, desde el gobierno central, con la policía y las fuerzas armadas a las que el nuevo Presidente de la "gran transformación" acaba de reivindicar como las "fuerzas tutelaras de la patria", título que la vieja oligarquía inventó para mantenerlas al lado de los poderosos en nombre de la patria, precisamente.
Este objetivo fundamental explica fehacientemente el apoyo cohesionado de la gran burguesía peruana, de los organismos  internacionales del capitalismo y de los dueños de los grandes medios de comunicación, convertidos en parlantes del fujimontesinismo.
En el nuevo clima del libre mercado en su extrema expresión florecieron los negocios a costa del Estado sin respetar, incluso, las normas de procedimiento, dando paso a la corrupción más envilecedora que se extendió hasta los niveles más bajos de la administración pública; corrupción y robo que, solo calculando lo apropiado por la cúpula gobernante, asciende a los 6 mil millones de dólares americanos, de los cuales no se ha recuperado ni el 5%.  A partir de esta situación los gobernantes de los últimos cincuenta años suelen afirmar que ellos no robaron tanto, en una especie de concurso grotesco y despreciable sobre quién robó menos. 
La situación del Perú como país primario-exportador, con la presencia arrogante de los depredadores de los recursos naturales y del medio ambiente, con una "canasta básica familiar" de 268 soles mensuales considerada como superación de la pobreza según la cínica estadística del actual gobierno, los numerosos conflictos medioambientales cuya "solución" siempre es favorable a las transnacionales de la minería y de los hidrocarburos, la existencia de los service como modalidad de la nueva esclavitud asalariada de millones de trabajadores obligados a laborar 12 horas diarias, el avance de la educación y la salud en manos privadas y el deterioro consiguiente de esos servicios públicos, el imperio del narcotráfico en numerosas regiones del país, entre otros elementos del orden neoliberal imperante, son impensables sin el golpe de Estado del 5 de abril de 1992.  Es lo que enorgullece al pequeño grupo que se ha beneficiado y que apoyó al fujimorismo en el último proceso electoral y que seguirá dispuesto, qué duda cabe, a jugarse entero en un nuevo proceso electoral si las circunstancias lo ameritan.  Por hoy, ese grupo está contento con la continuidad del programa neoliberal a partir del 2000, como lo están los organismos internacionales que proclaman al Perú como una "economía envidiable".
La actual administración del Presidente Ollanta Humala se ha convertido en la nueva defensora del programa neoliberal, acicalándolo con algún cambio irrelevantes, pero decidiendo a favor de la Newmont-Yanacocha en Cajamarca, por ejemplo.
¿Cómo no han de sentirse orgullosos de su oscuro accionar los fujimoristas si los "demócratas" neoliberales están orgullos de su herencia"
¿Y la política de "pacificación?
La "pacificación" fujimorista tuvo dos objetivos: derrotar a Sendero Luminoso y al MRTA, por un lado y, por otro, al movimiento  sindical y popular que, aunque debilitado, no estaba dispuesto a mantenerse inerte ante los atropellos contra sus derechos.
Fueron tantos los crímenes del senderismo y tan contraproducentes sus tesis sobre la violencia como un fin en sí misma, que su derrota se venía produciendo a contrapelo de su proclamado "equilibrio estratégico" que solo existía en la cabeza del metafísico Abimael Guzmán Reynoso.  Desde 1988 Sendero Luminoso dejó de tener presencia en los numerosos sindicatos obreros que conducía en la gran Lima.  Su presencia en el movimiento magisterial del SUTEP se convirtió en un pequeño grupo cada vez más aislado de las masas, solamente tenido como "preponderante" por la prensa fujimorista y periodistas que hoy se proclaman "líderes de opinión"  con el objetivo de desconocer al sindicato y justificar la reforma educativa neoliberal.
Sendero Luminoso, pues, no solamente estaba acorralado por su aislamiento respecto de las masas, sino que también estaba infiltrado, lo que facilitó al SEIN (Sistema Especial de Inteligencia creado durante el primer gobierno aprista y no por el fujimorismo) la ubicación exacta de Guzmán Reynoso y demás líderes de su dirección central, al margen del accionar criminal de las Fuerzas Armadas y su grupo clandestino COLINA.
Tal como ocurrió con su conquista electoral de 1990, que le cayó del árbol ampuloso de la verborrea neoliberal de Mario Vargas Llosa, la detención del "Camarada Gonzalo"  no fue el producto de una estrategia de Fujimori-Montesinos, sino el acontecimiento que ocurrió un día en que el Presidente Fujimori descansaba fuera de Lima. 
La derrota del MRTA fue menos espectacular en correspondencia con su menor trascendencia como fuerza insurgente.  No tenía la estructura nacional del senderismo ni la ideología revolucionaria, así sea plagada de campesinismo y anarquismo, de Sendero Luminoso con su "maoísmo" estentóreo y desfasado de la situación económica y social del Perú de fines del siglo XX.  Cuando  conocí directamente a Abimael en 1975, en su propio "territorio" político, me defraudó como expositor y mucho más como argumentador. Pero ya era el ídolo de sus seguidores.
Pero al lado de la lucha contra el terrorismo al fujimorismo le interesó más hacer desaparecer al movimiento sindical, misión para la cual encontraba en el senderismo un aliado eficaz, aunque no buscado.  Con el debilitamiento y destrucción del movimiento sindical el régimen neoliberal podía imponer con más facilidad sus "reformas estructurales", como viene ocurriendo en los países europeos donde los sindicatos han perdido su fuerza de antaño.
Construcción Civil y el SUTEP fueron los únicos sindicatos nacionales que dieron batalla al fujimorismo en los años 90, con un movimiento que desembocó en la denominada Marcha de los Cuatro Suyos, audazmente liderada por un sector de la derecha bajo la conducción del neoliberal Alejandro Toledo que contó con el auspicio logístico del empresario Soros.
Después de los 20 años
Para los trabajadores y el pueblo peruano es una necesidad política valorar con objetividad   al fujimorismo en su situación actual y sus perspectivas, pues constituye aún, como acaba de afirmar el sociólogo Julio Cotler, uno de los signos de la política nacional.  Es signo porque tiene presencia como fuerza dirimente en los asuntos de Estado, como lo viene demostrando al ser requerido por el propio gobierno del Presidente Ollanta Humala para aprobar medidas económicas y políticas de "interés común"; porque es una fuerza electoral de indudable apoyo popular al margen de su pútrida existencia; porque los nuevos dueños del país le tienen como su principal soporte social y político a favor de sus no menos sucios y antinacionales intereses; y, en fin, porque el programa neoliberal vigente y defendido por las clases dominantes y sus partidos sigue siendo la orientación absoluta de todos los gobiernos a partir del 2000, hasta hoy. Nada de lo hecho en los 12 años del siglo XX en el Perú en materia de economía, medidas políticas y sociales están en contra ni al margen del programa neoliberal que el fujimorismo impuso con su golpe de Estado. Hasta el clientelismo político que practica la derecha se ha refinado a partir del fujimorismo.
La afirmación de Vargas Llosa sobre la presunta desaparición del fujimorismo carece de fundamento, pues él mismo sigue defendiendo el mismo programa, a la vez que soslaya las condiciones objetivas (pobreza y profundas desigualdades sociales) que explican la presencia de la mafia fujimorista.
La derrota del neoliberalismo en el Perú supone también una lucha sin cuartel contra el fujimorismo y toda la derecha que le secunda en la defensa del modelo, que no es, como suelen afirmar algunos, un momento de "revolución capitalista" en el Perú, sino la reorientación de ese dominio bajo la globalización neoliberal imperante en el mundo.
El futuro del Perú se juega, en gran parte, en esa lucha inclaudicable  contra el capitalismo que tiene hoy en el neoliberalismo su modelo más esclavizador y embrutecedor, como si viviéramos en los siglos de su etapa comercial-industrial de los siglos XVIII y XIX.
Solamente la organización de una fuerza nueva y socialista que sea capaz de comprometer con su ideario y su programa a la clase obrera,  al pueblo explotado, a los sectores patriotas y a la intelectualidad progresista nos permitirá derrotar a las fuerzas de la derecha y conquistar el poder para transformar nuestro país desde una nueva perspectiva.
Lima, abril 08 del 2012
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