domingo, 4 de diciembre de 2011

Debilidad e inconsecuencia de la burguesía en el Perú

De: josÿffffe9 dÿffffe1maso ramos bosmediano <amazonayahuascaramos@yahoo.es>

Debilidad e inconsecuencia de la burguesía en el Perú

                        José Ramos Bosmediano

En estos días comprobamos nuevamente que las reformas democráticas desarrolladas por las burguesías nacionales de otros países a lo largo de los últimos 300 años, siguen siendo, en el  nuestro, cuando más, discursos de campañas electorales.  Sendos programas de reformas liberales de contenido democrático-burgués, de progreso y hasta de desarrollo se convirtieron, no bien asumido el poder, en la continuidad de las nuevas formas de colonialismo luego de la independencia del dominio español.

Una historia de frustraciones

La confrontación entre liberales y conservadores que se dio en el Perú durante todo el siglo XIX no derivó en la victoria rotunda de los primeros, como podría deducirse de gran parte de las constituciones promulgadas, incluyendo la de 1979, la constitución liberal más avanzada en la segunda mitad del siglo XX.

Lo que conocemos como burguesía peruana en el siglo XIX y casi todo el siglo XX no ha sido sino la heredera económica y política, por tanto ideológica, de la casta colonialista de encomenderos, comerciantes y grandes burócratas que sirvieron a la Corona española. Las contradicciones de los protagonistas peruanos de las guerras de la independencia (Torre Tagle y compañía) con el  Libertador Simón Bolívar no se debieron, como hoy sostienen los neoconservadores, al "autoritarismo" del Prócer venezolano, sino a la arraigada ideología monárquica de aquellos, a su solapada adhesión a la herencia española como lo fundamental en la conformación de nuestra identidad nacional; pero con más fuerza aún, en las propiedades heredadas de los encomenderos y, posteriormente, del ejercicio del comercio bajo el dominio del nuevo colonialismo inglés que impuso las reglas de juego en el manejo de la hacienda pública.

La política "liberal" y de "modernización" del Estado actuada por el Mariscal Ramón Castilla se combinó con el comercio de esclavos chinos y de favores para una clase comercial, sin generar un proyecto de desarrollo del país.  La clase terrateniente seguía dominando sobre la mayor parte del campo dedicada a la agricultura y ganadería extensiva mediante la explotación del trabajo servil.

La llegada de un liberal formado en Europa, Manuel Pardo, pese a su espíritu emprendedor, no `pudo articular una política económica de largo plazo.  Careció de la fuerza suficiente para enfrentarse a las ambiciones de los terratenientes y de una burguesía parasitaria entregada al capitalismo europeo, sobre todo inglés.

La bonanza producida en la hacienda pública merced a la explotación de la prodigiosa riqueza guanera fue efímera, pues no derivó en inversiones para construir un país desarrollado con base en la industria y la producción agraria para el mercado interno.  ¿Quién podría haber orientado el destino nacional por un rumbo antifeudal y de modernización independiente de nuestra economía y de nuestra sociedad si la clase en el poder era solamente dominante, que no dirigente, como ha sido definida por sociólogos e historiadores del Perú contemporáneo?

El mismo problema enfrentó el Presidente Guillermo Billinghurst, cuyo gobierno iniciado en 1912 fue interrumpido por el golpe militar de Óscar R. Benavides en 1914.  La misma clase dominante peruana, terratenientes y burguesía comercial, no podían aceptar las reformas de Billinghurst, especialmente aquellas que favorecían a las clases populares, particularmente a los asalariados.

Entre 1923 y 1930 fueron combatidas tanto las propuestas socialistas de José Carlos Mariátegui como las reformistas burguesas de Haya de la Torre por la burguesía y los terratenientes en el poder bajo la presidencia de Augusto B. Leguía (1919 – 1930).

En el plano de la educación los planteamientos renovadores del educador José Antonio Encinas, que desde 1095 logró experimentar los nuevos planteamientos de la Escuela Nueva, fue objeto de anatemas por las instituciones gubernamentales y eclesiásticas hasta obligarlo a abandonar el país por algunas décadas.

El nuevo intento de realizar en el Perú reformas de contenido democrático y nacional fue el breve gobierno del Dr. José Luis Bustamante y Rivero (1945 – 1948), en el cual destacó la figura del historiador Luis E.  Valcárcel desde el Ministerio de Educación con su plan de democratizar la educación otorgando atención a la educación rural a través de los Núcleos Campesinos.  El golpe militar oligárquico del 3 de octubre de 1948 significò una nueva frustración para el Perú.

Entre 1963 y 1968 el primer gobierno del ingeniero Fernando Belaúnde Terry se constituyó como la representación de una burguesía nacional que podría dar paso a la liquidación del gamonalismo, cuyo poder venía siendo erosionado por las grandes luchas campesinas de fines de los años 50 y principios de los 60, incluido el movimiento guerrillero de esta década (1963 – 1966).  Nuevamente la burguesía peruana demostró su ligazón supérstite con la vieja oligarquía y con el dominio imperialista, pues aquel gobierno no pudo ni siquiera aprobar una Ley de Reforma Agraria antiterrateniente, ni menos pudo reivindicar para el Perú la riqueza petrolera de la Brea y Pariñas  en poder de la empresa norteamericana International Petroleum Company. Los escándalos ocasionados por la  muy enraizada corrupción administrativa terminaron de crear las mejores condiciones para el golpe de Estado del 3 de octubre de 1968.

El proyecto burgués que el primer régimen belaundista fue incapaz de llevar a cabo fue impuesto, vía militari, entre 1968 y 1975 por el gobierno militar encabezado por el General Juan Velasco Alvarado.  Su carácter burocrático, al margen de la participación democrática de las masas organizadas, que le llevó a enfrentarse a estas, le impidió crear bases sólidas para que sus   políticas de reformas avancen más allá de los intereses de la burguesía industrial a la que, en lo fundamental, representaba aquel gobierno, interrumpido por el golpe de Estado encabezado por el General Francisco Morales Bermúdez el 29 de agosto de 1975.  El mérito más importante del gobierno del General Velasco fue la liquidación definitiva del poder de los terratenientes a través de una Reforma Agraria que democratizó la propiedad de la tierra, proceso inconcluso y plagado de burocratismo y empirismo.  Nuevamente la burguesía nacional ligada a la industria y a las finanzas fue   incapaz de desligarse de sus viejas ataduras con el pasado colonial.

Desde entonces, entre 1975 y el 2011, en el Perú no tuvimos ningún régimen político que haya intentado romper con las ataduras imperialistas y trazar un proyecto de desarrollo con transformaciones estructurales, es decir, integrales.  Sobre esa base de clase el imperialismo de Washington nos ha impuesto el proyecto neoliberal desde 1990, convirtiéndonos en la misma despensa de materias primas y en la más barata fuente de plusvalía para las transnacionales, que siempre fuimos.

Puedo citar el final de un discurso académico del científico social Luis Guillermo Lumbreras que trata de explicar nuestras frustraciones por el fenómeno del "síndrome colonial", herencia histórica y punto de partida de nuestros problemas como república inconclusa.  Dice Lumberas:

En eso estamos. Nuestros conflictos tienen una raíz colonial y son expresiones del síndrome colonial que regula nuestros actos y afecta nuestra conciencia colectiva. Los problemas de hoy son los de siempre, pero tienen la fuerza del embalse, de los conflictos centenarios acumulados, que han debilitado los eslabones de una cadena que está comenzando a romperse justamente en el  punto que la sostiene, que no es otro que las intemperancias, incongruencias y debilidades del "orden establecido" (En "Violencia y mentalidad colonial en el Perú.  Fundamentos para una crítica de la razón colonial". Fondo Editorial de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Instituto Nacional de Cultura/Dirección Regional de Cultura del Cusco. Lima. 2006. Pág. 122)


Se esperó mucho del gobierno de Ollanta Humala


La derecha neoliberal trabajó durante la campaña electoral para derrotar la candidatura del hoy presidente Ollanta Humala Tasso.  Después de la segunda vuelta desarrolló la táctica de reducir el  programa de la "Hoja de Ruta" a un mero asistencialismo, ampliado y enriquecido con algunos programas aislados para justificar la propuesta de "inclusión social".  La burguesía nacional,  representada por numerosos empresarios que integran el gobierno, se ha convertido en comparsa de la gran burguesía y de las transnacionales imperialistas.  El Proyecto Conga en Cajamarca es solo el símbolo del giro neoliberal, acaso irreversible, del gobierno de "Gana Perú". Más que giro, vuelco aparatoso.

Una nueva frustración para las masas oprimidas del Perú.  También para los sectores progresistas y hasta izquierdistas que con honestidad trabajamos para derrotar políticamente a los candidatos de la derecha neoliberal y apoyar medidas antineoliberales insertadas en el programa de Humala. La frustración en los sectores progresistas y de izquierda se torna dramática al no tener en cuenta las limitaciones y debilidades de nuestra burguesía nacional.

Una nueva lección para no confiar en fuerzas ajenas a las de los trabajadores, proletarios y campesinos, en las fuerzas realmente transformadoras.  Mientras no construyamos la fuerza política que represente las aspiraciones de los oprimidos y convoquemos a la lucha por un programa democrático, nacional con proyección socialista, se corre el riesgo de caminar de frustración en frustración.  (Lima, diciembre 3 del 2011)


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